Mis dos mejores amigas me invitan a follar ¡Fantasía cumplida!

En una época de mi vida cuando tenía unos 40 años trabajaba en un restaurante que tenía terraza y una noche cualquiera como tantas noches, llegaron a sentarse dos mujeres.

Dos mujeres que en principio parecían madre e hija, la mayor rondaba los 50 años de edad y la joven unos 30 años.

Me pidieron las consumiciones y se las serví, posteriormente me pidieron consejo sobre los platos que ofrecíamos y les recomendé alguno que parecía ser de su agrado.

No pude por menos que darme cuenta de que la joven me miraba descaradamente de arriba abajo y cuando coincidían nuestras miradas me sonreía agradablemente, yo hacía lo mismo con ella. Llevaba el pelo recogido en un moño que le quedaba bastante bien, lo lucia con gracia y le quedaba acorde a su personalidad como muy jipiesca la chica, tenía ojos de color azul claro y las facciones muy delicadas y femeninas, boca con labios delgados y su cuerpo en general bien hecho y delgadita, llevaba pantalón vaquero roto por las rodillas y desgastado, pulseras de cuero en las muñecas y anillos diferentes en todos los dedos de sus manos.

La otra mujer, era un poquito gruesa, más bien feucha de cara, de pelo desarreglado, labios gruesos, nariz chata y gorda, piernas normales y grandes pechos, en realidad un poquito basta y poco femenina.

Después de hablar un rato con ellas, me saltó a la vista que eran amigas y no familiares como pensaba en un principio, amigas si no algo más íntimo.

Con cada plato que les sacaba, me regalaban una sonrisa que yo correspondía con agrado, al principio sin ánimo de nada, simplemente era mi trabajo y resultaban simpáticas aunque algo pesadas.

Según iba pasando la noche yo me comía un poco la cabeza con estas dos chicas, pensaba en qué relación tendrían y porqué me sonreían tanto, tratando de darme conversación y pidiéndome, sal, después pan, luego mostaza y así cada vez que salía a la terraza. Claramente se veía que querían llamar mi atención.

Cuando tuve un rato libre me acerqué a ellas para interesarme por como llevaban la cena, si estaba la comida a su gusto y cosas así. Aprovecharon para entablar conversación preguntándome donde podrían ir después de cenar para tomar una copa, algún garito con ambiente de la zona.

En invierno y en un pueblo costero como este, es difícil entre semana encontrar ambiente en algún garito pero aun así les indique uno al que solía ir yo de vez en cuando, lugar tranquilo y apropiado para tomar copas con buena música y relajado ambiente. Haciéndolas saber que cuando yo terminara mi turno en el restaurante pasaría por allí y si nos encontrábamos podríamos tomarla juntos. Les pareció estupenda la idea y a partir de aquí empecé a dejar volar la imaginación.

Daba por hecho que me las llevaría a mi apartamento y allí tomaríamos tantas copas como hicieran falta hasta que me las follara a las dos.

A la mayor la partiría el culo mientras le comía el coño a la jipi, después pondría a la jipi a comerle el coño a la fea mientras la rompía el ojete para correrme en su boca y cosas así pasaban por mi mente.

Joder me estaba poniendo cachondo y cada vez que las veía pensaba en las diferentes posturas que haríamos en la cama.

Bueno, llegó la hora de irse pagaron la cuenta y se despidieron sin confirmar si estarían en el garito o no. No pasa nada yo iría como de costumbre y si estaban, bien y si no estaban, pues otra noche más sin follar.

Al terminar mi turno sobre las doce de la noche, subí al coche y me dirigí al garito de marras, al entrar miré por todas partes por si las veía pero no las encontré, pensé que habían pasado de mi ampliamente. Me dirigí a la barra y le pedí a la camarera una cerveza, me senté en uno de los taburetes altos que había en la barra y tranquilamente escuchando música y comiéndome unos frutos secos pasé un buen rato. Charlé con algunos conocidos que encontré allí y pasé unas dos horas hasta que cerraron el pub.

Pagué mis cervezas y salí del local hacia el coche cuando las vi sentadas en un banco tomando el aire fresco, me dirigí a ellas y las saludé.

– Hola, has venido, no te querías perder lo que podría ser una lujuriosa noche de folleteo con dos chicas – dijo la mayor

– Pues es una excelente idea, llevo toda la noche pensando solo en eso –

Las dos se rieron, estaban un poco bebidas y cualquier cosa les hacía gracia.

– Ven siéntate en medio de las dos – me ofreció la jipi

– Mira si me vais a bacilar paso de follar esta noche, hay más días –

Se volvieron a reír y me ofrecieron de nuevo sentarme en medio de las dos. Esta vez acepté y me senté en el banco, pasando los brazos por encima de cada una de ellas. La jipi recostó su cabeza en mi pecho y la otra se resbaló hacia adelante para quedar medio tumbada.

Debido a la postura mi mano quedaba a la altura de uno de los pechos de la jipi, así es que ni corto ni perezoso se lo empecé a acariciar suavemente, no eran muy grandes por lo que no llevaba sujetador, mientras la otra con su lengua jugueteaba con mis dedos metiéndoselos en la boca para después besarlos y lubricarse los labios acariciándoselos con ellos.

La situación era relajante y a mí se me había puesto la polla dura, notándose el bulto a través del pantalón. De vez en cuando le susurraba cosas obscenas en el oído de la jipi, notando con mis dedos como se le endurecía el pezón, le ponía la punta de la lengua en su oído y esta se estremecía.

Con mi mano di la vuelta a la cabeza de la otra y poniéndola frente a mí le comí la boca lamiéndole los labios y mordisqueándoselos al tiempo que ella hacía lo mismo con los míos.

La postura era incómoda para los tres en ese banco de madera urbano por lo que les propuse ir a mi apartamento. Aceptaron de buen grado, así es, que subimos al coche y nos dirigimos a casa.

Una vez llegamos las invité a sentarse en el sofá mientras sacaba unas cervezas del frigorífico. Me senté con ellas y puse la televisión por no estar en silencio. Una de ellas dijo que quería ducharse y la otra la acompaño a la ducha. Mientras se duchaban les preparé las toallas y a través del cristal de la mampara se les recortaba la silueta, dejándose entrever como se juntaban sus pechos cuando se acercaban para besarse en la boca. Les caía el agua templada de la ducha en el cabello recorriendo sus espaldas mientras se acariciaban y besaban. Salí de allí pues no me parecía correcto mirar mientras jugaban entre ellas. Mi polla estaba dura de cojones, me senté en el sofá a esperar que salieran.

Salieron desnudas y me dirigí hacia la ducha pasando por medio de ellas y acariciando sus cinturas a mi paso.

Me duché y me emperifollé para el momento, la polla no dejaba de estar dura, entré al salón y allí estaban las dos en un 69 comiéndose los coños entre sí, las propuse ir a la cama y hacer lo mismo pero más cómodamente. Se levantaron y fuimos los tres a la habitación.

Se atravesaron en la cama de matrimonio de forma que cada una de ellas dejaba su coño a disposición mía por cada lado de la cama. La hipi estaba tumbada boca arriba y encima de ella la otra en un sesenta y nueve sexual perfecto. Me arrodillé y comencé a lamer el coño de la hipi junto con la otra, jugueteamos con nuestras lenguas, lamiendo cada cual cómo podía, ella al rato se adjudicó el clítoris, masajeándolo con la punta de la lengua, se notaban los espasmos que le producían estos masajes pues involuntariamente estiraba las piernas con pequeños calambres que le producían placenteramente, yo pasaba mi lengua por todo lo largo de su vagina hasta que me cebé en el agujero de su culo, le metía la punta de la lengua abriendo hueco para posteriormente penetrar ese culito hipi, María y yo lamiamos desenfrenadamente y juntábamos nuestras lenguas ensalivando todo lo que pillábamos a nuestro paso, mezclándose con los fluidos vaginales que salían del coño de Rubí que así se llamaba la joven.

Al rato de abrir ese culito a base de lengua y cuando estaba bien lubricado me levanté y puse mi verga dura en la boca de María para que la chupara. Esta la agarró con su mano y comenzó a restregarla contra el clítoris de Rubí al mismo tiempo que la lamía todo lo larga que era, después la colocó en la entrada del culito de Rubí y me agarró las nalgas atrayéndome para que penetrara ese culito afrodisiaco.

Lentamente entró el capullo mientras Rubí lamia la almeja de Maria que al notar la entrada de mi polla se le entrecortó el aliento y movía la cabeza de lado a lado absorbiendo como una ventosa los gruesos labios vaginales de Maria al tiempo que yo penetraba con un lento mete y saca mi tremenda polla que desgarraba ese precioso culito.

María al notar los rápidos movimientos y lametazos de Rubí, lamia y comía mi polla frenéticamente al tiempo que abría con sus dedos el culo de Rubí para que entrara mi nabo aún más y absorbía los fluidos que salían del coño de Rubí en su primer orgasmo. Rubí gritaba y gemía mientras se contorsionaba corriéndose en la boca de Maria.

Ahora saqué la polla de ese tremendo culito y se la puse en la boca a Maria que ansiadamente lo lamió y lubricó con los jugos que tenía en su boca. Le saqué la polla de la boca y me di la vuelta a la cama, Maria tenía el culo en pompa abierto y claramente se veía a Rubí como le estaba comiendo el coño boca arriba, puse mi polla en la boca de Rubí, ella la cogió con la mano y se la introdujo toda chupando hasta que decidió sacarla empujándola con su lengua, entonces escupí en el culo de Maria y con la punta del nabo se lo lubriqué al más puro estilo troglodita, me cogí la polla con la mano y la introduje en el culo estrecho de Maria, joder no entraba, entonces Rubí con sus pulgares abrió el ojete y ella misma con su mano introdujo mi polla desgarrando ese maravilloso ojete que por primera vez acogía una espléndida polla como la mía. Acababa de desvirgar a María, la cincuentona que había puesto su orificio a mi disposición para penetrarlo. Y eso hice apreté lentamente hasta que quedó perfectamente lubricado y abierto, resbalando el nabo en las entradas y salidas bestiales que le proporcionaba, taladrando ese orificio maravilloso que estaba a punto de proporcionarme una espectacular corrida.

María seguía comiendo el coño a Rubí enloquecidamente pues era la primera vez que sentía un rabo de este tamaño en sus entrañas, alucinaba, gemía, lloraba, gritaba y con su lengua restregaba el culo, el coño y las nalgas de Rubí que debido a estos restregones comía de la misma manera el coño de María que acabó por correrse en su boca mientras tenía mi polla penetrándola el culo.

Saqué la polla y poniéndola en el coño de María penetré ese coño suave y ardiente que me había preparado Rubí. Durante un largo rato penetré ese coño con potentes arremetidas que hacían las delicias de María, cuando sentí que me corría saque la polla y chorree el coño de Maria con mi espeso y cálido semen que resbalaba hacia la boca de Rubí, llenándola del semen celestial hasta que rebosaba por sus mejillas empapando su cara y la sabana.

Junté sus bocas, las agarré del pelo y las obligué a lamer mi polla hasta que la dejaron seca, entonces se la retiré y junté sus bocas que estaban llenas de semen, comiéndose entre ellas sus labios y relamiendo sus mejillas.

Me fui a la parte de atrás de la cama y teniendo los dos culos en pompa comencé a lamer el de Rubí mientras con mi mano acariciaba el coño completo de Maria, le metí el dedo pulgar en el culo y hacía movimientos de mete y saca a la vez que masajeaba su clítoris lo que en poco tiempo provocó otro orgasmo en Maria mientras me comía el coño de Rubí.

Dejé a Rubí y fui a comerle el coño a María, lamiéndole y pasándole mi lengua por todo su enorme coño empapado en los fluidos del orgasmo que acababa de tener. Mientras masajeaba el coño de Rubí con mi mano, metiendo el dedo pulgar en su ojete con movimientos de mete y saca. Con mis dedos masajeaba su clítoris hasta que conseguí sacarle un nuevo orgasmo. Dejé de comerle el coño a Maria para pasar a comérselo a Rubí me había encendido con el olor de ese orgasmo, chupe y trague hasta la última gota de ese cautivador perfume vaginal.

Con estas lamidas de coños la polla se me volvió poner dura, así es que me levanté y alternativamente metía mi polla primero en el coño de una y después en el de otra hasta que terminé corriéndome en el coño de Rubí. Agarré por el pelo a Maria y la obligué a comer todo el semen que derramaba Rubí por el chocho, al mismo tiempo yo le comía la boca a Rubí hasta que le puse la polla en su boca para que lamiera y secara el semen que quedaba en ella.

A mí se me doblaron las piernas y caí tumbado en la cama, Rubí cayó desfallecida con la cabeza en mi polla y María quedó sentada en el suelo con los brazos y la cara apoyados en el colchón.

Ninguno esperábamos una follada tan bestial como la que habíamos tenido esta noche.

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