La profesora de baile que me hizo ser infiel

Para que mi pierna volviera a su estado normal, me mandaron a sesiones de fisioterapia. Termine las sesiones y el fisioterapeuta que había sido en todo ese tiempo muy amable, siempre me recomendaba el baile para mejorar sobre todo las articulaciones, si bien me gustaba el baile no era algo que estuviera en mi lista de cosas para hacer, pero tanto me insistió que al final le dije que buscaría un sitio. Y aquí fue donde él me recomendó un sitio donde ir, deduje que sería la academia de algún amigo.

Llame al teléfono que me dio y me atendió un hombre, quedamos el miércoles tarde. Fui a la dirección que me dio y el lugar de entrada no me convenció mucho. Era un sitio muy apartado, por fuera tenía pinta cutre. Antes de entrar ya empecé a pensar en cómo disculparme sin ofender, para echarme atrás y no ir a esas clases. Pero entre, había bastante gente y parecía otra cosa una vez dentro, aunque no me gusto tanta gente. Se acerco un hombre de unos 35-40 años bastante normal y un poco más bajo que yo, se llamaba Marc, era el que daba las clases, me explico el funcionamiento los horarios y el precio de las clases, estaba a punto de decirle que no me convencía, cuando apareció una mujer más o menos de la misma edad y me la presento como Alba su mujer. Media 1,60, color del pelo castaño, aunque las cejas eran de otra tonalidad, podía ser que lo llevara teñido. Pecho normal y tenía mejor fondo fisco que el marido. Me llamo la atención que parecía tímida, pero su cara y su mirada me decían que tenía que ser muy “marchosa” y cambie de opinión.

Les conté porque estaba y ella me dijo que el fisio era su tío. También les dije que de bailar, poco, lo que bailaba cuando iba de fiesta, lo que me salía. Me animaron para que me apuntara y como decir no, a una mujer como Alba. El caso que empecé a acudir con asiduidad a las clases de baile, que me daban un poco igual en un principio, pero luego le fui tomando el gusto a bailar. Alba y yo empezamos a congeniar bastante, teníamos mucha química los dos. Una semana nos dijeron que iríamos todos los que quisieran a bailar el fin de semana. Todos eran parejas, casados o no. El único suelto era yo y me animaron para que fuera también.

El sábado por la noche a la cena acudieron menos de los que se habían comprometido. Alba iba con un vestido muy ajustado, con un pequeño escote, un culo bien levantado y unos zapatos con buenos tacones, que parecía imposible que se pudiera mantener sobre ellos, pero se desenvolvía a la perfección. Marc era muy buen relaciones públicas, atendía a todas las parejas y no dejaba nada al descuido. Alba estaba más a lo suyo y nos fuimos a bailar. Desde el primer baile, ya fuera por la oscuridad, por la cantidad de gente que había, nos pegamos el uno al otro y en un momento del baile, en el que ella quedaba de espaldas a mí y yo pegado a ella, mi rabo se puso duro con el movimiento.

Al principio me eche un poco para atrás, porque no quería ningún enfado, pero en cuando note que ella busco el contacto, la abrace desde atrás y seguimos bailando, pero esta vez mi rabo estaba prácticamente incrustado en su culo. Nos pusimos los dos a tope. Regresamos con los demás, Alba se acercó a su marido y le dio un beso muy sensual. Me miro nos sonreímos y pensé que él estaba al tanto de lo que pasaba. Según pasaba la noche, la situación era más descarada. Yo ya había visto la disposición del lugar donde estábamos y había visto dos sitios idóneos para tener un mayor acercamiento a Alba. En la parte de arriba o en unos de los aseos que estaban más apartados. Cuando Marc se acercó con otros dos a la barra para traer más bebida, aproveche para decirle a Alba sin rodeos, que quería verla arriba o en los aseos del fondo, que eligiera.

Me miro rara, no dijo nada y se quedó como en fuera de juego. Seguía esperando una contestación, pero llego su marido y no me dijo nada. Nos juntamos de nuevo todos los de la cena, había mucha alegría. Alba no hacía ni una señal que me indicara nada. Paso algo de tiempo y me fui a los aseos. Me eche un poco de agua en la cara, que estaba muy acalorado. Salí y me encontré con Alba, que en plan chula, se me pego casi a mi cuerpo y desafiándome me decía, “¿Ahora qué?, ¿Cómo te atreves a hacer esas insinuaciones a una mujer casada?” la arree un buen morreo y ella me respondió. La metí dentro del aseo y había un tío que se nos quedó mirando pero no dijo nada. Nos encerramos en uno de los aseos y empezamos a meternos mano con muchas ganas. De vez en cuando trataba de parar diciéndome que eso no estaba bien, pero no había acabado de decirlo y estábamos otra vez enzarzados.

Saque un condón y m lo puse ante la negativa de ella a hacer nada, pero hice que se apoyara sobre la pared y aunque era muy estrecho el sitio, hice lo que pude para quitarle las bragas, ella se negaba y decía que no, pero dejo que se las apartara y cuando noto mi rabo en la entrada de su coño, dejo de hablar suspiro fuerte y se lo fui metiendo ante la respiración agitada de ella. Alba mientras la follaba con vehemencia, solo sabia decir, “Supe nada más verte, que nos traerías problema. Lo sabía, lo sabía, no pares, NO PARES” me ponía muy cachondo sus “protestas” y como lo hacía meneándose sin parar. Hasta que se corrió dándome unos buenos culazos. Lo que me puso muy cachondo y me corrí detrás de ella. Nos quedamos enganchados como un par de perros. Ella me decía, “Esto ha sido una locura” pensaba que estaba enfadada y arrepentida. Cogió papel higiénico, me dijo que me saliera y vigilara para salir ella y se quedó limpiándose. Salió veloz.

El resto de la noche fue bien y ya a altas horas nos fuimos todos. Cuando me despedí de Alba, me dijo, “Ojala no puedas dormir por los remordimientos” y no pude aguantarme la carcajada. Hasta Marc pregunto por esas risas y le dije, “Tu mujer que dice que me tendría que atrever a participar en el concurso de baile”, un concurso que participarían ellos. Marc se echó a reír también y lo que él no se atrevió a decir, lo dije yo, “Menudo ojo que tiene, si bailando soy un pato mareado”, Marc benevolente y tratando de quedar bien me respondió, “Hombre no lo haces mal, es cuestión de practicar. ¿verdad que si Alba?” y antes de que pudiera responder lo hice yo, con doble intención, “Lo de la práctica es fundamental, hay que practicar mucho”

Al día siguiente recibí un whatsapp de Alba, “El sábado a las 11 en el local, no faltes, tenemos que hablar” y allí estaba yo, ese dichoso sábado. Para entrar en el local, había que tocar un timbre. Lo toque un par de veces y nadie abría y cuando me disponía a irme, se abrió la puerta a mi espalda, que chirriaba demasiado, me gire y estaba Alba. Vestida de forma normal. Una camiseta blanca, una falda vaquera y unas deportivas. Pase dentro. Iba a preguntar qué había pasado o que pasaba, pero ella no paro, se fue directa a una habitación que utilizaban como oficina. Entro y se quedó apoyada sobre una mesa ovalada, que estaba llena de papeles. Lugo apoyo sus manos en la misma mesa y empezó a hablarme de lo que había sucedido la noche de la cena.

Me soltó un rollo de que no había estado bien. Estaba muy nerviosa, se le notaba. No paraba de hablar, hasta que al final me hizo una pregunta, “¿No opinas igual que yo? ¿Qué opinas tú?”, “Lo que opino, que es una tontería que me hayas dicho que venga aquí para decirme esta chorrada. Salvo que estés pensando lo mismo que estoy pensando yo. Que estamos aquí para follar más relajados”, pasamos de decirme que era un chulo, que, que me había creído a estar morreándonos como bestias y a tirar los papeles de la mesa al suelo. Me decía que no, que podía llegar alguien y le dije que no perdiéramos el tiempo. Esta vez sí logre quitarle las bragas y me desabroche el pantalón, me coloque rápidamente un condón y le metí el rabo sin más. Ella grito y ya dejo de decir que no. Tenía los ojos cerrados y la follaba tranquilamente, sin prisas. Le tocaba las tetas por encima de su camiseta y notaba como se endurecían sus pezones en mis dedos.

Se subió la camiseta, se metió las manos por detrás y se soltó el sujetador, sus tetas quedaron libres para mis manos. Cada vez nos íbamos poniéndonos más cachondo los dos. Ella gemía más alto y en ese sitio de techos altos, se oía con eco, lo que daba más morbo. Estaba a punto de correrme, me tenía cachondísimo y sus menos no ayudaban para que aguantara más, pero me concentre y lograba mantenerme. Tenso su cuerpo y se empezó a correr, a pesar de estar solos, se contuvo bastante y ya no hice ningún esfuerzo, al sentir como se venía me corrí yo también. Al terminar tire el condón en una papelera y me lo hizo recoger, se puso muy enfadada y luego bastante seria me espeto, “Esta tarde cuando aparezcas, ni una confianza de más, que no se note nada”

Esto último que dijo, me dejo claro que se había terminado por hoy el folleteo. Por la tarde noche, fui a las clases, que poco llevaba aprendido. Con intención legue un poco más tarde, no mucho, pero lo justo para que estuviera ya el mayor número de personas y pasar un poco más desapercibido. Salude a todos los que había y sin venir a cuento y de forma inesperada, Marc se dirige a mi diciéndome, “Abandona este lugar y no vuelvas más. Ya me ha dicho mi mujer que te has tratado de sobrepasar con ella y eso no se lo consiento a nadie, por favor márchate”, no me lo esperaba y estuve a punto de decirle la verdad y demostrándoselo diciéndole dos tatuajes que llevaba su mujer, los llevaba en unos sitios, que solo si estaba desnuda se les podían ver. Aunque me dio mucho coraje, pase de decir nada, me marche y punto.

El lunes recibo una llamada de mi tía Miriam (para quien no lo sepa, la mujer de mi tío) que me dice que va a pasar una noche aquí por motivos de trabajo, ya que al día siguiente a las ocho de la mañana tiene una reunión y por no madrugar y venirse conduciendo de noche. Aparte de decirle que no me tenía que pedir permiso que podía venir cuando quisiera y que lo sabía, no me pareció extraño porque eso lo habían hecho otras veces tanto mi tío como ella. Así que el miércoles cuando saliera de trabajar se vendría para aquí. Al día siguiente en el desayuno una compañera de otro departamento se me acerco para decirme que tenía que reunirse conmigo por un expediente que le traía a mal traer y que era uno que había sido anteriormente mío, como es natural le dije que cuando quisiera. Además para mí sería un placer, porque todos los tíos estábamos prendados de Alejandra, una pelirroja de 1,70, con unos ojos azules, pecosa y de 43 años. Estaba casada con un arquitecto y era inalcanzable. No aceptaba invitaciones ni a desayunar por parte de ningún hombre, siempre manteniendo distancias. Físicamente bestial, formas muy marcadas y exuberantes. Solo de pensar tenerla cerca me hacía empalmarme.

Pero ese día ni dio señales de vida. No sería tan importante. Al día siguiente miércoles, paso lo mismo que el día anterior, lo único que vario es que me dijo si a las 12 podría pasar, que el día anterior le fue imposible y le dije que me venía bien. Seguí con mi desayuno, sin darle más importancia ante mis compañeros y compañeras que desayunaban conmigo. Pero para mis adentros estaba deseando que llegaran las 12. Faltando 5 o 10 minutos para las 12. Sonó el teléfono fijo que hay en mi mesa, respondo y es Alejandra, para saber si lo podíamos dejar para la tarde, que se le había complicado la mañana. Maldigo para mis adentros, no podre, que viene mi tía. Le digo que me será imposible, que lo tendríamos que dejar para mañana, entonces después de un breve silencio, me dice que en cuanto pueda se acerca. No eran ni las 12,15 cuando la veo venir con unas carpetas. Entra, cierra la puerta del despacho y se sienta.

– Tengo un serio problema y necesito de tu ayuda.

– Te veo preocupada, seguro que no será para tanto y ya verás cómo ese expediente lo solucionamos en un visto y no visto. (Lo dije con mucha seguridad, pero ella no se relajó)

– No se trata de ningún expediente, eso ha sido para disimular ante todos los demás. Es algo personal y que requiere de mucha discreción, ¿Puedo contar con tu discreción?

– Pues claro que puedes. Me tienes expectante, porque no se en que te puedo ayudar. (Esto era verdad)

– Haya voy. He oído muchas cosas de ti, sé que la mayoría serán exageraciones, pero creo que aunque son exageraciones, me hacen confiar en ti, por lo que seré directa y clara al hablar. Rafel mi marido lleva ya mucho tiempo queriendo verme con otro hombre y ya la situación se ha hecho un poco insostenible. Ha llegado hasta proponerme “candidatos” y cada cual peor. Al final le he dicho que de hacerlo, como él no sabe elegir, elegiría yo y he pensado en ti, eres joven, simpático, inteligente y además físicamente estas muy bien. Por eso te lo propongo a ti y para que quede entre nosotros dos. Si no te gusto o te parece un disparate, no dudes en decirme que no y ya está. Si dices que sí, tiene que quedar en el ámbito totalmente privado y en el trabajo, seguir como hasta ahora, no variaría nada, ni desayunar juntos ni historias raras. Ya te he soltado mi speak. Ahora dime lo que tengas que decir.

– Te lo resumo en 4 palabras. ME HAS PUESTO CACHONDÍSIMO. Ves que soy directo y claro.

– me has subido los colores. Pero además de eso. ¿Alguna pregunta? ¿Alguna duda?

– Cuando has dicho eso de una situación insostenible con tu marido, ¿A qué te refieres?, ¿Tu marido quiere estar presente o solo quiere saber que has follado con alguien y ya está?, lo más importante para mí, ¿Cómo sois en el sexo, sobre todo tu?

– Al decir insostenible, no me refería a nada malo, es más bien obsesión. Si no lo hacemos con un personaje imaginario, no hay manera y todo el día dando la lata con lo mismo. Claro que quiere estar presente y dirigir la “orquesta”. Esta pregunta es más difícil de contestar. Rafel en la cama es imaginativo, con un punto malicioso. Y yo, pues en fin, no sé cómo describirme. En frio me cuesta todo y en caliente soy más receptiva. Para que lo entiendas mejor, salí con un chico de joven y no pasamos del manoseo, luego conocí a Rafel que es 5 años mayor que yo, me obnubilo y deje al chico con el que estaba y hasta el presente. ¿Y tú como eres?

– Perverso, lujurioso, un poco dominante. Me gusta hablar un poco “mal” durante el sexo y si al final estamos los tres, te aseguro que tu marido no dirigirá nada. Él lo pasar también muy bien, pero será igual de obediente que tú.

– No creo que se deje mandar, ¿No puedes ceder tu un poco?

– Hazle esa pregunta a él. No a mí. Si tu marido quiere, puede intentarlo, siempre está que si en un momento dado no le gusta, decir que se acabó y paramos. Como si lo dices tu o yo.

– A ver como se lo expongo.

– Pues ya me dirás como queda todo y sea lo que sea, no te preocupes, que yo jamás diré nada.

Joder como me puso, me dolía todo de lo empalmado que estaba. Y ver ese cuerpo alejarse con ese culo moviéndose, me puso peor y encima en un rato, tenía que ir a por mi tía y hasta la noche no me podría desahogar tranquilamente. Una gran putada. Trate de relajarme y me fui a por mi tía. Venia tan guapa como siempre y llevaba una pequeña maleta de mano. Una vez que la recogí, venia tan dicharachera como siempre. Hasta llegar a casa venia contándome todas la novedades y bastantes cotilleos que a mí me daban igual. Deje a mi tía en casa y mientras ella se instalaba, baje al supermercado a por unas cosas que me faltaban. En el camino me entretuve con algunos conocidos, iba sin prisa. Al llegar a casa Miriam se había dado una ducha, llevaba el pelo mojado y vestía una de sus típicas camisetas de andar por casa. Que estaba entre vestido y camiseta. Las tenia de todos los colores. La veía más buena que otras veces. Llevaba un vaso con una bebida que no sabía que podía ser. Me pidió que dejara las bolsas y fuera donde ella. Me hizo sentar en el mismo sillón, se movió para quedar de frente a mí, por lo que subió una de sus piernas al sillón quedando dobladas y pudiendo ver algo más de lo debido al tener las piernas así.

– Vamos a ver cabeza de chorlito. ¿Me puedes explicar esa locura con mi hermana? Porque podría entender que te hubiera pasado con su hija, pero con ella. Si además os odiáis. (El tono era controlado)

– No sé exactamente a que te refieres. (Me sorprendió y no sabía que podía haberle contado su hermana)

– Déjate de hacerte el tonto que mi hermana y yo nos contamos todo desde siempre. Que sé que os habéis enrollado a tope, para que veas que me lo ha contado, sé que estas muy bien dotado.

– Si, bien, vale. Nos hemos enrollado, sucedió así y ya está. Que quieres que te diga.

– Pues está asustada, porque tiene miedo a que su marido se lo note.

– Venga ya, ¿de verdad? no me lo puedo creer. Que no es ninguna niña. No me jodas tía.

– Ella es así. Lo que me dejo preocupada, es lo que me conto de cómo te comportas, esa “rudeza” que dice que usas. Si tú eres un chico muy educado, respetuoso, es que no me lo puedo creer. ¿Y no te gustan las de tu edad más? Se ha quedado un poco tocada porque dice que hizo cosas que no ha hecho nunca.

– Lo de la rudeza no lo entiendo y ella hizo lo que quiso hacer, nadie la obligo a nada. Me gustan las de mi edad, pero me das más morbo las maduras, pero mucho más. (Intente cambiar de conversación) ¿Y dónde tienes la reunión mañana?

– No tengo ninguna reunión. He venido para hablar contigo, pero no podía decirle a tu tío lo que ha pasado y que venía a hablar contigo de eso. Lo que no entendías de la rudeza, mi hermana me ha dicho que te gusta jugar fuerte y desde una posición un poco superior.

– Jaja.

– ¿Qué te ha hecho gracia? (Seria)

– Lo comedida que eres hablando.

– ¿Cómo lo hubieras dicho tú?

– No he jugado con Rosalía, hemos follado y no he estado en una posición superior, la he dominado. Pero lo mejor ha sido como se lo ha pasado y lo bien que se portó. ¿Eso no te lo ha contado? No te ha contado como me pedía más. Tampoco te ha dicho que jamás se la habían follado de esa manera.

– No era necesario que fueras tan soez contestando. Yo siempre te he respetado. Dejemos la conversación aquí y voy a ir preparando algo para cenar.

Mas que dejar la conversación por enfado, me daba que fue por excitación. Igual que yo me había empalmado a ella se le habían puesto los pezones tremendamente marcados. Hasta ese día nunca se los había notado así, ni así ni de ninguna manera. Al rato fui a la cocina y me quede mirando su culo. Mi tía sin darse la vuelta, me dijo, “No me gusta que estés ahí mirándome y sin decir nada, me pones muy nerviosa”, “es que no sé cómo explicarte que no he querido ser soez como me has dicho, solo te he hablado así por la confianza que te tengo, como si hablara a una amiga”, Miriam no se quedó callada y me respondió más seria dándose la vuelta, “Es que no soy una amiga, soy TÚ TÍA”, no me lo pensé y la respondí con el mismo tono que ella acababa de utilizar. “Pues técnicamente serás mi tía, pero la realidad es que eres la mujer de mi tío, si os divorciarais, ya no lo serias” se vio que se enojó y se dio la vuelta.

Me acerque a ella, la agarre por la cintura como lo había hecho muchas veces. Pegue mi boca a su oído y le dije, “No te enfades tía. Sabes que aunque te divorciaras para mi seguirías siendo mi tía y sobre todo mi gran amiga, mi confidente” le di un beso muy sensual en su cuello, como otras veces, aunque esta vez llevaba una intención distinta y cuando se le erizo la piel, supe que lo había hecho bien. Ella con voz más pausada me dijo, “Eres malo, no me gusta que me hagas rabiar. Porque además solo quería que te dieras cuenta de que si mi cuñado se enterara de lo de mi hermana contigo, meterías en un compromiso a toda la familia. ¿Lo entiendes? ¿Por qué lo hiciste?”

Le quise hacer ver, que sucedió porque tenía que suceder y que a los dos nos gustó, aunque su hermana ahora estuviera con remordimientos y también eche un farol, al decirle que su hermana estaba muy “necesitada” porque así me lo dijo, como también me dijo que su hermana, por ella, estaba tan necesitada como ella, con la diferencia de que su hermana era más cachonda que ella. Todo esto era de mi invención y por lo que me contaron la hija de Rosalía y la amiga. Mientras se lo decía, había pegado mi duro rabo entre sus cachas del culo. Lo único que dijo ella y muy nerviosa fue, “No hagas caso de lo que diga mi hermana, que siempre busca comprometer a las demás” y mi contestación fue, mientras le pegaba y rozaba bien mi rabo para luego apartarme, “Pues es una gran pena, porque tu estas mucho mejor que tu hermana y yo pensaba que (deje la frase ahí, sin acabar, para que me preguntara, que me pidiera que siguiera) mejor no digo nada más” como no dijo nada, la conversación termino allí. Me fui a cambiar y ponerme cómodo.

Estaba en mi habitación y golpeo la puerta diciéndome que ya estaba la cena. Estaba deseando que me preguntara lo que había dejado a medias. Porque tenía pensado utilizar lo que me había contado la hija de Rosalía. Que una vez veranearon juntos sus familias, en un par de ocasiones, Mirian y mi tío, pensando que estaban solos se pusieron a follar y mi tío la llamaba ”puta” “zorra” calienta braguetas, etc. Pero todo eso y algo de mi cosecha, podría ser muy productivo. La cena fue muy moderada, una gran ensalada de todo. Acabamos rápido. Luego nos pusimos unas buenas porciones de helado y nos fuimos a sentar a los sillones. A ella en cuanto se descuidaba se le veía más de lo que se debería de ver. Y yo debía tener cuidado, porque me había puesto un pantalón de pijama largo, sin nada debajo y una camiseta, aunque en parte era intencionado. Y como yo esperaba, mi tía volvió a la conversación que habíamos tenido.

– Antes te has quedado a mitad de decirme algo, que decías de mi hermana y de mí.

– Ya sé a qué te refieres, pero es que recordé que eres mi “tía” y no quería que me dijeras que soy soez. Porque me lo dirías si lo dijera como pensaba, pero es que no se decirlo de otra manera.

– Vale tu ganas, dímelo como si además de tu tía fuera tu amiga como tú dices.

– Pues que pensaba que tú eras mucho más cachonda que tu hermana, estoy seguro, bueno más que seguro.

– Jaja, ¿Que eres vidente? ¿Por qué esa afirmación tan rotunda?

– Por lo que dice mi tío.

– ¿Cómo que lo que dice tu tío? ¿Es que tu tío te ha hablado de mí?

– No.

– Pues explícate. (Aquí venia mi farol)

– En alguna ocasión os he oído follar. He oído como te llamaba puta, zorra y otras cosas. Como también he oído como te decía que te gustaba calentar a otros tíos, incluidos algún nombre de amigos y como tu decías a todo que sí, que eras muy puta. Como también te decía que te hacía falta una buena verga (termino que usaba mi tío, cuando se refería al rabo, aunque nunca lo hizo estando la familia, lo que me venía bien para ser más creíble) y luego te decía que mejor un buen vergón. Y tú le decías que sí y más cosas que ya sabes tú y luego la forma en que te corrías. (Se quedo sin habla y se manchó con el helado)

– Eso es invadir la intimidad de una pareja. No tiene excusa ni perdón. No se puede espiar a la gente.

– No he espiado a nadie. Fue en casa de los abuelos. Que creíais que estabais solos y os ponías a darle al tema. No espiaba nada, se os oía por todos los sitios. Que tenía que haber hecho, tenía que haber ido a la habitación y deciros parar que estoy aquí al lado. (Otro farol que dio en la diana)

– Que vergüenza que estoy pasando ahora mismo. Pero eso no quiere decir que tu afirmación era cierta. En esos momentos de pareja se dice de todo y ese todo no quiere decir que sea verdad. ¿Lo entiendes?

– Pues tu hermana me dijo (otra vez que iba de farol, utilizando lo que la sobrina había oído) que no parabas de quejarte de que ya no te daban la “caña” que tu necesitabas. Que estabas muy harta y que porque en el pueblo se sabe todo, que si no mi tío llevaría unos buenos cuernos.

– Mi madre es una santa pero mi hermana es una HIJA DE PUTA, ya verás cuando la pille.

– Tu no dirás nada.

– ¿Por qué no voy a decirle nada? ¿Por qué lo digas tú?

– Exacto, porque lo digo yo.

– ¿Y que más va a ordenar el niño?

– El “niño” solo te dice que quiere follarte y que entonces si te ordenara.

– Tu helado debía de llevar algo raro, porque se te ha ido la cabeza y aunque es temprano será mejor que me vaya a dormir.

– Que manera de estropear esta oportunidad que tenemos los dos.

Se quedo mirando, los pezones a reventar, pero dijo que se iba a dormir y que nada de esto había pasado, que no habíamos hablado de nada. Se marchaba y la dije, “Mucho que te cuente y te vas tan enfadada que no me das ni un beso de buenas noches como siempre”, porque siempre que coincidíamos en el mismo sitio para dormir, todos nos despedíamos de los demás con un par de besos. Ella volvió hacia mí, que seguía sentado y se agacho para darme dos besos. En cuanto se descuidó, le di un muerdo en condiciones, se resistió unos milisegundos y nuestras lenguas se tocaron. Cayo encima de mí y aproveche para tocarla. Se levanto con aspavientos y dijo, “Que mi hermana estuviera loca, no quiere decir que yo lo este” se marchó y se oyó cerra la puerta de su habitación con algo de “violencia”.

Estuve esperando más de media hora, pero no regreso mi tía. Apague las luces y me fui con mi super calentón a mi habitación. Al llegar a la de mi tía me pare, estuve a punto de abrir la puerta, aunque seguro que habría cerrado por dentro. No quise intentarlo. Llegue a mi habitación y encendí la luz, pero no me aguantaba, fui de nuevo a la habitación de mi tía, intente abrir y tenía cerrado por dentro. Me pareció que decía algo, pegue la oreja y no me decía nada, estaba hablando por teléfono y por lo que pude oír era con mi tío. Desistí y me fui a mi habitación, seria cuestión de ventilármelas yo solito.

Vi que tenía varios avisos en mi móvil, era varias llamadas de un compañero y algunos mensajes de urgencia. Le llame y era una cosa que podía esperar pero ya que estaba hablando con el decidí ayudarle. Se abrió la puerta de mi habitación mientras hablaba con mi compañero. Era mi tía que venía hacia mí, venia con la misma camiseta y se quedó mirándome. Se acerco más y me empezó a tocar mi rabo por encima del pantalón de chándal. Rápidamente se me puso duro. Después de estar acariciándolo un rato, tiro de mi pantalón hacia abajo. Levante mis caderas para que pudiera quitarlo y mi rabo salto todo duro. Miriam me quito el pantalón del todo y volvió a dedicarle sus atenciones a mi rabo. Me costaba hasta seguir la conversación con mi compañero, pero era excitante. En cuanto empezó a comerme el rabo, ya empecé a perder el sentido, por el gusto que me estaba dando.

Me deshice de mi compañero y una vez que acabe mi mirada se cruzó con la de mi tía. No me pude aguantar y sin saber porque le dije, “Que puta que eres, a esto habías venido, a follarte al sobrino de tu marido. Te lo conto tu hermana y querías probar, ¿Verdad putón?” ella seguía a lo suyo y no contestaba. Por lo que la quite de golpe y se extrañó. Tire de ella hacia arriba, le saque de manera violenta la camiseta y se quedó en tetas y con un tanga. Le agarre la cara y le dije que me contestara. Su única respuesta fue, “Que más da. Estamos a lo que estamos” metí mi mano entre sus piernas y su tanga estaba mojado a tope. Saque mi mano con mis dedos empapados y la mire preguntándole, “¿Y esto, que es puta?” ella que estaba muy cachonda me dijo, “Que va a ser, que tengo ganas de que me la metas”

Estuve pateándola un rato, llevándola al clímax en más de una ocasión, pero no dejándola culminar. Poco a poco iba siendo mía, se aflojaba su resistencia, se entregaba más. Hasta que me pedía que la follase, ya no andaba con un lenguaje más fino, estaba entregada. Se tumbo boca arriba, decía que quería sentir mi peso, ver mi cara. Me coloque entre sus piernas y ella paso las suyas por mi cintura, enganchándose con fuerza y atrayéndome hacia ella. Mi rabo estaba pegado a su coño, pero no se lo metía, ella me miraba con ganas y al final empecé a follarla. En el momento que mi rabo empezó a entrar, ella gemía en alto y decía, “SI, SI, ASÍ, NO PARES, SIIIIIGUE” y se quedó aguantando el aire, con la boca cerrada hasta que volvió a decir, “DIOS, QUE BUENO, ME MUERO, NO TE PARES” ya no hablaba en voz baja, todo lo que decía era a pleno pulmón.

“Ves como eres muy puta, como te hacía falta un buen vergón como dice tu marido” le decía y ella cachonda a tope, me decía, “SI, SI, SI, ME HACIA MUCHA FALTA, SI, SI, SOY MUY PUTA, FOLLANDO CON MI SOBRINO”, me agarraba la cara y tiraba hacia ella, hasta que nos morreamos y nuestros movimientos se hicieron más fuertes. Nos corrimos casi a la vez, pero no pare y el rabo se mantuvo firme y duro. Así estuvimos follando durante bastante tiempo hasta que mi tía me dijo, “Déjame descansar un momento, que me faltan fuerzas”, fui a por agua a la cocina y de paso cogí lubricante, pensaba follarme su culo. Cuando llegue estaba de lado, parecía que se había dormido. Pero no estaba despierta.

Le di el agua y se la bebió de un trago y entonces si se quedó como más relajada. Pero eso no lo quería yo, por lo que le di un azote en el culo y la dije, “¡VAMOS PUTA, ESPABILA QUE AUN NO HE TERMINADO CONTIGO!” se quejó del azote, me llamo salvaje y empecé a acariciar sus nalgas, ella gemía con mucha suavidad y me puse lubricante en los dedos y al notarlo Miriam, supo de qué iba y solo me dijo, “Pero con mucho cuidado y amor, que es más grande que la de tu tío, no me vayas a dañar”, se tumbó boca abajo, se metió una mano por debajo y vi cómo se empezaba a estimular. Seguí haciéndole un dedo anal o más bien dos y lubricándoselo bien.

En cuanto oí que sus gemidos aumentaban, me coloque detrás de ella y puse mi rabo en su culo. Miriam me dijo que en todo momento la hiciera caso, solo por esa vez. Y así lo hice. Follaba su culo al ritmo que ella decía, hasta que llegó un momento que los gemidos eran altos y me dijo, “Ahora con cuidado, pero remata la faena sin parar, todo tuyo”, le metí todo el rabo y ella decía que bien lo había sentido, Fui a mi ritmo aumentando la follada y ella se corrió muy rápido, pero me reclamo que no parara y seguí follando ese culo tan rico. Llene su culo con mi corrida, fue algo fabuloso, correrme en el culo de mi tía.

Creía que nos quedaríamos descansando un poco, pero Miriam se levantó de golpe y dijo que teníamos que asearnos. No me dio ni tiempo. Nos duchamos y luego nos fuimos a la cama. Quise hablar con ella, pero se quedó dormida en segundos. Yo tarde bastante más en hacerlo, porque me había quedado un poco desvelado. Estaba en pleno sueño cuando noto a alguien que me está comiendo el rabo, entreabro los ojos y era Miriam que estaba haciéndome una comida brutal. Ella al verme despierto, para y me dice, “Buenos días sobrino, ¿Te gusta cómo te he despertado?” mi respuesta fue agarrar su cabeza y llevarla hasta mi rabo. No sé lo que llevaba comiéndome el rabo, pero desde que me desperté no tarde nada en llenar su boca.

Pero yo no tenía suficiente, quería follármela de nuevo y ella me dijo, “Imposible, que tu tío ya está de camino y no tardara mucho en llegar” mire la hora y era la una menos diez. Ella se fue y yo remolonee un poco antes de ir al baño y vestirme. Cuando salí y fui a la cocina, estaba mi tío ya, que me saludo muy efusivamente y mi tía dijo, “Menudo sobrino más vaguete, he ido a la reunión y he vuelto y seguía durmiendo”, nos fuimos a comer los tres antes de que se volvieran al pueblo y mi tía le dijo a mi tío, “Pues ahora quieren hacer reuniones de este tipo más a menudo, como mínimo dicen que una vez al mes. ¿Tú me acogerás? Sobrino predilecto” y uniendo nuestras miradas cómplices, le conteste, “Siempre que lo necesites y si quieres puedes traerte a tu hermana Rosalía, que aunque no me llevo muy bien con ella, no me molestaría para nada, lo mismo nos hacemos más amigos” la cara de mi tía a lo que dije fue de sorpresa y no supe cómo se lo había tomado.