Dejándome llevar por mi hermana en la bañera

En el reproductor de CDs se oía Love Of My Life, uno de sus grandes éxitos de Queen. La bañera estaba mediada de agua. La espuma de las sales de baño solo dejaba ver mi cabeza y parte de mi pecho peludo. Ariadna, una joven morena, de cabello corto, labios carnosos, grandes tetas, piernas moldeadas, un culo fascinante… Una joven rellenita y bonita que tenía un polvo criminal, se metió en la bañera, se sentó sobre mis piernas, acercó su boca a la mía y me dio un beso con lengua tan dulce que mi polla se puso en pie de guerra. Con su sensual voz, la sensual voz de un bomboncito venezolano, me preguntó:

-¿Cuánto tiempo llevas sin meter, José?

-Más de un mes.

Me volvió a besar.

-Se nota.

Acomodó mi polla entre sus labios vaginales y besándome la frotó hasta que se le mojó de jugos el coño. Luego me dio la teta izquierda a mamar.

-Cómela cómo tú sabes.

Cogí la teta con las dos manos, y magreándola pasé mi lengua sobre su areola haciendo círculos. Le di suaves mordiscos a la teta, y después chupé la areola y el pezón. Volví a dar modisquitos a toda la teta para seguir dando pequeños y suaves mordiscos al pezón. Mi polla ya resbalaba por sus labios llenos de jugos. Me dio la teta derecha y volví a cogerla con las dos manos y lamer, chupar y dar mordisquitos. Acabé cogiendo las dos tetas. Gocé de ellas hasta que sus gordos pezones se pusieron duros cómo cuernos.

Diana, gimiendo y acariciando mi cabello, cogió la polla, levantó un poquito el culo, la puso en la entrada de la vagina, bajó el culo, la clavó hasta el fondo y me dijo:

-Estás cachondo.

-Tú si que estás cachonda, muñeca.

Besándome, me folló despacito. Era cómo si quisiera que el polvo durase eternamente. Sentía mi polla entrar y salir de su coño. Sus suaves tetas se apretarse con mi pecho. Su lengua se deslizaba por la mía, chupándola, mordiéndola… Yo me dejaba hacer. Me estaba haciendo el amor y me encantaba. Parecía un ángel travieso que hubiera bajado de las Alturas para darme lo que tanto necesitaba, calor corporal y cariño, mucho cariño.

Media hora más tarde ya no podía aguantar más. Le dije:

-Me voy a correr, Ariadna.

Me cogió la cara con las dos manos, me miró a los ojos, y moviendo su culo alrededor, me dijo:

-Córrete, cariño.

Con el primer chorro de leche se me cerraron los ojos, al abrirlos vi que Ariadna tenía sus pupilas clavadas en las mías. Estaba viendo mi mirada llena de gozo y sentía cómo mi polla dentro de su coño latía y soltaba leche calentita… Al dejar mi polla de latir y de correrse dentro de su coño, me besó, se levantó y me puso el coño en la boca. La cogí por la cintura y se lo lamí saliendo mi leche de él. Ariadna, me cogió la cabeza con las dos manos, apretó su clítoris contra mi lengua, y moviendo la pelvis de adelante hacia atrás y de atrás hacia delante, con un tremendo temblor de piernas y gimiendo cómo una bendita, se corrió en mi boca.

Al acabar de correrse se sentó enfrente de mí en la bañera. Tocándome la polla con un pie, me preguntó:

-¿Me echaste de menos?

-Mucho.

-Yo a ti también te eché de menos.

Puse el dedo gordo de mi pie derecho en la entrada de su coño, se lo metí un poquito y después se lo froté con el canto del pie… Cuando me di de cuenta, Ariadna, me estaba haciendo una paja con las plantas de sus pies.

-¿Te gusta?

-Es muy placentero. Podría correrme así.

Sin querer le quitó el tapón a la bañera. Quedamos cubiertos solo de espuma. Cogió el gel, lo echó sobré mi polla y me masturbó. Era cómo si estuviera follando un coño empapado de jugos. Luego cogió la alcachofa y puso el chorro sobre mi glande. Al estar a punto de correrme cerró el agua. Cogió mi polla, la metió en la boca y me la masturbó y me la mamó hasta que me corrí. Solo con el glande en la boca y apretando su lengua contra el meato se tragó toda mi leche. Me temblaron las piernas con el tremendo placer que sentí.

Al acabar de correrme se sentó en el borde del baño, con la espalda contra los azulejos, y me dijo:

-Te toca.

Cogí la alcachofa y le puse el chorro sobré el clítoris, clítoris que ya tenía el glande fuera del capuchón, un glande grande cómo un guisante King size. Veía el agua salpicar en su coño y el clítoris latir cada vez que le quitaba el chorro de encima, Ariadna se acariciaba las tetas y se pellizcaba los pezones. Se fue poniendo perra, perra, perra y yo palote, palote, palote. Al rato me decía:

-Me voy a correr.

Quise aprovechar la oportunidad de beber de ella. Tiré la alcachofa y metí su coño en mi boca y la lengua dentro de él. Después lamí desde el ojete al clítoris con celeridad. Me dijo:

-¡Deja que la meta, José, deja que la meta!

Me eché boca arriba en la bañera, Ariadna se sentó sobre mi polla, y en nada, me dijo:

-¡¡Me veeeeeengo!!!

Ahora fui yo quien la miró a los ojos. Los tenía vidriosos. Su cara de placer me excitó tanto que casí me corro dentro de su coño. Ariadna, pudo balbucear:

-Llééééénaaaaaameeeeee.

No le llené el culo de leche, corriéndose, le metí el glande culo, y ahí sí, ahí me corri mientras me comía a besos.

Quique.