Experiencias que marcaron mi vida sexual con mujeres mayores

En una cena con amigos de la infancia entramos en el tema de cómo habían sido nuestras primeras relaciones sexuales; la mayoría no las recordaba con precisión. Hice memoria y había tres etapas que recordaba con precisión y también que la mayoría de mis elaciones las he tenido con mujeres mayores que yo, unas por poco y otras por mucho. Os lo cuento a continuación.

La primera vez fue en unas vacaciones de verano en un pueblo en donde, como suele pasar los del pueblo sabían mucho más que los de ciudad. Entre el grupo de amigos se comentaba lo rico que era “hacerse cosquillas” con las chicas que consistía en frotarse los genitales sin nada textil por en medio.

Una tarde jugábamos al escondite, en una casa de pueblo muy grande, Rosita algo mayor que yo, se me acercó y me dijo si quería que “nos hiciésemos cosquillas”. Yo no lo había hecho nunca así que acepté. Estuvimos buscando la oportunidad y el sitio. Tenía la polla como un palo de dura. La oportunidad no se presentaba así que no pude aguantar más y en mi escondite me desahogué a mano. Naturalmente se me pasaron las ganas y en cuanto pude se lo dije a Rosita:

Ya no me apetece
Me espetó ¿Te la has meneado?
Si
No te preocupes enseguida te volverán las ganas, Yo estoy bien caliente, mita me sale una nata y si me froto también me corro.
Se levantó la falda y me enseñó su chochito y me hizo tocarlo para que comprobase lo mojadita que estaba.

Al cabo de unas rondas de juego llegó el momento en que estuvimos los dos solos en un lugar que estimamos propicio. Naturalmente Rosita tomó la iniciativa: me hizo sacarme la polla y tumbarme en el suelo boca arriba, se levantó la falda (iba sin bragas) y se tumbó encima y empezó a restregarse contra mí al tiempo que suspiraba y tenía la respiración más agitada, yo, la verdad, estaba acojonado por si nos encontraban por el ruido. En un momento dio unos gemidos muy contenidos y me dijo:

a mí ya me ha venido- el gusto, ¿tu cómo estás? “ porque la tienes bien tiesa
No supe que contestar así que ella se incorporó un poco, se abrió más de piernas me cogió-o la polla y se la metió de golpe en su lubricado chochito. Siguió el tiempo sin movernos ninguno de los dos y yo cada vez más acojonado porque el tiempo pasaba y cada vez podía-a ser más fácil que nos encontrasen así que decidí irnos aunque Rosita insistía en que todavía no me había venido el gusto. Esa fue toda mi primera experiencia no que no fue particularmente satisfactoria así que seguí durante tres o cuatro años dándole a la zambomba de vez en cuando hasta que llegó segunda experiencia.

Tenía yo casi 15 años y en casa estaba Paquita una empleada del hogar que dormía en casa. Tendría unos treinta y pocos años ni guapa ni fea pero con bastante buen cuerpo. Paquita y yo nos fuimos haciendo cada vez más mas amigos hasta dejarme que la tocase el culo y las tetas, eso si, siempre por encima de la ropa, pero sin pasar a más. Aquel curso acabé pronto así que permanecimos en Madrid un buen tiempo antes de irnos al pueblo. Durante ese tiempo muchas mañanas nos quedábamos solos Paquita y yo nos buscábamos y yo la tocaba el culo y las tetas metiendo la mano por el sostén aunque pronto dejó de llevarlo, creo yo que para facilitar la maniobra, ella me tocaba el paquete peor dentro del pantalón.

Como yo provenía de un colegio religioso y eso de correrse decían que te secaba el cerebro y aunque Paquita me tocaba yo nunca llegaba a correrme con el consiguiente dolor de huevos durante casi todo el día. Tuve la oportunidad de comentar el tema con un chico mayor que yo y me convenció que eso era una tontería y más bien al contrario el correrse con frecuencia era sano.

Dicho y hecho, al día siguiente nos quedamos solos en casa y en cuanto desayuné me puse a atacar y perseguir a Paquita restregándome contra su culo y con la polla fuera del pantalón cosa que no había hecho nunca antes para evitar correrme. Parecía que eso le gustaba a Paquita porque me hizo algún que otro toqueteo aunque siempre decía con la boca pequeña eso de “Déjame pesado, que no me dejas trabajar”.

Como era de esperar no tardé en ponerme bien burro y cuando me hizo una caricia en el paquete me corrí como una fuente dejando un buen charco de leche en medio del suelo del comedor, Paquita se quedó admirada de la cantidad y me dijo que estaba hecho un torete. Ese día en contra de mis costumbres no salí de casa y nos estuvimos persiguiendo todo el tiempo buscando ocasiones y me hizo tres o cuatro pajas, lo que fue una buena celebración para ser el primer día de “matrimonio”.

Los días siguientes fueron algo más de lo mismo, yo buscaba las ocasiones para sobarla las tetas y restregarme contra su culo (siempre con las bragas puestas) y ella haciéndose la estrecha con la boca pequeña “déjame pesado que no me dejas trabajar o que nos van a ver” pero al final me la terminaba meneando.

Cuando llegó el nuevo curso encontramos una sola manera de seguir con nuestro rollo dado que tenía que ir al colegio. Yo dormía en un extremo de la casa que era muy grande en una habitación con dos ventanas y siempre dormía con ellas abiertas y como nunca he usado pijama tenía que tener la ropa muy bien remetida para evitar destaparme. Desde que vino a casa Paquita asumió esa tarea que antes hacia mi abuela, así que seguimos con ella, cuando el resto de la familia hacia sobremesa de la cena.

Paquita venía a remeterme las sábanas pero antes nos dábamos un buen magreo e incluso se metía conmigo en la cama pero sin follar, alguna vez me dejó meter la mano debajo de la braga y tocarla los pelos, pero sin más. Para final de fiesta ella se sentaba en el borde de la cama con las piernas juntas y yo me ponía de rodillas enfrente, la metía la polla entre las rodillas y dale que te pego hasta que me corría, Llegados a este punto Paquita se levantaba a toda velocidad y se iba a su cuarto, volvía al poco rato, limpiaba la corrida, me remetía la ropa de la cama y a dormir tan relajadito.

Un día la pregunté qué porque se iba corriendo cuando me corría y me dio una respuesta que por entonces no entendí, “porque yo también tengo que desahogarme”.

Así pasó bastante tiempo. Un día al volver del colegio, Paquita no estaba según me dijeron se había ido nunca supe porque pero en todo caso Paquita muchas gracias por los muchos buenos ratos que me hiciste pasar y el gusto que me diste.

Ahora llega mi tercera etapa y desde luego la más interesante e intensa aunque corta. Habían pasado cuatro años desde el final con Paquita sin que hubiese pasado nada y me quedaba muy poco para cumplir dieciocho y acababa de terminar mi primer curso universitario, había notado el interés que tenía el dominar el inglés para mi futuro pero una estancia prolongada en UK era económicamente impensable en aquellos tiempos. Puse en marcha mi imaginación y aprendí a fondo los cuadros de Goya y Velázquez que hay en el museo del Prado de Madrid y así ofrecerme como guía gratuito a turistas angloparlantes, lo que me permitía practicar mi inglés. Tuve bastante buenos resultados consiguiendo practicar el inglés y alguna que otra propina.

Una mañana, mientras ojeaba posibles clientes vi a una dama cuarentona, muy bien conservada e inequívocamente norteamericana que no me quitaba el ojo, me dirigí a ella, le largué mi rollo y ella aceptó que fuese su guía. Aparte de los cuadros me preguntó por .mis actividades y lo que se podía ver y hacer en Madrid aparte de lo que dicen las guías turísticas. Ella había llegado la tarde anterior de Nueva York y que era catedrática de piano en el conservatorio de esa ciudad y que iba a estar aquí sola durante una semana y que luego iría con dos amigas para hacer un tour por Europa.

La aconsejé donde comer y quedamos que a última hora de la tarde nos encontraríamos en su hotel y la llevaría a conocer sitios que no se suelen encontrar en las guías.

La pasé a recoger en un muy buen hotel que tiene una piscina en el último piso. La llevé por lo que se conoce como el Madrid de los Austrias, la Latina y varios otros sitios típicos con sus tapas y vinitos. Ya eran las doce o más y la llevé por zonas que conozco que son románticas y poco iluminadas porque me apetecía darla un morreo, Parece que a ella también y estuvimos besándonos y acariciándonos sin más. La lleve al hotel la dije dónde podía ir por la mañana y quedamos para la tarde lo mismo que el día anterior. Al día siguiente, morreos y un poco de toqueteo pero nada más; al ir hacia el hotel me dijo que como huésped podía invitar a algún amigo a bañarse en la piscina y que me invitaba a ir la mañana siguiente. Por supuesto dije que sí y a eso de las once me presenté en el hotel con mi bañador, mis chancletas y una toalla. Pregunté por Evelyn, (así se llamaba) me dijeron cuál era su habitación y hacia allí fui.

Llamé a la puerta y me abrió con una batita de seda que le llegaba hasta medio muslo, nos dimos un par de besitos de bienvenida, hablamos cinco minutos del buen tiempo y lo que apetecía bañarse y me dijo que me cambiara. Entré en el cuarto de baño me puse el bañador y cuando salí, Evelyn se me quedó mirando y me dijo que le parecía muy masculino, se me acercó y me dio un buen morreo junto con un sobo de los pectorales y un buen restregón. Nos estuvimos morreando un rato y debido a los restregones o por la intención la bata se abrió y apareció Evelyn sin nada.

Me quedé asombrado lo que ella aprovecho para bajarme el bañador y apareció mi polla que se me había puesto bien dura. Se apretó contra mí y me restregué contra ella, que empezó un jadeo con frases en inglés que no entendía pero que me decían las ganas que tenia. Intenté metérsela de pie y, como era de esperar me corrí antes de meter ni la puntita. Me quedé avergonzado y humillado y la pedí que me perdonara, que había sido una emoción inesperada y demasiado fuerte, Me acarició la cara y me beso y me dijo que no me preocupara que teníamos mucho tiempo. La pedí que me dejara lavarla porque os podéis imaginar como estábamos los dos de leche. Se sentó en el bidet y yo empecé a enjabonarla el chochito con mucha suavidad pero tratando de encontrar esa parte que mis amigos me habían dicho que era vital para el placer de las mujeres y que yo hasta ese día no había tenido la oportunidad de buscar; ella debió notarlo porque en un momento me apretó mi mano contra su rajita y pude detectar un bultito que, al tocarlo, la hizo jadear más intensamente. Finalizado el lavado y a pesar del poco tiempo transcurrido ya se me había puesto morcillona: Evelyn me dijo que ahora le tocaba a ella lavarme, lo hizo con mucha suavidad, incluso me descapulló. Me secó poniéndose de rodillas enfrente de mí y sorpresivamente me cogió la polla y se la metió en la boca y empezó a chupar; esta era la primera mamada de mi vida así que me volví a empalmar como un burro, nos morreamos un poco y fuimos directamente a la cama.

¡Por fin iba a echar mi primer polvo! Me puse encima, Evelyn se abrió bien de piernas y me ayudó a meterla. Fue fácil, mi dama estaba bien lubricada y empezó con el jadeo, Empecé a moverme despacito hasta casi sacarla y luego otra vez adentro con los gemidos que me animaban, yo estaba un poco preocupado por si me corría demasiado pronto porque con el jadeo y los suspiros me estaba poniendo bien cachondo. El asunto iba bien pero parece que muy lento de manera que me dio la vuelta, se puso encima y se empezó a moverse más deprisa, restregando con fuerza el clítoris contra mi pubis. En seguida empezó a gemir y repetir “yes, yes, oh my God” corriéndose con un orgasmo largo e intenso. Se quedó encima de mí y me repetía que hacía tiempo que no gozaba tanto porque llevaba tres años divorciada y su nivel y ambiente social no le permitía muchas alegrías. Yo no me había corrido todavía y estaba muy caliente, ella lo notó y me hizo correrme con la mano. Nos quedamos relajaditos y abrazados.

Pasamos el resto de la mañana en la cama, besándonos y acariciándonos para conocer nuestros cuerpos; yo descubrí la realidad de todo aquello que sabía de haberlo hablado con los amigos y de la literatura porno e incluso libros de medicina. Aprendí a localizar el clítoris y a acariciarlo para darle gusto tanto con a mano como con la lengua, Aunque ya conocía algo vi que acariciarla los pezones la ponía bien cachonda así como besarla el cuello. Y ella también encontró mis puntos más ricos. Con todo esto pidió comida al servicio de habitaciones y nos dimos una buena siesta. Yo no sé la cantidad de cosas que hicimos y los orgasmos que tuvimos los dos. Lo que si recuerdo es que a eso de las siete de la tarde y mientras echábamos el enésimo polvo me dijo que parara que tenía el chocho irritado con la paliza que le había dado y que como estaba muy satisfecha y que casi no lubricaba, la estaba haciendo daño. La saqué pero la dije que yo estaba a medias así que se amorró y me hizo una mamada y fue la primera vez que me corrí dentro de su boca, no mucho porque ya debía haber eyaculado varias veces.

Al día siguiente llegué al hotel, mi chica estaba con la batita y nada debajo, casi sin hablar empezamos a morrearnos y fuimos a la cama. Después de follar nos quedamos acariciándonos y se me ocurrió una cosa que nunca había experimentado; con la palma de la mano extendida frotar muy suavemente los pezones en forma circular. Enseguida se quedó inmóvil respirando lenta y profundamente dando un gemido suave de vez en cuando pero dejándose hacer.

Pasado un buen rato con esta práctica decidí bajar la mano y llegar a su cochito: me encontré con una verdadera inundación, el masaje la estaba dando un tremendo gustazo y se había lubricado hasta mojar las sabanas, la pregunté que si la estaba gustando y que si quería correrse ya; asintió con la cabeza y los ojos cerrados y yo me amorré al pilón y se lo comí frotando el clítoris con la lengua consiguiendo en muy poco tiempo un orgasmo tremendo, yo pensé que nos iban a echar del hotel porque gritó y jadeó como nunca y se quedó medio desmayada.

Y así durante tres intensos días, luego se fue de viaje por Europa y ahí se acabó todo.