Alexa y su horda de duendes

Ambos estaban en el sofá, él sentado y ella acostada, durmiendo en posición fetal, el chico no llegó a cerrar los ojos, quizás la televisión mostrara algo de su interés, manteniéndolo despierto. Sin previo aviso Alexa se despertó de golpe, casi saltando del sofá y sentándose en el otro extremo, lejos de él y mirándolo con una cara de absoluto desprecio y asco.

– ¿Has estado tocándome el pelo?- Él negó con la cabeza, confundido, sin saber de dónde venían los tiros, ella se miró el pecho, y alzando el cuello de la camisa, comprobó que el sujetador no estaba en su sitio.

– Hijo de puta, ¿has estado metiéndome mano?.- preguntó ella, enfurecida.

– ¿Qué hablas, estás loca? Estábamos mirando la tele y te has puesto a sobar, y ahora saltas de golpe como una loca histérica, yo no te he tocado.

Ella frunció tanto el ceño y torció tanto los morros con desprecio y desagrado que, incluso con esa cara de muñeca tan angelical, estaba monstruosa, alzó el brazo derecho y señaló la puerta.

– Fuera, hijo de la gran puta, sal de mi apartamento, y reza lo que sepas para que no te vea caminando por este puto vecindario.

– Estás loca.- dijo mientras se levantaba para largarse.

No fue él quien acarició su cabello, ni fue él quien logró quitarle el sujetador para luego amasarle los senos, sino nosotros, si, nosotros. Tal vez el lector piense que esto no tiene pies ni cabeza, y por eso conviene dar la más que merecida explicación.

Soy un ente sobrenatural, no tengo nombre, porque nunca lo he necesitado, prefiero referirme a mi de esta forma, llamarme fantasma o espíritu me parece tremendamente vulgar, y esos lumbreras llamados expertos de lo paranormal y parapsicólogos no tienen ni puñetera idea de nada, no supieron, no saben, ni sabrán nunca lo que se cuece al otro lado de la acera ni a nosotros nos conviene que lo sepan, lo sabrán algún dia cuando mueran y atraviesen el túnel con la luz al final, acompañados quizás por un capullo vestido de blanco con alas y un neón redondo en la cabeza.

La tecnología y la invención de Internet nos ha venido estupendamente bien, con la cantidad de casos fraudulentos de eventos paranormales, nosotros podemos obrar en este mundo con total impunidad y pasar desapercibidos.

De vez en cuando aparece algun ser humano digno que merezca nuestra atención y admiración -lo normal es que griten y salgan corriendo con los tobillos golpeándose el trasero en cuanto me aparezco-, suelen ser aquellos o aquellas que tienen el don, la capacidad de vernos, comunicarse con nosotros y no sentir temor alguno. Antes de proseguir con el relato de Alexa, debemos conocer los eventos anteriores que describo a grandes rasgos.

Una despreciable mujer adinerada, buena para los negocios y sin escrúpulos, viajó a un país tercermundista para expandir su pequeño imperio, compró una parcela de terreno a un precio simbólico en el mismo centro de la ciudad y ordenó que se construyera su castillo, que desentonaba al estar rodeado de chabolas y casas en ruinas.

Muchos hombres, buenos y humildes, al igual que las mujeres, se dejaron la piel en esa obra por un miserable sueldo. Las protestas no tardaron en hacerse oir, pero muy rápido fueron silenciadas, pues aquella malvada mujer se metió a la fuerza policial en el bolsillo y no dudó en ordenar la ejecución de todos aquellos que promovieron el alzamiento.

Todo parecía estar perdido, pero la suerte de aquella desgraciada iba a cambiar, porque uno de los asesinados era hijo de una bruja, digna y merecedora de mi atención, su furia y frustración no pasaron desapercibidas para nosotros, ella puso en marcha el ritual de invocación y no dudé en acudir, acepté el encargo, ella maldijo la residencia de la mujer de negocios y, a partir de ese instante, se convirtió en un castillo encantado.

Recluté una numerosa horda de trasgos para que me ayudaran, lo haría solo sin problema, pero es más divertido trabajar en equipo, y al ser yo el ente de mayor rango, iba a coordinar las diferentes actividades, poltergeist en las diferentes estancias, pasos en los pisos superiores, siempre asegurándonos de que tanto la mujer adinerada, como el personal de limpieza, el personal de las cocinas y el personal de seguridad nos advirtieran completamente, voces extrañas, llantos de mujer, apariciones, en una ocasión una sirvienta entró en una de las estancias y allí estaba yo, de pie mirando por la ventana, ella pudo verme y pudo ver la fachada de enfrente a través de mi silueta translúcida, cuando me volví para mirarla a los ojos, mi mirada atravesó su alma como si fuera mantequilla.

Una semana después el castillo estaba abandonado, todos huyeron presa del pánico, incluida la despreciable mujer de negocios, que fijó su residencia en otro lugar, y bien lejos, lejos de nosotros. Me aparecí frente a la bruja que me había invocado, no hubo diálogo alguno entre ambos, no hacía falta, me suelo aparecer ante quien me ha convocado por pura formalidad, sin hostilidad alguna, para hacerle saber que había cumplido con mi parte, pude presentir que así era pero… algo había en ella que no estaba bien. Entonces supe el motivo real por el cual fuí invocado, espantar a los habitantes del castillo para que fuese abandonado posteriormente era la primera fase de su plan.

Meses después apareció un grupo de trabajadores de la limpieza que dejaron el castillo como nuevo para que la nueva huésped, Alexa, lo habitara, la mismísima hija de la puñetera businesswoman, de aproximadamente 160 cm. de estatura, cara de muñeca, unos ojos grandes marrones, y a pesar de su delgadez, sus senos abultaban bastante, sus cabellos rizados, negros como el azabache, caían en cascada ocultando su espalda. Nuestra presencia seguía en el castillo, pero no nos manifestamos, nos dedicamos a ser espectadores de lo que estaba ocurriendo, Alexa era una niñata malcriada de apenas 19 años sin modales, sin educación y sin estudios, pero el dinero le sobraba, se lo gastaba todo organizando fiestas, y cuando no organizaba fiestas, se iba de viaje, o se iba a la playa, y al contrario que su madre, ella solo precisaba de dos sirvientas que mantenian el castillo limpio, en lugar de tener un séquito.

Aquel día vino de viaje por la mañana, al salir del aeropuerto le esperaba su gigantesco todo terreno de marca americana que, al llegar el mediodía, dejaría aparcado en el parking del castillo para luego irse a la playa con sus amigas, comer en casa de una de ellas y pasar la tarde con más gente en la terracita de un bar, donde conoció un chico muy amable que se ofreció a llevarla a casa al caer la noche, ella en agradecimiento, le invitó a entrar, se tomaron algo y se echaron en el sofá frente el televisor. Lo sucedido después ya es de sobra conocido, Alexa lo echó del castillo acusándolo de meterle mano, cuando el pobre chico ya estaba fuera, ella cerró la puerta principal con llave, activó las alarmas y subió a su dormitorio, había sido un dia muy ajetreado, y estaba agotada. Se recogió la negra cabellera,se hizo un moño gigante y se acostó.

Se despertó sobresaltada pasada la medianoche, se incorporó para quedarse sentada en la cama, mi presencia estaba en el dormitorio, pero no lo supo en absoluto, el calor de aquel verano era sofocante y tener la ventana con aquellos enormes y pesados postigos de madera abiertos de par en par no ayudaba, la luz de afuera iluminaba de forma tenue el interior, entonces, en el silencio sepulcral, pudo oir aquello que la había despertado.

Pasos, pasos que subían por la escalera principal que conducía al dormitorio, ella frunció el ceño extrañada, era imposible que hubiera alguien más, y de haberlo, las alarmas habrían saltado, adivinó que los pasos que oia eran de varios individuos y además, descalzos. Alexa empezó a maldecir en voz baja, escupiendo su selección habitual de palabras malsonantes, abrió la puerta del dormitorio y se asomó por la barandilla.

– ¿Quién mierdas sois y qué cojones hacéis en mi casa, subnormales?, ¿acaso sabéis qu…?- se quedó muda cuando descubrió que la escalera principal estaba desierta y en completo silencio. Se rascó la cabeza, habría jurado por su madre que había oído gente subir descalza, ¿se estarían ocultando de ella?, pues si, pero no de la forma que ella pensaba, los trasgos se hacen completamente invisibles y su presencia no puede ser detectada a no ser que haya animales. Alexa volvió a su dormitorio comiéndose el tarro a base de bien, ¿le estarían gastando una broma? Fue lo primero que pensó, y pobre del que estuviera detrás.

Cerró la puerta del dormitorio con pestillo, se acostó y la procesión se reanudó, Alexa se incorporó, fuesen quienes fuesen, ya estaban detrás de la puerta, la joven se quedó mirándola, intentando buscar una explicación mínimamente racional sobre lo que estaba ocurriendo, casi llegó al techo del respingo que dio cuando el pestillo, que estaba en el lado interior, se deslizó sólo y la puerta se abrió lentamente… pero no había nadie, absolutamente NADIE. Aquellos pasos de pies descalzos avanzaron hacia el interior del dormitorio, a Alexa le parecían pasos de niño pequeño, a juzgar por el intervalo de tiempo entre un paso y otro, y además, eran muchos, muchos pies pequeños, ella en todas direcciones, alrededor de su cama, como si fuera una náufraga sobre su balsa, rodeada de tiburones.

– ¿Pero qué puta mierda és ésta? – exclamó la muy mal hablada joven, cuando la horda entera de trasgos estaba al completo en el dormitorio, entonces, la puerta se cerró con pestillo, sobresaltándola, pero no tenía miedo, Alexa es testaruda, su cabezonería no tiene parangón, no es una mujer religiosa, ni es supersticiosa, ni cree en el más allá, ninguno de nosotros percibió temor en ella, ni un atisbo de miedo, y para mí podría ser algo problemático, afortunadamente los trasgos son seres ingeniosos. Alexa se volvió hacia la ventana cuando oyó chirriar las bisagras de los postigos mientras se cerraban lentamente, arrebatándole la única fuente de luz, ella quería pensar que el viento había cerrado la ventana, quería creerse esa mentira mientras la negra oscuridad envolvía todo el dormitorio y los pasadores de los dos enormes y pesados cerrojos de hierro forjado anunciaban con su característico ruido, que la ventana estaba cerrada.

Alexa llenó sus pulmones y separó sus labios, sabíamos lo que estaba a punto de hacer, iba a chillar, y si hay algo que me irrita, es que griten, peor es que me manden a la mierda en nombre de Dios, de suceder tal cosa, me mandan a la otra acera de puta cabeza, a la horda de trasgos tampoco les gustaba la idea de ser baneados del mundo material tan rápido. Afortunadamente, Alexa sólo fue capaz de dejar escapar un gemido de dolor, la bofetada que le propinó el trasgo que tenia delante la tumbó en su propia cama fulminantemente, estos seres mágicos no son de utilizar la fuerza física, pero no hubo otra opción.

La joven empezó a volver en sí al cabo de un minuto escaso, pero bien lejos estaba de salir del atontamiento, y las condiciones del entorno no ayudaban, abrió los ojos con lentitud y se encontró con la misma oscuridad negra y profunda de antes, y el colchón de su enorme cama, era tan extraordinariamente cómodo, que la sensación de estar flotando en el agua la hacía estar aún más desubicada, tan sólo por el escozor que sentía en la mejilla que había recibido el golpe, sabía que estaba consciente a duras penas.

Los trasgos no desaprovecharon ni un sólo segundo de aquél minuto escaso, tras haberle cruzado la cara, varios de ellos subieron a la cama, colocándose a su alrededor, la acomodaron en el centro del enorme colchón, la desvistieron cuidadosamente, sus brazos fueron extendidos horizontalmente y sus piernas separadas hasta que sus tobillos estuvieran apenas a un palmo de los bordes de la cama, pero no iban a jugársela, sabían que la lucidez de aquella chica podría volver en cualquier momento, por eso hicieron uso de su magia. Del colchón emergieron una especie de abrazaderas, o quizas fueran grilletes, en cualquier caso, eran objetos mágicos, cerrándose alrededor de las muñecas, los codos, tobillos, rodillas y la cabeza. Para cuando Alexa empezó a volver en si, estaba desnuda, atada, aturdida, sola y sin ayuda en su propio castillo, y rodeada por una horda de trasgos acaudillados por un poderoso ente sobrenatural, ¿hay algo peor, aparte de todo esto, que pudiera pasarle?. Por supuesto.

Un trasgo, también llamado duende, es un ser que apenas alcanza los cincuenta centímetros de altura, de orejas enormes, verde y horrorosamente feo, individualmente son cobardes, tontos y enclenques, pero cuando forman grupos pueden ser imparables, su fuerza radica en el número, especialmente éstos que yo había reclutado, era un grupo especialmente numeroso, aun así eran ordenados y no se pisoteaban unos a otros cuando ocupaban espacios reducidos, como si hubiera una única mente que controlara el colectivo. Aquellos que se encontraban más cerca de Alexa, alrededor de su torso desnudo, empezaron a acariciarla con las yemas de los dedos suavemente, a lo largo del interior de sus muslos, su vientre, los costados de su cuerpo, sus senos, su cabello, su rostro, pronto las cabezas de aquellos seres se inclinaron hacia abajo, para empezar a besarla y lamerla.

Alexa fue, por fin, capaz de pensar, y recordó lo ocurrido, los pasos que subian a su habitacion, la puerta abriéndose y cerrándose sóla, al igual que la ventana, suspiró de alivio sorprendentemente, pues se estaba creyendo que había sido una pesadilla y sonrió. Intentó cambiar de postura, evidentemente no pudo, se le ocurrió que tal vez fuese a causa del agotamiento, se dio cuenta de su desnudez, e hizo repetidos esfuerzos para acordarse de cuando había decidido quitarse la camisa y el short deportivo, ¿y dormir en esa posición? Se sentía expuesta y no le gustaba, intentó de nuevo moverse, pero los grilletes mágicos de los trasgos la mantenían firmemente en esa posición, tan sólo era capaz de arquear la espalda, se preguntó porque no podía girar la cabeza hacia ningún lado. Cuando los trasgos empezaron a acariciarla, supo que la pesadilla no había terminado, es más, no hizo más que comenzar, la noche iba a ser muy larga.