Haciendo un trato satisfactorio

Un trato es un trato y si yo había hecho mi parte ahora me tocaba a mi cobrarme la mía.

Estaba allí, tumbado en nuestra cama, las manos atadas al cabecero y las piernas a los costados de la cama. Desnudo. Su pene aparecía en pleno reposo. Un antifaz le impedía ver mis maniobras.

Esta noche era mío, todo mío, así era nuestro trato y podría hacer lo que quisiera con él.

15 años de matrimonio son muchos años, el aburrimiento y la monotonía era algo normal después de tanto tiempo. Mi chico es cariñoso, atento, educado y muy muy tierno cuando quiere, pero, a pesar de todo eso, algo había cambiado en nosotros. No, no es que algo fuese mal, nos queríamos con locura, nos seguíamos divirtiendo y saliendo por ahí. De vez en cuando aún hacíamos alguna locura. En la cama no íbamos mal, una o dos veces a la semana, había temporadas de gran sequía y otras de gran mojada, pero había algo que era irremediable, el paso del tiempo.

Una noche decidimos salir a cenar fuera. Un restaurante nuevo, muy buenito y moderno. Pedimos unos platos y una botella de vino. Entre copa y copa conversábamos de cosas un tanto triviales, su trabajo, el mío, tonterías. Después de los primeros platos llegaron los segundos y, con ellos, otra botella de vino, pero esta vez tinto. Seguimos divagando un poco de una cosa a otra, pero, no sé cómo, nos fuimos poniendo más serio. ¿El tema? Nosotros y el sexo.

No solíamos cortarnos al hablar de este tema, pero nunca los habíamos afrontado así, cenando, en un lugar extraño. Normalmente siempre era en la cama cuando salían estos temas, después de un polvo o algo así pero nunca fuera de ella.

La conversación era seria, realmente estábamos enfrentándonos al problema de la monotonía, pese a todo era muy serio. Abrimos nuestros corazones y a la luz salieron distintas frustraciones o “faltas” en ese ámbito. No eran quejas en sí, eran temas que te vas guardando por amor pero que están dentro. Ambos admitimos que no era igual, que nos faltaba algo de chispa. Otros alicientes.

Poco a poco salieron cosas que ambos teníamos calladas, deseos ocultos, miedos, necesidades, expectativas. La verdad es que hablar con él de estas cosas siempre resulta tan fácil….

El camarero interrumpió por un momento para retirar los platos vacíos y colocar frente a nosotros el postre. Pedimos una botella de vino dulce para acompañarlo. Saboreamos aquellas delicateces y degustamos un delicioso oporto con ellas.

¿Qué podíamos hacer? ¿Como solucionar el tema? Francamente nunca lo habíamos planteado y no sabíamos cómo encararlo, pero creo que el exceso de vino nos soltó la lengua y la sinceridad. Entre trago y trago me dijo que le gustaría mucho probar un juguete nuevo, uno de esos con mando a distancia que se introducen en la vagina, pero con la condición de que él lo tendría y usaría cuando le viniese en gana mientras yo lo llevaba puesto.

Tengo que reconocer que el juego me divirtió, aunque no las tenia todas conmigo. ¿Que ganaría yo a cambio de prestarme a él? Bueno, había algo que siempre tuve ganas de hacer y nunca me atreví a proponerlo. Deseaba desde hacía tiempo tenerlo atado en nuestra cama, hacer lo que quisiese con él, sin quejas ni límites. Lo que me saliese del alma.

El acuerdo quedo sellado con un brindis y unas sonrisas cómplices. Pedimos la cuenta y nos fuimos a casa directamente. Entre el vino y la conversación nos habíamos calentado ambos y tuvimos una noche de sexo como hacía tiempo que no lo habíamos disfrutado. Ni se cuántas veces llegue al orgasmo, me hizo diabluras y nos quedamos dormidos como cuando empezamos a convivir juntos, abrazados el uno al otro.

Cuando desperté a la mañana siguiente él ya se había marchado a trabajar. Abrí los ojos lentamente y retiré las sabanas. Casi sonámbula me dirigí al cuarto de baño, una ducha me termino de despertar. Me puse una bata y me dirigí a la cocina. Encendí la cafetera y, mientras se hacia el café, eché un vistazo al móvil.

El silbido de la cafetera me obligo a dejar el móvil al lado y me levante para prepararme una buena taza de café con unas tostadas. Tenía hambre y mi cabeza aún no estaba del todo “católica” después de la noche pasada.

Miré por la ventana mientras sentía el café bajar caliente por mi garganta, casi bendije su invención. Unos niños pasaron por la acera de enfrente arrastrando las mochilas camino del colegio. El tendero colocaba las ultimas cajas de frutas en la puerta de su tienda. Una señora caminaba deprisa camino de la parada del autobús.

Volví a mi silla y tomé de nuevo el móvil. Face, instagran, wasaps…las mismas tonterías de siempre. Lo dejé sobre la mesa y me dispuse a arreglar la casa. Hoy no trabajaba y hacía falta una limpieza a fondo.

Así pase la mañana. Para el medio día todo estaba listo y en su sitio. Prepare algo para comer esperando a que mi marido llegara. El reloj marco las dos con sus campanadas desde el salón.

No tarde mucho en escuchar las llaves trastear en la puerta, sus pasos por el pasillo el “hola cari” desde lejos, su sonrisa al verme, el beso de bienvenida. La verdad es que tenía ganas de verlo y abrazarlo, algo había cambiado entre nosotros desde la noche pasaba, y me gustaba.

Almorzamos uno frente al otro, no hablamos mucho. Alguna vez lo sorprendí mirándome de forma extraña, como muy fijo, le hice un gesto interrogante acompañado de una sonrisa, pero no dijo nada, siguió llevándose la comida a la boca.

Entre ambos quitamos la mesa y organizamos la cocina antes de tumbarnos en el sofá. Encendimos la tele, buscamos algo que nos gustara a los dos, apoye mi cabeza en su pecho y creo que no tardamos mucho rato en quedarnos dormidos. Necesitábamos recuperarnos aún.

Ya la tarde caía cuando nos despertamos. Al abrir mis ojos encontré los suyos osados en mi pecho, casi al descubierto al haberse abierto la bata. Me sonrió, un beso, un guantazo cariñoso en el culo, “vamos dormilona, despierta ya” dijo mientras se dirigía la cocina a preparar unos cafés.

Me quede allí tumbada, tratando de tomar conciencia aun tras la larga siesta. No tardo en volver con una bandeja y dos cafés humeantes. Me desperece mientras daba unos sorbos. Comenzamos una pequeña pelea en broma por el mando de la tele, gano él.

Así pasamos lo que quedaba de tarde. Bueno, entre medias él hizo unas llamadas de trabajo y yo mande unos correos a algunos clientes. Unos amigos nos llamaron invitándonos a una fiesta en su casa para el sábado siguiente. Nos dimos una ducha, primero él y después yo.

Mientras estaba bajo el agua escuché que la puerta se abría, tras los cristales de la mampara vi la figura de mi marido borrosa.

-Cariño, te dejo algo aquí, míralo y no olvides el trato.

Me quede intrigada, ¿el trato? ¿qué trato?, ni me acordaba. Terminé de ducharme y salí de entre aquella nube de vapor que empañaba todo. Me envolví en la toalla y, sobre el lavamanos, descubrí una pequeña cajita con un lacito.

La abrí con gesto interrogante, la volvía hacia abajo para quedarme allí aguantando la risa cuando un objeto pequeño y redondito, con forma de pera se quedó en mi palma. Solté una carcajada, no podía ser…Junto a él cayo una noté escrita a mano “No olvides colocártelo, nos vamos de cena”.

Sali del baño con aquello en mi mano, me fui riendo hasta llegar al dormitorio. Allí estaba mi marido, ya se había vestido y se había sentado en la pequeña butaca a los pies de la cama. En su mano un mando a distancia, lo pulso, aquella cosa vibro en mi mano. Mi risa debió de escucharse en todo el bloque.

– ¿De veras? ¿quieres que me meta esto y que nos vayamos por ahí a cenar?

-Esa es la idea y ese fue el trato, me sonrió triunfante desde su asiento.

No sabia si seguir riendo o hacerle caso. Así que opte por no decir nada. Del cajoncito saque unas bragas y un sujetador. Antes de ponérmelas introduje aquella cosa en mi vagina. No termine de subir mis braguitas cuando una vibración me hizo flaquear las piernas. Lo mire casi con odio.

– ¿En serio?, le interrogue

-Y tan en serio, termina de vestirte, nos vamos a divertir, sobre todo yo – Dijo mientras salía del dormitorio sonriendo, llevándose aquella cosa en sus manos.

Termine de vestirme medio asustada y medio excitada. La situación podia terminar o muy bien o muy mal…pero un trato es un trato.

Me maquille un poco, mientras lo hacía sentía aquella cosa en mi interior. No terminaba de gustarme la idea, él seria amo y señor de mi vagina y podía provocar cualquier situación que yo no podría controlar. Terminé de maquillarme y Sali de cuarto.

Caminaba por el pasillo y mis tacones retumbaban por él. Un latigazo, una nueva vibración y tuve que apoyarme en la pared para no caer.

-No tan fuerte amor- Le rogué mientras recuperaba la compostura. Pude escuchar su risa llegarme desde el salón.

Llegue hasta él mirándolo desafiante.

-Carlos, de veras, por favor, no abuses. Me siento un tanto ridícula y desamparada, por favor- Le rogué.

Se limito a sonreír, me dio un beso y salimos del piso. Me toco el culo descaradamente mientras caminamos hasta el coche, Pulso un par de veces el botoncito, pero estaba vez fue muy leve, cosa que agradecí, pero eso no impido que le diese una palmada en el culo a él.

Durante el trayecto llevo varias veces las manos a su bolsillo, cada vez que lo hacía yo apretaba los músculos de mi vagina esperando la vibración, mis bragas se estaban mojando hacia un rato. Me sentía excitada.

Bajamos junto a un restaurante barato, de esos en lo que entra de todo tipo de gente. Me volvió a sorprender la elección, nunca me había llevado a un sitio así. Sonriendo me tomo del brazo y casi me empujo hasta dentro del local.

El olor a fritanga me golpeo cuando se abrió la puerta. Las mesas y sillas destartaladas, con manteles cutres de hule a cuadritos. Unos señores mayores bebían en la barra.

¿Por qué aquí? ¿Porque un sitio como este? Me preguntaba mientras nos dirigíamos a una mesa, Aquello vibro y mis piernas flojearon un poco, lo maldije para mis adentros mientras me abrazaba a su brazo tratando de que no se me notara nada.

Unas mesas más allá unos jovencitos, chicos y chicas, devoraban unas hamburguesas y montaban escándalo. A nuestro lado un matrimonio mayor cenaba calladamente, más allá una pareja de jóvenes se hacían arrumacos mientras tomaban una coca cola.

No pegábamos allí. Nuestras ropas eran demasiado elegantes para estar allí, todos nos miraban extrañados. Casi roja de vergüenza me senté en la silla que él retiro para mí. Mientras daba la vuelta a la mesa un nuevo zumbido, mis muslos se apretaron y mis dientes mordieron mi labio.

Un chavalito se acercó a la mesa y nos tendió unas cartas de menús plastificadas. Su mirada se deslizo sobre mi escote generoso mientras lo hacía. Pedimos unos platos y una botella de vino tinto de la casa. ¿Vino de la casa? ¿estás loco suelen ser malísimos. Una nueva vibración por respuesta, mis piernas se cruzaron bajo la mesa mientras se me escapaba un gemido. Empezaba a odiar la situación. Aún así me sentía excitada.

Los platos llegaron al mismo tiempo que el vino. Dos copas pesadas y baratas, servilletas de papel… ¿de veras? ….

Carlos comento algunas cosas y trate de seguir la conversación disimulando lo que pasaba en mi cuerpo. Bebi de aquél vino duro, casi espeso, que no sabia como los que acostumbraba a beber, aun así, bebi, mi boca estaba reseca.

Mi marido parecía divertido y excitado, me miraba de forma extraña, esperaba mis reacciones cada vez que pulsaba aquel botón maldito…me vengare cuando llegue mi turno, pensé para mis adentro mientras un nuevo toque me hacía estremecer, el tenedor tembló en mi mano a medio camino de la boca. Esta vez el gemido sonó mas fuerte. Creo que la señora se volvió mirándome descarada. Simulé como pude mientras masticaba el trozo de carne que pude meter en mi boca.

Carlos se divertía, yo cada vez estaba mas excitada con aquel juego, incomoda, pero excitada.

Termine como pude de cenar, casi suplique que nos fuéramos. Para entonces mis bragas estaban más que húmedas y me sentía a punto de estallar en un orgasmo allí mismo.

Carlos pidió la cuenta y tuvo que sostenerme para ponerme en pie, mis piernas temblaban.

– ¿Vamos a casa ya? ¿terminó el juego? Pregunte camino del coche rogando porque así fuera. Necesitaba sacarme aquello y meterme un trozo de carne de verdad.

-No, aun no, vamos a otro lugar

-Carlos, por favor, vámonos a casa, necesito que me hagas el amor- Suplique.

-No, aun no, no tengas prisas cari, disfrútalo.

Disfrútalo pensé…capullo, disfrutaría si me metieses lo que tienes entre las piernas tu y no esta cosa, que era agradable sí, pero yo llenaba.

Condujo hasta un pub de esos de verano, esto no tenia que ver con el otro lugar nada de nada. Gente elegante, buena música, camareros perfectamente uniformados, vistas a un precioso campo de golf. No, definitivamente, nada que ver. ¿Porque me había llevado al otro sitio?

Caminamos hacia una mesa apartada, tomamos asiento mientras una nueva vibración me arrancaba gemiditos reprimidos. Un camarero se aproximó y pedimos unas copas. Mientras las traía mi marido pasó un brazo sobre mis hombros y me beso apasionadamente, su lengua la note nerviosa en mi boca. Murmuro algo a mi oído que me puso a cien. “Cari, me tienes erecto” y llevo mi mano a su entrepierna donde pude apreciar el bulto de su pene hinchado. Lo aprete con ansias mientras de nuevo aquella cosa temblaba dentro de mi y me hacia temblar a la vez.

El camarero dejo las copas sobre la mesa y se marchó. La mano de mi marido se coló por mi escote y acaricio mi pecho por encima del sujetador, podía sentir en sus dedos mis pezones ávidos de caricias. Mis gemidos fueron acallados por la música. Mi mano no dejaba de bajar y subir por aquel trozo de carne caliente de mi marido.

Sentí sus labios en mi cuello e incliné mi cabeza dejándolo hacer, el zumbido en lo más profundo de mí ya casi era continuo. Sentía como me mojaba a cada vibración, a cada espasmo.

Nos dimos una tregua para tomar un trago necesitado pero nuestras bocas se buscaron de nuevo con lujuria. Parecía que acabábamos de conocernos. Temblábamos los dos, y sintiendo aquello dentro, mano de Carlos en mis pechos y su pene entre mis dedos, aunque aun dentro del pantalón.

Casi con prisas abandonamos el lugar, ni tiempo tuvimos de llegar a casa. Apartó el coche de la carretera, se metió por un camino perdido y allí mismo me desnudo entera, se bebió mis pechos, me dejo empapada la entrepierna con su saliva mientras notaba en su lengua la vibración que, dentro de mí, me arrancaba uno y otro orgasmo, como en un bucle infinito. Solo saco el chisme aquel de mi interior para inundarme de polla. Grite como poseída, como si fuese la primera vez, me sentía colmada. No tardó mucho en derramar su semen en mi interior y, con él, mi grito más aspero que salió de mi garganta nunca provocado por el placer.

Caímos muertos en el asiento de atrás. Las ventanillas aparecían empañadas, un fuertísimo olor a sexo lo inundaba todo. Nos besamos apasionadamente. Nos habíamos vuelto a encontrar.

A la mañana siguiente ninguno de los dos trabajábamos así que estuvimos en la cama hasta casi el medio día, hicimos el amor un par de veces recordando la noche pasada, todo parecía como nuevo, recién estrenado entre nosotros. Desayunamos en la cama, volvimos a jugar con el chisme aquel. Nos amamos como chiquillos. Y todo por culpa del maldito invento aquel y las “locuras” de mi marido…

Pasamos el día entre arrumacos, besos robados, palmaditas en el culo, bromas, insinuaciones. Parecía que todo aquel sexo nos hubiese sabido a poco, queríamos más, mucho más, hasta saciarnos por completo.

A media tarde lo deje por un ratito tumbado en el sofá mientras me ausentaba con la excusa de comprar pan y alguna cosa más. Se quedo tranquilo mirando la tele. Pretendía cobrarme mi parte del trato.

Dirigí mis pasos a una ferretería donde me hice con uno metros de cuerda de algodón y cinta americana. En una tienda de telas compre unos trozos que me gustaron y en un supermercado unas cuantas cosas más. También visite un sex-shop que había cerca de casa. Poco sospechaba él que mi parte me la cobraría esa misma noche….

Al rato volví a casa, estaba en la misma postura que lo había dejado, el pijama puesto, la parte de arriba abierta, dejando ver su peludo pecho casi por entero…y dormido. Creo que ni se enteró de mi vuelta.

Me fui al dormitorio, primeramente, dejé todo preparado para esa noche. Volvía a la cocina donde prepare una suculenta cena para dos, puse cava a enfriar en la nevera y saque un par de botellas de buen vino para que se fueran atemperando. yo también me serví una copa de vino para tomar mientras hacia la cena.

Un rato después lo escuche entrar en la cocina, me abrazo por detrás mientras me daba un beso en el cuello. Me dijo que se iba a dar una ducha, la necesitaba, olía a sudor.

Cuando escuche la puerta del baño cerrarse corrí hasta el dormitorio, saque de su cajón unos bóxer y un pijama de seda azul. Con la excusa de necesitar el baño entre en él y se los deje encima de la banqueta junto a la ducha. -Cari, aquí tienes la ropa limpia- Dije para evitar que él fuese al dormitorio. Escuché sus “gracias” mientras cerraba la puerta tras de mí.

No tardo mucho en salir. Una cerveza bien fría ya lo esperaba en el saloncito junto a unos aperitivos. Me uní a él con mi copa de vino. Charlamos un rato mientras se terminaba de hacer la cena. Con la excusa de necesitar una ducha me fui al baño, me rasure completamente, n deje ni un solo vello sobre mi piel, mi pubis parecía el de una muñeca, una ducha caliente, una buena mano de crema hidratante, algo de maquillaje, pero sin exagerar y un conjuntito de braguitas, sujetador y picardías con el que lo iba a sorprender.

De esta manera “vestida” me fui a la cocina, preparé la mesa del salón y dispuse todo mientras escuchaba la tele en el saloncito, ni se imaginaba la que le esperaba. Cuando todo estuvo listo lo llame.

Espere sentada a la mesa su entrada y sus ojos lucharon por no salirse de las cuencas cuando me vio. Casi desnuda, mis pechos perfectamente visibles a través de la tela, mi mirada desafiante.

-Siéntate amor, hoy me toca a mí-Dije insinuante.

La cena fue casi cómica, mi marido no podía apartar la vista de mi cuerpo, pareciera que nunca lo hubiese visto. Me moría de risa mientras trataba de disimular. Apenas si hablamos. Su pijama se levanto a la altura de sus genitales. Estaba justo en el punto que lo quería.

Lo anime a beber una y otra vez, quería tenerlo ligeramente achispado, para ello me levantaba de la silla y me inclinaba para dejarle ver mi generoso escote, casi bizqueaba. Yo seguía disimulando.

Acabamos la cena entre risitas cómplices e indirectas muy directas. Le pedí que se quedara allí mientras me acercaba al dormitorio a coger algo. Obediente así lo hizo. Volví al salón y, colocándome detrás de él, le susurré al odio, “esta es tu parte del trato”. Mientras hacía esto tape sus ojos con un trozo de tela, me asegure que no veía nada.” acompáñame” le dije al odio mientras tiraba de él hasta el dormitorio. Lo tumbe en la cama. Saque su pijama y arrastre su bóxer hasta dejarlo desnudo tendido en el lecho, él no dijo ni una palabra. De debajo de la cama tome la cuerda que había dejado allí escondida y la cinta. Tome primero una muñeca y después la otra dejándolo atado al cabecero de la cama. Con el resto de cuerda ate sus tobillos forzándolo a separar las piernas al atarla a los bajos de la cama. Él permanecía expectante. Me acerque a su oído y musite “me toca a mí, confía, no te hare daño alguno pero esta noche eres mío”. Tome un trozo de cinta y tape su boca. Lo escuche quejarse un poco, pero se calló al momento al sentir un pellizco en su muslo. “Silencio” casi grite.

Me agache de nuevo debajo de la cama y saque el resto de mi compra. Espuma de afeitar, maquinillas, aceite corporal y algunas cosas más.

Pasé mi lengua por su pecho un par de veces, asta llegar a los pezones, subí una mano por su pierna hasta casi rozar sus ingles, su miembro reacciono un poco.

Agité el bote de espuma y puse una generosa cantidad sobre mi mano. Todo los despacio que pude la extendí sobre su pecho, vientre, hasta llegar a su pubis. Sentí una queja “sssshhhhhhh, esta noche mando yo” ordené.

Pase mi pierna sobre él hasta quedar sentada sobre su pubis, podía sentir su pene rozar mi entre pierna sobre las braguitas. Aún estaba un tanto flácido, pero ese no era por ahora mi objetivo.

Seguí extendiendo mas espuma hasta que parecía un muñeco de nieve. Sonreí. Cogí la maquinilla de afeitar junto a un puñado de servilletas de papel y comencé “la operación”. La dejé resbalar desde sus hombros hasta su pecho, dejando tras de sí una piel suave y sin “estorbos”. Una y otra vez, una y otra vez hasta librar la parte alta de su torso de aquel blanco níveo.

Sus pezones se erizaron cuando la cuchilla los rozo, me sentí diablesa, bajé mi boca hasta ellos y los lamí, llevándome parte de la espuma en mi barbilla. Me limpie y seguí mi tarea, ahora le tocaba al vientre, baje mi culo hasta sus muslos y seguí maniobrando. Ahora su vientre aparecía a mis ojos limpio de vello, besable, lamible, hasta su ombligo quedo limpio de pelitos.

Ahora tocaba la zona mas delicada. Me acomode sobre sus pantorrillas para poder extender más espuma en aquella parte. Lo hice sin prisas, embadurnándolo bien. Su pene comenzó a tomar medidas mas gruesas con esta faena, pero lo ignoré y seguí manos a la obra.

Una vez contenta con lo que veía volvía tomar la cuchilla, note un cierto temblor en su cuerpo cuando la sintió fría en esa parte de su cuerpo. Despacio, sin dañarlo, evitando por todos los medios darle un corte pase arriba y abajo la maquinilla, llevándome con ella aquella maraña de vello que lo cubría. Su pene, al continuo contacto de mi mano se irguió ante mí.

Termine con su pubis y, empujando su pene hacia arriba, le tocaba a la parte de sus testículos, esto era mas delicado. Haciendo filigranas con la maquinilla casi fui decapitando uno a un cada vello que existiera por la zona. Me costó algo de trabajo ya que con una mano afeitaba y con la otra tenía que sujetar aquel miembro que se resistía permanecer tumbado sobre su vientre.

Des esta forma llegue al perineo y a su ano, todo quedo perfectamente rasurado y limpio. Mire satisfecha, di algunos retoques más y tome unas toallitas húmedas para quitar los restos de espuma. Mi marido parecía ahora un chavalín impúber, quise comérmelo entero.

A continuación, tome el aceite especial que había comprado. De esos efectos calo con olor a canela. Puse un poco en mis manos y las frote para calentarlo. Después lo comencé a extender por su cuerpo. El olor de la canela lleno la habitación.

Note su cuerpo calentarse, no sé si por efecto del aceite o por sentir mis manos acariciar su piel directamente sin vello de por medio. Extendí más aceite sobre el hasta llegara a su miembro, lo sobe arriba y abajo, estaba muy caliente, baje hasta sus testículos, los frote con suavidad, baje hasta rozar su ano, una contracción suya me sorprendió. Sonreí….

Yo también andaba caliente a estas alturas, nunca había sentido la piel de Carlos así de suave, mas pareciera que estaba acariciando a una mujer, pero no, era mi amante fijo el que tocaba.

Me apeteció tumbarme sobre él, me quite el picardías y pose mis pechos en su vientre, los deje resbalar hasta llegar a su cara. Con mis manos los apreté en su rostro, creo que el quiso lamerlo, pero …no podía. Mi pubis rozaba su miembro y sentí ganas de clavármelo, pero me resistí, aun no.

Baje mi boca hasta atrapar un pezón con los dientes, creo que quiso gritar, le hice daño, pero el justo, continúe bajando por su vientre hasta enfrentarme a su miembro, estaba radiante, parecía hasta mas grande libre de su pelambrera, me lo metí en la boca y el olor a canela me inundo el paladar y mi nariz, me encantaba.

Lo saque y metí varias veces en mi boca, pase mi lengua por su glande hasta notar convulsiones en sus piernas. Bajé mi lengua hasta sus huevos y me los metí uno a uno en mi boca, adoraba aquella sensación de ingravidez que tenían. Me ponía cachondisima. Continuo mi camino de descenso, lo escuche gemir fuertemente cuando noto mi lengua cerca de su ano, reí picara y mi lengua jugueteó con su agujerito trasero, nunca lo había hecho y me apetecía escucharlo gemir y retorcerse.

Tomé un poco de aceite y lo extendí sobre él, puse mas en mi dedo y lo apunto a su objetivo, se resistió apretando sus glúteos, pero comenzó a relajarse cuando ya tenia metida hasta la primera falange mientras mi lengua se paseaba por sus testículos o la base de su polla.

Lo sentí temblar cuando avance un poco mas en mi exploración, creo que gritó, pero no pare. Sus glúteos volvieron a apretar mi dedo hundido en sus interioridades mientras me metía su miembro en la boca una y otra vez.

Me di la vuelta hasta dejar mi coño justo frente a su cara, no podía tocarlo, no podía verlo, no podía lamerlo, solo podía olerlo y sentirlo chocar contra su nariz o barbilla. Me frote con su cara por un rato, mis braguitas estaban inundadas.

Abandone su esfínter y deje resbalar mi boca por su cuerpo hacia arriba. Me senté en su pecho y puse mis tetas en su cara, el la llevaba de un alado a otro tratando de sentirlas. En un momento dado retire suavemente la cinta de su boca acompañándolo con mi lengua para que no le doliese mucho, cuando quedo libre le aproxime mi coño húmedo, él no tardo en sacar su lengua. La noté frotar mi braguita, estaba caliente, hice la tela aun lado y pudo llegar a lo mas profundo de mi con sus lamidas desesperadas. Se enroco en mi clítoris arrancándome gemidos de placer mientras mi mano atormentaba su pene. Mis jugos resbalaban por su cara hasta su cuello. Su cuerpo saltaba tratando de soltarse. No, aun no.

Volví a colocar la cinta en su boca lo que provocó una queja. Me senté sobre sus muslos, tome aquel miembro gordo suyo y lo frote contra mi entrepierna, era todo mío, podía hacer lo que quisiese con él. Así que lo frote una y otra vez contra mi clítoris buscando el orgasmo. Su glande sonrosado era suave al tacto, el aceite hacia su trabajo subiendo la temperatura, me sentí temblar.

Retorcí mi propio pezón cuando noté explotar la tensión en mi vientre. Me deje llevar, grite, frote más rápido su glande contra mi coño hasta que caí rendida sobre su pecho. Su pene golpeaba contra mis nalgas aún.

Me recupere reposando sobre su pecho por un buen rato, lo escuche gemir un par de veces tratando de hacer oír, pero lo ignore, hoy era mi muñeco.

Deslice la tela de sus ojos y lo deje contemplar mi cuerpo desnudo sentado sobre su pecho. Mis manos iban de mi pecho a mi coño aun hambriento de más. Él miraba estupefacto a la vez que excitado. Nunca me había visto así de desatada. Pase un rato allí sentada, notando sus pezones en mis valgas, bajando de vez en cuando mi mano hasta su miembro para esturgarlo casi hasta el dolor. Su gatita quería mucho mas de él.

Me di la vuelta y me deje resbalar hasta sentir su pene rozar mi entrepierna, baje un poco más, justo hasta que se coló entre mis muslos y apareció entre mis nalgas. Sabía que él podía verlo perfectamente. Con una mano lo aprete contra mi culo, justo en la raja mientras oscilaba adelante y atrás mis caderas. Su respiración se hizo más acelerada. Insinué su glande en mi ano después de verter un poco de aceite sobre él. Lo aprete justo hasta que entro su cabeza, no admitía más, aquello dolía un poco y quería que se quedara allí. Mientras sentía su cabeza encajada en mi culo comencé a masturbarme despacito. Saboreando el momento. Después de un rato empuje un poco ms y unos centímetros de su polla entraron en mi culo, un pequeño grito se me escapo, aguanté el dolor y seguí en mi tarea. Sabia que e deseaba barrenarme de aquella manera, pero no le deje ir más allá. Estuve un rato meciendo mis caderas, acelerando mis sentidos a cada entrada, pulsando mi clítoris hasta casi el dolor.

La saque solo para hundírmela hasta el estomago de un golpe, mi coño se tensó al sentirla, mis caderas aceleraron, mi mano aumento el ritmo en sus caricias. Me sentía poderosa, yo mandaba, mi venganza se estaba consumando. Cabalgué a mi marido hasta notar como se tensaba su espalda, hasta que su polla aumento de tamaño en mi interior, hasta que estallo llenándome de semen y placer. Me la clavé más profundo aun al notar su primera contracción, el semen me llegaba caliente, exploté con una de los mayores orgasmos de mi vida. Mi marido me confeso después que también para él fue así.

Con desgana me deshice de aquella cosa enorme que aun cabeceaba. Desate las manos y pies de Carlos, le quite la cinta de la boca y nos abrazamos como poseídos. El acuerdo se había cumplido por ambas partes y la lujuria y la pasión volvieron a nuestras vidas quizás mas fuerte aun que al principio de conocernos.

A aquellas noches les siguieron muchas más, nos quitamos las cadenas de tabús y frustraciones, desde entonces nuestra vida sexual aumento en ritmo y calidad. No había limites más que los que acordáramos, no había deseos sin cumplir. Redescubrimos nuestro amor y nuestros cuerpos.