Me quede completamente sola con mi tío, me hizo recibir toso su semen haciéndome pasar una noche muy dolorosa

No te preocupes por el tema de tu mamita, mi amor. Yo hablare temprano con ella y lo solucionare todo por ti. Después de todo, para que estamos las tías consentidas. Pero ahora no debes de pensar en eso, debes hacerme gozar de placer, apenas y llevamos un pequeño round y yo todavía estoy que me derrito de calentura. Yo me recosté mostrándole mi gran tesoro totalmente abierto para él.

Mi sobrino boca abajo se acercó a mí y sensualmente saco su lengua para desembocarla hacia mi sexo. Mi vagina irradiaba un intenso calor hacia su rostro. Él, sin perder ni un segundo, comenzó a probar los dulces fluidos que brotaban de ella de una manera descontrolada. Su lengua se aventuraba salvajemente por mis labios mayores y menores. Traviesamente se colaba un poco dentro de mi vagina y en repetidas ocasiones chupaba con intensidad mi clítoris haciéndome gemir intensamente, mientras sujetaba su linda cabeza no dejándolo escapar. Mis manos se perdían entre su cabello mientras él seguía otorgándole a mi vagina todo su amor. Mi cuerpo se contorsionaba por el placer que su lengua le provocaba. Penetra mi ano con tu lengua, quiero sentir tú humedad dentro de mí –dije con una lujuria que se desbordaba de mi voz–. Mi sobrino bajó un poco su cabeza y metió su pícara lengua en mi recto. La sensación era algo indescriptible. Sentía como si un gusano vivo y grueso, se retorciera y quisiera entrar por mi recto. Yo sujete con fuerza sus cabellos y gemí de placer nuevamente. La lengua de mi sobrino se movía apasionadamente deleitándose y disfrutando en su boca el sabor a mierda de mi ano. Parecía que se había vuelto adicto a su sabor por que no paraba de comerlo, como si para él fuera el platillo más delicioso de todo el mundo. Yo levanté la piel que cubría mi clítoris y moje mis dedos con mis labios. Mi saliva los empapó por completo. La saliva era tanta que chorreaba, descendiendo por mi mano y mi brazo. Froté mi clítoris rosado y descubierto. Estaba tan sensible que me hacía gemir tan solo con rosarlo con mis húmedos dedos. La lengua de mi sobrino degustaba los fluidos de mi ano que de vez en vez se escapaban de él. Yo frotaba circularmente mi clítoris sin parar mientras mi sobrino me penetraba salvajemente con su lengua. Con mi otra mano comencé a penetrarme duramente con varios dedos. El placer que experimentaba era irresistible. Mi lengua salía involuntariamente de mi boca, hacía que mi saliva chorreara por mis labios y mi barbilla hasta caer en mis enormes senos. Un terremoto de placer se presentó en mi cuerpo, dejando salir volcánicamente la pasión de mi vagina mediante una gran erupción de mi eyaculación. Mis fluidos empaparon violentamente el rostro de mi sobrino dejándolo totalmente húmedo. Él bebió todo lo que pudo y mezclo en su boca el sabor de mi ano con el de mi vagina. Sabes delicioso tía –dijo después de haberse bebido mi gran eyaculación–. Su pene ya estaba listo para otra ronda.

Se acercó a mí desplazándose con sus brazos sobre la cama. Yo estaba respirando agitadamente, con mi entrepierna empapada aún en mis fluidos. Se aproximó a mis labios con su piel sudada encima de la mía y me beso apasionadamente. Podía sentir latir su corazón, que lo hacía con fuerza y mucha intensidad encima del mío. Ese momento nuestros corazones se conectaron por unos momentos. Latiendo a una misma fuerza y un mismo ritmo. Quiero que pretendas ser mi mamá, tía –dijo cuando terminó de besarme viéndome profundamente a los ojos–. Yo pude ver que realmente deseaba tener a su madre, así que decidí complacerlo con su erótica fantasía, tan llena de perversión. Está bien mi amor, yo soy quien tú quieras –dije–. Espérame aquí relajado y ahora vuelvo chiquito –añadí, mientras dulcemente acariciaba su pecho–. Él se puso cómodo en la pequeña cama y yo fui a la lavandería para sacar algo de ropa usada de su madre. Lo único que pude encontrar fue unos shorts muy pequeños de mezclilla y una blusa roja con escote como del diario. Me puse esa ropa sin usar ropa interior y volví a donde mi sobrino me esperaba con el pene duro como un gran tubo de hierro. ¿Qué es lo que vas a querer para desayunar mi amor? –pregunte coquetamente mientras me acercaba a él–. Mis senos casi se salían de aquel escote y la mente de mi sobrino se había ido por completo a viajar en su fantasía. ¿Por qué te estabas tocando tu cosita oliendo mis calzones, mamá? –Preguntó muy adentrado en su fantasía–. Yo vi que hablaba muy enserio con eso de pretender ser su madre; por lo que le seguí el juego. Es porque me gustan como huelen mi amor, cuando lavo tu ropa interior su aroma me vuelve loca y no puedo evitar olerlos y fantasear con tu esencia con tu rico sabor –dije con un tono extremadamente sexy en mi voz–. Él había perdido totalmente la realidad y pensaba que yo realmente era su madre. Mamita, siempre he querido probarte; no sabes cuantas veces te espiaba cuando te cambiabas en el baño. Yo me sorprendí por las confesiones involuntarias de mi sobrino, su deseo hacia su madre no partía solo de aquella vez. El había estado espiando a su madre desde tiempo atrás.

– ¿Hace cuánto tiempo que me espías mi amor?

–Lo hago desde que hace mucho, incluso me masturbaba pensando en ti.

– ¿Pero cómo es posible mi amor, acaso no me respetas ni porque soy tu madre?

–Yo soy t hijo y aun así te vi lamiendo mi ropa interior.

–Eso es diferente, yo soy tu madre, yo puedo hacer lo que quiera.

–Pues entonces yo también, y lo que yo más quiero es tenerte y hacerte mía.

–Entonces vamos a ver si realmente estas a la altura mi amor.

Le escupí en el pene y me subí encima de su pene. Mis shorts aun los tenía puestos y mi blusa igual. El tomo mis senos por encima de la blusa y comenzó a frotarlos muy suavemente. Quiero que me des leche como cuando era un bebé mamita –dijo–. Yo saque uno de mis pechos por encima de la blusa como si fuera a amamantar a un niño pequeño y la puse en su boca. Comencé a frotar mi vagina por encima de la ropa con mi sobrino y su pene descubierto. El gemía intensamente mientras chupaba mi seno y en ocasiones lo mordía, sin dejar de apretarlo fuertemente con ambas manos. Yo estaba comenzando a sentir nuevamente humedad en mi vagina. Las dulces mordidas de mi sobrino me llevaban a experimentar un placer muy salvaje. Yo me movía y meneaba mi trasero encima de él como una de esas chicas que bailan reggaetón. El movimiento era muy desbocado y lo hacía gemir sin control. Después de unos minutos escuche un pequeño ruido pero no le presté mucha atención. Repentinamente alguien abrió la puerta y pregunto ¿estás bien hijo, escuché unos ruidos raros? Su madre nos vio moviéndonos sensualmente y su hijo debajo de mi totalmente indefenso y desnudo. ¡¿Qué chingados estás haciendo con mi hijo Julia?! Continuara…

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