Para demostrarle que me gusta mucho su juego, le prepare una cena romántica que tenia de postre algo que nunca se esperaba

Para los que me leáis por primera vez os recomiendo una lectura previa a mi primer relato “el juego empezó un fin de semana”, donde podréis saber un poco más de mí y donde intento explicar cómo empezó una vida nueva, llena de travesuras morbosas y juegos de complicidad.

Tras ese fin de semana, se hacía difícil no pensar en cómo dar continuidad a ese nuevo mundo inexplorado hasta entonces de juegos y travesuras. Por mi parte no dejaba de darle vueltas en cómo podría sorprender a mi marido y corresponder de esa forma a su iniciativa por cambiar las cosas. Quería demostrarle que me había gustado su juego y que deseaba vivir nuevas experiencias.

Así pues, fui yo la que se decidió por dar el siguiente paso y esa misma semana decidí prepararle una cena romántica con una sorpresa reservada para cuando el llegara del trabajo.

Antes de que llegara me estuve preparando para la ocasión, quería estar especialmente sexy esa noche y por la tarde me dediqué a cuidar todos los detalles para lograrlo…

A medida que se acercaba la hora yo me sentía cada vez más nerviosa, tenía todo preparado para la cena. Como primer plato decidí preparar una ensalada de rúcula (dicen que hace aumentar la líbido), con aguacate, tomate cherry, parmesano y vinagreta de miel (por lo de la luna de miel 😉). Como segundo plato, unos fideos con almejas al cava (no creo que haya de dar muchas explicaciones sobre el por qué de las almejas 😉, está claro que las almejas, como las ostras, se identifican con una parte concreta de la anatomía femenina)

Finalmente, el postre quería que fuera especialmente provocador: Plátanos a la brasa, a la papillote, con helado de vainilla (dicen que su aroma y sabor incrementan la pasión) y chocolate fundido (dicen que el chocolate es afrodisiaco 😉).

Ya casi era la hora, yo estaba ansiosa por escuchar cuando abriría la puerta de casa con su llave, pero sobre todo me sentía especialmente excitada por ver su reacción al entrar en la cocina y verme terminar de preparar la cena semidesnuda, con un corto delantal, unas medias y unos zapatitos de tacón como únicas prendas que dejaban poco a la imaginación.

Por fin llegó la hora, desde la cocina pude escuchar como entraba en casa, cerraba la puerta y sus pasos se dirigían a la cocina, donde yo me encontraba aparentemente distraída con los últimos preparativos de la cena.

Deseaba darme la vuelta para ver su cara de sorpresa, pero resistí la tentación esperando ver cuál era su reacción y esta no se hizo de esperar, sus manos acariciaron mis nalgas desnudas antes de que sus brazos me rodearan por la espalda y sus labios me besaran mostrándome su pasión. Su cuerpo pegado al mío ya dejaba notar su excitación, pero me propuse resistir un poco más y seguir con el juego que había preparado.

A regañadientes logré sentarlo para servirle la cena, no sin antes sentir como sus manos se perdían acariciándome por todas partes. Yo reía divertida al sentir su excitación y contenta porque mi sorpresa le hubiera gustado.

Me retiré a la cocina segura de que sus ojos intentaban no perder detalle y me aseguré de que la puerta de la cocina quedara abierta mientras yo me entretenía con los platos que ya estaban dispuestos para ser llevados a la mesa.

Esa situación en la que sentía que el deseo iba creciendo por momentos, lograba que me mostrara especialmente provocativa ante los ojos de mi marido que brillaban de satisfacción y lujuria.

Así fui sirviendo los platos sin prisas, disfrutando de ese momento cargado de una tensión sexual contenida y preámbulo de lo que sin duda nos esperaba al final de la cena.

Mi marido estaba embobado observando cómo me paseaba así semidesnuda sirviendo los platos y antes de que yo también me sentara me quité el delantal para cenar solo con las medias y mis zapatos de tacón.

La mesa acristalada le ofrecía una visión completa de mi desnudez a mi marido, y yo me sentía especialmente sexy y provocadora.

A estas alturas, reconozco que también me sentía algo nerviosa e impaciente por lo que no pude evitar sugerirle a mi marido que el también podía ponerse algo más cómodo y le propuse que se quitara toda la ropa y que tan solo se dejara puesta la camisa.

La idea le gustó y al poco rato ya estaba de nuevo sentado frente a mi, vestido solo con su camisa blanca y mostrándome descaradamente su polla que sin haberla tocado ya empezaba a estar como a mi me gusta verla 😉

Durante la cena no faltaron bromas picantes alrededor de las características de los platos preparados y nuestras risas nerviosas delataban nuestra ansiedad. Yo sentía como sus ojos se iban paseando por mis pechos desnudos y mirando descaradamente a través del cristal de la mesa como yo entreabría las piernas provocando que creciera aun más su deseo.

Por mi parte, no voy a negar que también me fijaba en como su polla iba reaccionando bajo la mesa, creciendo y apuntando alto como un mástil duro y grande.

Llego la hora del postre, el plátano a la brasa tenía una pinta deliciosa, el helado de vainilla colocado en la base del plátano ofrecía una imagen que no dejaba mucho margen a la imaginación y el chocolate fundido invitaba a saborearlo…aunque a esas alturas yo deseaba saborear otra cosa…😉

Cogí mi plato y deslizándome bajo la mesa caminé a cuatro patas para colocarme entre sus piernas como una dulce gatita deseando su plato de leche… el me facilitó el paso abriendo sus piernas y mostrándome descaradamente su polla que a estas alturas ya estaba enorme y muy excitada…

Yo también me sentí muy excitada, deseando saborearla y sentirla en mi boca…pero antes decidí embadurnarla del chocolate fundido que acompañaba el postre, prácticamente la cubrí entera de chocolate que poco a poco empezó a gotear…y a ofrecerme una imagen irresistible para no poder evitar acercar mi lengua y empezar a saborearla.

Estaba deliciosa, debo confesar que el chocolate me encanta y a estas alturas supongo que también es fácil imaginar que disfruto saboreando una polla en mi boca. Esa mezcla de placeres es indescriptible y estaba disfrutando del momento tanto como mi marido que se había acomodado en la silla dejándose llevar por ese momento…

Mis labios se acercaron a la cabeza de la polla para saborearla y disfrutar del chocolate fundido que había colocado en la puntita. Su polla fueran entrando en mi boca en mi boca caliente al tiempo que seguía saboreando todo el chocolate..

No tarde en tenerla entera en mi boca, deslizándose arriba y abajo y sintiendo como se hinchaba dándome la señal de que estaba muy cerca de correrse…decidí frenar un poco pues todavía no deseaba que se corriera…

Pero el cogió mi cabeza en sus manos mostrándome que no deseaba que parara. Dejé que su polla entrara de nuevo tanto como pude en mi boca y tragármela a fondo. Le ofrecí una mamada larga y profunda al tiempo que sus gemidos fueron acompañados de una explosión de placer que llenaron mi boca entremezclándose con los jugos del chocolate fundido…

Y con esa imagen tan sensual os dejo hasta un próximo relato…