Su Natalia: Ahora sabe muy bien como es su novia, una puta que no puede dejar de tener sexo y que le encanta ser infiel

No conseguía dormir bien, y me desperté varias veces durante esa noche. En cambio, Natalia, sí que dormía plácidamente. En una de las veces en que me desperté noté que ya entraba luz por la ventana. Busqué en la mesita mi móvil y vi que aun eran las 8:30 de la mañana. Decidí intentar dormir un rato más… Pero no pude; no paraba de darle vueltas a lo ocurrido en la tarde-noche anterior, y más, después de levantar la sabana para mirar a mi chica y encontrarla allí, tan tranquila durmiendo, casi desnuda y sólo con las braguitas tanga que llevaba.

Pasado otro rato sin conseguir dormir, volví a comprobar la hora en el teléfono: eran las 9:20… Cogí el móvil y decidí levantarme al baño. Al entrar, en principio, pensé en darme una ducha, pero… como no quería despertar aun a Natalia, por si estaba cansada, preferí solamente lavarme la cara con agua fría y cepillarme los dientes. Mientras me miraba en el espejo del lavabo, seguí recreando en mi mente las escenas vividas la noche anterior, y mi polla se volvió a despertar indicándome otra vez que volvía a estar cachondo imaginando como otros la miraban y la deseaban.

Me senté sobre la tapa del inodoro y abrí Internet en el móvil. En el buscador de una pagina de vídeos X que solía mirar a menudo introduje: Morena tetona follando… Entre varios vídeos que me salieron, elegí uno que me pareció el más morboso para una rápida paja. En él, aparecía una chica de grandes pechos, similares a los de mi chica, tomando el sol en biquini. En el transcurso del vídeo, se veía cómo se quitaba la parte de arriba, y después, cómo un hombre maduro que la observaba se la acababa llevando a la habitación de un hotel cercano para follarla… La escena me dio un morbo especial, mientras la veía, me comencé a masturbar rememorando en mi mente lo de ayer, como si la protagonista fuera mi chica, y fuese follada por un desconocido que se había puesto cachondo al verla allí, exhibiendo sus pechos…

Ya del morbazo estaba apunto de correrme, cuando de repente escuché:

─Cariño, ¿estas ahí en el baño? ─exclamaba Natalia con voz adormilada.

Oírla llamarme me corto la paja. Rápido, apagué el vídeo y le respondí con un tono de voz visiblemente nervioso:

─¡Sí, amor…! Me iba a dar una ducha… Ya me levanté. ¡No podía dormir más!

Salí del baño y fui junto a ella a la cama.

─Cariño, qué… ¿te he despertado.? Te vi muy dormida cuando me levanté. ─le comenté, dándole un beso en una mejilla.

─Sí… me desperté por tu ruido en el baño. ─replicó ella, retorciéndose y con una visible cara de enorme sueño.

─Tienes cara de muy cansada, ¿estas bien…? Si quieres, sigue durmiendo otro rato más, mi vida. ─le sugerí.

─¡Ufff…! ¡¡Tengo una resaca…!! No puedo beber tanto como bebí ayer, me hace daño. ─dijo quejosa y tapándose la cara con las dos manos.

─¡Venga…! intenta dormir otro ratito… Yo me voy a duchar y, si eso, salgo yo solo a desayunar y te traigo algo para ti. Luego te lo tomas cuando te despiertes. ¿Te parece?.

─¡Vale… como veas! ─respondió con voz conformista, dándose nuevamente la vuelta en la cama y dejándome una vez más a la vista su culito en tanga.

Retorné de nuevo hasta el baño, y esta vez sí, me metí en la ducha. No continué la paja que había dejado antes a medias, pero volví a recrear en mi mente el vídeo que no logré terminar de ver; mientras me enjabonaba, todo aquel morbo hizo que mi polla volviese a ponerse dura…

Terminé rápido la ducha, y salí a la habitación a vestirme. Natalia parecía que se había vuelto a dormir profundamente, por lo que rápido me puse un pantalón corto, una camiseta y salí del hotel en busca de alguna de las cafeterías que había por la zona. Anduve un rato, y al final decidí entrar en una de las que aún no habíamos probado en los días que llevábamos en ese sitio.

Para desayunar, le pedí al camarero un café, un zumo y un croissant, y me senté en una de la mesas de la pequeña terraza-reservado que tenían al fondo. En aquel momento yo era el único cliente que había en esa parte.

Cuando ya llevaba un rato allí, vi aparecer a un hombre que traía un café en una mano y en la otra la prensa. Se sentó en una mesa casi al lado de la mía, y mientras parecía que leía las noticias, note como sutilmente se iba a ratos fijando en mí…

No lo podía creer… pero me pareció apreciar que era uno de los tipos que estaban anoche en el restaurante y en el pub. Disimuladamente, le eché un par de miradas más, y pude comprobar que, en efecto, sí que era él: era el tío que había guiñado el ojo a Natalia en el restaurante. Era un hombre maduro, de unos 45 años, quizás alguno más, pero de cuerpo fuerte, muy cuidado, un poco más alto que yo y de aspecto elegante y muy varonil.

Parecía también haberme reconocido y me observaba de reojo, hasta que en un momento dado, sin dejar de mirarme, sonrió y se levantó decidido hacía mi mesa…

─¡Hola, perdona…! Creo que te he visto ayer ¿Eres amigo de Riqui, no…? ─me preguntó muy educadamente, con un tono de voz grave.

Yo, desconcertado y algo nervioso a la vez , respondí de forma titubeante:

─No sé a quién se refiere… ¿Quién es Riqui? Yo no soy de aquí. Estoy de vacaciones con mi novia…

─¡Ah…! Perdona… Espero no estar confundiéndome entonces ─parecía como querer disculparse por ser tan directo─. Riqui es el camarero del New Age. ¿No habeís estado allí anoche? Él nos contó que os conocía.─prosiguió aquel tipo, mientras ocupaba una silla de mi lado.

─Ya… Sí… Pero… bueno… él… a la que conoce, mas o menos… es sólo a mi novia. ─le contesté con la voz un tanto temblorosa y sin saber muy bien qué decir.

─Ok… vale, ya, ya… Ahora entiendo. Yo creí que era amigo de los dos. ─prosiguió con una sonrisa, de una forma que insinuaba saber más de lo que decía.

─Bueno… Ellos… o sea, mi novia y ese tal Riqui, se conocieron ayer, creo… de forma casual. En la playa mientras se bañaban… Yo no estaba con ella en ese momento… Luego, pues… nos encontramos con él anoche en ese pub, creo que también por casualidad… Eso es todo… O… bueno, eso creo… ─ seguí comentándole con tono intrigado y sorprendido.

─Bueno, je je je… Algo así más o menos tengo entendido… ─murmuró de nuevo con otra sonrisa.

A mí esta conversación me estaba poniendo nervioso y excitando a partes iguales. No sabía si haría mejor cortándola ya, o dándole un poco más de charla y coba a aquel tipo, para así conocer las verdaderas intenciones que tenía al contarme aquello.

─¿Es la primera vez que venís de vacaciones por aquí, o habíais estado ya antes…? ─ me preguntó él ahora, como queriendo empatizar más la conversación.

─Sí, es la primera vez, pero nos esta gustando mucho. ¿Tú eres de aquí? ─ahora, fui yo el que pregunté, haciendo así más cercana la charla.

─No, yo soy turista como vosotros, pero llevo viniendo por aquí todos los Agostos, desde hace más de diez años. Lo paso genial en este sitio. Este sitio es genial para ligar… ─dijo él, con tono amistoso, y cómo queriendo que me soltase a contarle más cosas.

─Sí, la verdad, que aquí hay buenas playas y restaurantes, sí…

─Sí… playas, de las mejores, te lo puedo asegurar, y eso que conozco bastante mundo. Las hay de todo tipo: muy masificadas, salvajes, familiares, para parejas, nudistas… Yo, posiblemente, me las he recorrido todas… ─me fue contando, cómo especialmente interesado en profundizar en ese tema.

─Nosotros hemos estado sólo en tres. Llevamos aquí cuatro días, y nos quedamos ya sólo hoy y mañana… La verdad, nos gustaría conocer alguna otra playa antes de irnos. ─le seguí el rollo, totalmente ya decidido a entran en este tema: me interesaba.

─Si a tu chica le gusta lo de hacer topless, sinceramente, la que fuisteis ayer no es buena para eso…

Así, disimuladamente y de sopetón, me acababa de soltar que sabía que mi chica había hecho topless, demostrando que, claramente, se lo había tenido que contar el chico del pub: el tal Riqui ese… Yo, absorto de nuevo y metido de lleno en el morbo, continué con la charla:

─Pues… nos pareció tranquila. Además, mi chica ayer era la primera vez que lo hacía… Yo levaba ya un tiempo animándola para que hiciese topless, y no se decidía, pero en esta por fin se atrevió. ¿Por qué crees que es mala para eso? ─pregunté ya deseoso me contase mas cosas.

─Hombre, pues por eso mismo que comentas: porque suele ir muy poca gente. Además, suelen ir sólo familias y es muy ventosa… Si quiere lucir sus pechos de verdad, anímala a ir a otras que hay donde va mucha más más gente. Son mejores, créeme…

─Sí, claro… ¿Y cual me recomiendas? ─Aquel tipo ya hablaba sin pudor alguno de los pechos de mi chica, e insinuándome de forma clara que la siguiese animando a enseñarlos para que otros se los vieran; seguro me estaba invitando a llevarla a donde él me sugiriese, para así poder él observarlos bien. La verdad, que aquello me estaba dando bastante morbo ya.

─Mira… a cinco kilómetros de la playa que estuvisteis ayer, tenéis otra ideal: está justo al lado del camping donde yo estoy. Es facilísimo llegar… Sólo tienes que seguir la misma carretera que os llevó a esa playa de ayer, y luego desviarte en el cartel que indica el camping… No tiene perdida alguna.

Nada más decirme esto, se levantó hacia la barra y le pidió al camarero un boli. Sacó una tarjeta de su cartera y apunto algo en ella, y luego volvió a la mesa y me la dio.

─¡Toma!, es una tarjeta del camping donde estoy. Busca el desvío como te dije, y llegaras sin problemas a la playa. También te apunto aquí mi numero de móvil… por si te surge algún problema para encontrarla. O bueno… también por si te apetece que quedemos. Me puedes llamar, o me mandas un whatsapp sin problema alguno. No te cortes, ¿ok? ─me comentó con tono amable e interesado.

─Sí, perfecto… se lo comentaré a mi chica. A ver si vamos mañana…. Hoy parece que el día no está mucho para la playa, y ademas, mi chica quedaba en el hotel muy cansada y con algo de resaca. No creo que le apetezca ir hoy, de todas formas… ─le fui contando, mientras ojeaba esa tarjeta que me había dado y la guardaba en mi cartera.

─Vale, de acuerdo. A ver si os animáis mañana entonces… Además, así podéis ir conociendo más cosas de este pueblo y de la zona, que de verdad… merece la pena. Si queréis y os apetece, yo os podría ir guiando un poco para que vayáis conociendo más cosas de por aquí… ─me siguió diciendo, hasta que de repente se levantó─. Bueno, ha sido un placer conocerte, pero ahora me tengo que ir… que me están esperando. Ya sabes… si te apetece… ahí te apunté mi móvil.

─Gracias, gracias… vale, hasta luego… ─me despedí.

Se dio la vuelta para irse, pero no llegó a dar ni tres pasos, cuando se volvió a girar para decirme:

─Ah… y por cierto… no te había comentado nada, pero… ¡qué suerte que la hayas conseguido animar en lo de hacer topless! Es preciosa y perfecta tu chica para eso…

Sin decir nada más y sin darme tiempo siquiera a responder, siguió caminando y se fue. A mí me dejó totalmente intrigado y con un morbo brutal… ¡Tenía que conseguir llevar a mi chica a esa playa que me había dicho!

Instintivamente, volví a sacar la tarjeta y la miré. Aquel hombre se llamaba Víctor… Guardé su número en la memoria del teléfono, me aprendí el nombre del camping: Camping Blanca Arena, y tiré la tarjeta. No quería que Natalia me la pudiese pillar…

2

Al rato, me levanté hacia la barra, y pedí dos sándwiches y unos refrescos para llevarme al hotel. Al regresar a la habitación, vi que Natalia se acababa de despertar…

─¿Qué tal amor… has podido dormir algo más?

─Sí… pero, ¡ufff…! aun estoy muy cansada… ¿Fuera qué está lloviendo, no?

─Sí, un poco, hoy me temo que no va a estar mucho para ir a la playa. Te he traído un sándwich… ¿Tienes hambre? ─le dije sentándome junto a ella en la cama y enseñándole la bolsa que traía. Al verla, Natalia se levantó, se sentó a mi lado al borde de la cama y se dispuso a comérselo…

En ese instante, allí estaba ella: ante mis ojos, en tanga, con sus tetas desnudas y comiéndose aquel sándwich. Podría parecer un tanto surrealista, pero esa escena, después de la charla que había tenido con aquel tipo, que hasta hace unos escasos minutos era para mí un completo extraño, me volvió a poner cachondo. Inmediatamente, comencé a sobarle las tetas y a darle besitos por el cuello…

─¿Qué haces…? ¡Para tonto! Estoy muy cansada… ─comentó ella entre risitas, mientras iba apurando lo ultimo de aquel sándwich.

Intenté meterle la mano bajo las bragas para acariciarle el chochito, pero ella me detuvo diciendo:

─No cariño… No sigas… Estoy agotada y algo malita. No me apetece. ¿No tuviste con lo de ayer bastante?

─Sí, pero… el recuerdo de lo que pasó y verte así ahora, me han vuelto a poner cachondo.─le susurré al oído, para seguir luego bajando y besándola por el cuello… despacito.

Ella se retorcía, como intentando librarse de mí, pero ante mi insistencia, comenzó a acariciarme la polla por encima del pantalón…

─Veo que no te vas a quedar tranquilo hasta que no te haga algo… ¿A que no? ─ exclamó ella notando el gran empalme que tenía de nuevo.

Le hice un gesto de negación con la cabeza y me recosté hacia atrás en la cama. Ella comenzó a desabrocharme el pantalón, mientras yo iba metiendo mi mano bajo su tanga buscando su coño. Cuando ya me tenía los pantalones por las rodillas, agarró fuerte mi polla y se la metió casi toda de un golpe en la boca; por la manera en que me la comía, se notaba que pretendía que me corriese rápido: dándome fuertes chupetones y succionándola de forma morbosa…

La agarré por el pelo, acompañando la mamada, y cuando empezaba a notar que me faltaba poco para correrme, ella sacó mi polla de su boca comenzando a pajearla con fuerza… Inmediatamente, empecé a descargar toda mi corrida, y ella dirigió mi polla para que me corriese sobre el parqué de la habitación. Al terminar, sin decirme nada, se levantó y se marchó al baño.

Mientras ella continuaba dentro, yo estuve limpiando mi semen del suelo. Desde allí fuera, podía escuchar cómo se duchaba: podía sentir el agua cómo caía sobre su cuerpo, y la imaginé otra vez en la playa, en topless. Deseaba ya desesperadamente verla lucir de nuevo esas tetazas que tiene. Esta vez, quizás la pudiese ver ese tal Víctor…

Al final, ese día, como no estaba muy bueno para la playa, pero dejó de llover a ratos, al mediodía decidimos ir a dar un paseo por varias rutas turísticas y ver monumentos de la zona. Natalia, para la ocasión, se había puesto un conjunto de pantalones cortos con sandalias, y una blusa ajustada con escote palabra de honor, que le marcaba las tetas espectacularmente. Le saqué una foto para el recuerdo…

A la hora de comer, decidimos ir a un restaurante de los que vimos en una guía del hotel. Mientras nos traían la comida, busqué ahí la playa que me había dicho antes Víctor, y cuando creí encontrarla, le comenté a Natalia:

─Estoy mirando aquí las playas, y aquí sale que hay una a 7 kilómetros que parece estar muy bien: Playa Blanca Arena, se llama. Aquí pone, que son como dos playas casi juntas, pero separadas por unas cuantas rocas… También tiene un pequeño paseo… ponen que salvaje… Y hasta hay chiringuito… ¿Qué te parece? ¿La visitamos mañana?

─Sí, tiene buena pinta… Vamos mañana, si quieres. ─respondió Natalia, sin hacerme demasiado caso y mirando distraída su móvil.

─Vale, pues de puta madre… Después de lo de ayer, ya tengo ganas de que repitas lo del topless. ¿Te animarás no…?

Natalia levantó la vista de su smartphone para contestarme como un resorte:

─¡Ufff…!. Espero que sí, pero ya sabes… según yo vea el ambiente. No te prometo nada, por lo que pueda pasar… ¡Que luego te pones muy pesado!

─Mujer, ¿qué va a pasar…? Será como ayer… Ya viste que no ocurrió nada grave. Si te gustó, y además lo sabes… ─le dije mientras miraba con deseo hacía su escote.

─¡Joder tío…! ¡Menuda obsesión que te ha entrado ahora porque enseñe las tetas! ─me replicó ella, tocándoselas y colocándoselas un poco, y como haciéndose la interesante.

Llegó la noche, y al final decidimos no salir. Preferimos mejor descansar para el día siguiente. Habíamos hablado de madrugar e irnos temprano a conocer esa playa.

A la mañana, temprano, nos preparamos y salimos a desayunar a la misma cafetería en la que había estado yo el día anterior. Fui con la única intención de ver si me encontraba con Víctor de nuevo; quería comprobar como actuaría con mi novia presente. Pero no hubo suerte, y no le encontré desayunando allí. Así que, terminado lo que habíamos pedido, no fuimos a hacer algunas pequeñas compras por el pueblo… Hora y media después, decidimos partir ya en dirección a la playa.

Poco antes de salir, entramos en un bar con la escusa de ir yo al baño. En el servicio, me dispuse a mandarle un whatsapp a Víctor…

Vamos a salir hacia la playa que me dijiste…

estaremos allí en un rato.

Nos vemos si eso.

12:03 PM

Al cabo de un segundo, ya saliendo del baño, me contestó:

Pues genial.

Por ahí andaré seguro.

12:04 PM

3

Pasados unos minutos, llegamos a la zona de la playa… Me sorprendió su fácil acceso: tenía un buen aparcamiento cerca de donde estaba el camping, y para llegar a la playa, había que caminar como unos doscientos metros entre una bonita zona de arena y arboleda.

La playa era bastante grande: a un extremo, se veía unas serie de rocas altas que hacían como de separación de lo que se intuía otra playa más pequeñita, la cual, parecía que no se podría divisar completa hasta que no se cruzasen dichas rocas. Comunicando las dos zonas, por afuera de las playas, había una especie de largo camino abierto entre la vegetación y paralelo a ellas. En el centro de las dos playas, pero unos cuantos metros hacia atrás, al fondo y un poquito alejad, se veía un chiringuito-merendero. Nos instalamos más bien hacia la parte izquierda, bastante alejados de las rocas altas.

El ambiente de la playa era completamente distinto al de la del otro día; había todo tipo de gente, pero sobre todo, jóvenes y parejas de nuestra edad y otras un poco más maduras. Había también varias tías haciendo topless. Yo, en un primer y rápido simple vistazo, pude contar unas cinco o seis… Mismamente, a nuestro lado, sobre una tumbona, había una rubia madurita luciendo sus pechos alegremente y tomando el sol delante de lo que parecían ser sus hijos adolescentes. La verdad, que para la edad que aparentaba tener, la mujer estaba tremenda. Mi chica, poco después de extender las toallas, viendo el ambiente, rápido se decidió a quedarse también en topless. Yo ni siquiera se lo tuve que pedir esta vez…

─Eso… Así, Natalia… Muy bien… ¡¡Ves como es normal lucir lo se tiene bonito!! ─le dije con una sonrisa y mirando a la vez hacía la mujer de nuestro lado.

─Sí… ya, je je… ¡Pero ahora, tú no te aproveches y te pongas las botas mirando otras tetas, que me tapo… ¡eh… te lo advierto! ─dijo ella con cierto tono sarcástico.

Después de colocarnos en las toallas, ella se sacó un libro de la mochila y se puso a leerlo mientras tomaba el sol. Yo fui observando un rato detenidamente el paisaje: la playa, sinceramente, parecía espectacular, Víctor no me engañaba; sin duda alguna, era la mejor de las que habíamos visitado en estas vacaciones, y una de las mejores en las que había estado nunca. Me entraron bastantes ganas de pasear un rato por ella para poder conocerla mejor. Pero cómo veía que Natalia estaba muy entretenida leyendo, me levanté yo solo…

─¿Que haces? ¿A donde vas? ─me preguntó mi chica apartando su vista un instante del libro.

─Voy a dar un paseo por la playa y ver con más detalle el paisaje. ¿No es espectacular el sitio? ─ le dije.

─Sí, lo es… Vale, vete… anda… Pero no tardes. Luego ya nos bañamos si quieres. ─comentó ella, mientras volvía al libro. Parecía muy interesada en su lectura.

Yo la dejé allí sola y me dirigí hacía el mar. Al llegar, comencé a pasear por la orilla… La playa era bastante larga: tendría como unos 700 metros o así, echando un calculo a ojo. Caminé toda la orilla hasta llegar al principio de las rocas que la separaban de la otra playa, y allí me quedé un momento observándolas. Pude comprobar que aun había un trayecto un tanto largo entre ellas hasta llegar a la otra playa, por lo que me senté en una de aquellas primeras rocas. En ese instante, pasó por delante de mí una espectacular rubia en topless: por sus rasgos, parecía que debería de ser alemana o de algún país nórdico. ¡¡Menuda pinta tenía la chica!!; sus tetas podrían rivalizar perfectamente en tamaño con las de mi chica. Estaba llamando la atención de muchos, paseándose así por entre las rocas, luciendo su voluptuosidad y una larga melena rubia platino que tenía. Me quedé unos instantes siguiéndola con la mirada, hasta que ya se perdió por entre las rocas… “¡Menos mal que estoy solo…! ¡Si Natalia me llega a pillar, pegándole este vistazo a esta pedazo de rubia… menuda bronca me cae!”, pensé para mí, mientras aquella exuberante mujer se perdía ya fuera de mi vista.

Al momento, cuando ya había perdido totalmente el rastro de la chica rubia, creí distinguir a Víctor aparecer caminando por entre las rocas. Parecía también haberse dado la vuelta para seguir con la mirada el paso de la rubia aquella. Yo, al verle, me escondí un poco más entre las rocas para que no me descubriese: quería antes ver qué hacia y a donde iba… No me vio, aunque pasó a escasos metros de mí, y continuó su marcha por el mismo trayecto que había traído yo, pero en el sentido contrario. Me quedé un rato observándolo mientras caminaba…

Era un hombre que, aunque madurito, lucía un cuerpo muy cuidado; traía unas bermudas azules; estaba bastante bronceado -se notaba que llevaba ya tiempo de vacaciones-; y tenía un torso que parecían ser trabajado habitualmente en el gimnasio. Al cabo de un rato y guardando una cierta distancia con él para que no me descubriese aun, le seguí.

El tío caminaba rápido, observando bien toda la playa; parecía estar mirando a todas las chicas que hacían topless. En mi cabeza, claro, me hice la idea que seguro estaría buscando a Natalia. Cuanto mas veía que se iba acercando a la zona donde estaba ella, más iba subiendo en mí la excitación.

Faltando unos sesenta metros para llegar donde estaba mi chica, se encontró a su paso un grupo de tres chicas paseando en topless. Él se paró, y miró hacia ellas disimuladamente… Pero no parecían tener el perfil que buscaba: aunque estaban muy bien, tenían las tetas bastante más pequeñas que mi chica. Siguió su marcha y, al rato, ya pude sospechar cómo su siguiente objetivo parecía ser donde estaba mi novia. Se apartó ya totalmente de la orilla, y comenzó a caminar en dirección a donde estaba Natalia…

Ella seguía leyendo el libro, totalmente distraída, y Víctor se iba acercando cada vez más. Yo me detuve para seguir la escena desde cierta distancia. Él caminaba decidido, pero a la vez discreto, como si ya hubiese localizado lo que quería y fuese directo a su presa.

Primero, pasó al lado de la madurita, pero no le prestó demasiada atención. Luego, llegó por fin al lado de mi chica, y pasó junto a ella mirándola descaradamente y fijándose ya casi sin pudor alguno a sus tetas. Natalia seguía muy centrada en la lectura, y no se percató o no reparó en su presencia en esa primera pasada. Él caminó varios pasos más, y lentamente luego se dio la vuelta para volver a pasar de nuevo a su lado. Esta vez, mi novia sí le vio, y se le quedó mirando…

Vi que Víctor paraba junto a ella, la saludaba, e incluso estuvieron hablando por un instante. Él parecía comportarse amablemente con ella, pero eso sí, no apartaba mucho la vista de sus pechos. Natalia parecía algo inquieta y no dejaba de mirar a los lados mientras hablaba con él, como buscando donde estaría yo. Al momento, él se despidió de ella y se fue…

Víctor emprendió la marcha de vuelta hacia la otra playa, esta vez, por el paseo que comunicaba las dos playas por afuera. Pude ver, mientras mi visión me lo permitió, cómo llevaba una gran sonrisa de oreja a oreja. El morbo volvió ha excitarme…

Volví la vista hacia Natalia y pude comprobar de nuevo que seguía buscándome con la mirada de lado a lado… Sin perder más tiempo, emprendí a caminar de vuelta hacia ella, que cuando ya me divisó, me empezó a hacer gestos con los brazos como llamándome. Aceleré el paso y llegué a su lado…

─¿Dónde te habías metido? Te he estado buscando con la mirada y no te veía… ¿Has ido tan lejos para tardar tanto? ─me preguntó, queriendo demostrar algo de enfado.

─He hecho lo que te dije: he paseado hasta el otro extremo de la playa… ¡Tendrías que verla, es preciosa! Y parece que hay otra playa pequeña al otro lado… ─le comenté, intentando no darle importancia a la situación.

─No sé… No me gusta que me dejes aquí tanto tiempo sola; me siento extraña a veces… ¿Tú crees que será buena idea esto de que haga topless? ─me dijo como preocupada.

─Sí vida, no pasa nada… ¿Estas, así… otra vez? ¿No estaba todo bien? ¿Ha pasado algo? ─la interrogué intentando saber qué le podía estar pasando por la cabeza.

─No ha pasado nada… pero… a veces tengo miedo que te enfades o algo y podamos tener problemas entre nosotros. ¡Es que… los tíos no paran de quedarse mirando mis tetas cuando pasan! ─respondió mirando hacía el suelo y luego hacia sus pechos.

─No amor… yo no me voy a enfadar, además, te miraran como a todas, aquí hay muchas chicas en topless…

─¡No, como a todas no…! Mismamente, hace un momento, un tío ha pasado a mi lado e incluso ha parado a hablar conmigo. No me conocía de nada… Fue sólo para mirarme descaradamente las tetas… A la madurita esa de ahí…─dijo en tono bajo, refiriéndose a la mujer que hacía topless a su lado ─ni la ha mirado siquiera… Sólo a mí.

─Bueno cariño… pero… ¿te ha faltado al respeto o algo? o ¿sólo te las ha mirado y punto…? ─le pregunté con voz preocupada.

─No… si ha sido muy amable y me ha hablado muy bien… Si incluso me saludó como si me conociese de algo. Pero… no sé… a las demás veo que no las miran tanto como a mí: será por mis tetas, que son muy grandes y llaman demasiado la atención. ─me iba diciendo, mientras se tocaba y se rascaba bajo sus pechos─. ¿Seguro que no te enfadará a ti eso…? ─me preguntó otra vez. Parecía preocupada por mis sentimientos sobre el asunto, pero a la vez, se la notaba un tanto halagada por sentirse tan deseada y observada.

─¡Venga, anda, amor… olvida eso! No creo que pase nada… Te habrá mirado y punto… Y claro, te vería sola aquí, y se puso a saludarte para intentar conocerte, supongo… Aquí en la playa estamos todos de vacaciones, y es normal que se intente conocer gente nueva. ─le fui comentando, intentando que con mis palabras viese aquella situación como algo totalmente normal… Me estaba dando un morbo enorme todo aquello.

─Bueno… te haré caso… ¡Pero no entiendo esa obsesión tenéis la mayoría de tíos con las tetas grandes! ─dijo ella con todo reflexivo─. ¡Es qué… veis unas, y os ponéis como tontos todos! Yo te pillo a ti, mirando a una tía como ese tío ahora a mí, y te mato. ─dijo ella, claramente haciéndose la interesante…

─Ya… je je je… Pero a mí, haciendo eso, nunca me podrás pillar. ─le fui diciendo cínicamente, mientras me acordaba de como antes había estado mirando a aquella rubia en topless que me encontré junto a las rocas─. Yo tengo en casa las mejores tetas que hay… Los que tienen necesidad de mirarlas, son los demás… Míralo como un halago por lo buena que estas. ─le volví a decir, sentándome a su lado para acariciarle los pechos, y mirando a mi alrededor a ver si alguien nos observaba.

─Bueno… te haré caso. ¡Pero… es que a veces… los hombres sois…!! ─contestó con tono sarcástico y con una sonrisa picarona.

Dicho esto, soltó el libro, lo guardo en la mochila, y se levantó conmigo:

─¡Venga! ¡Vamos un poco hasta el agua! Luego damos un paseo hasta la otra playa, esa… ¡¡A ver si es todo tan bonito como dices!! ─exclamó ya de pie.

Salió para el baño en topless, pero también se llevó la parte de arriba del bikini, que se anudó a un lateral de la braguita…

─Pero… ¿para qué te llevas el sujetador, amor…? ─le pregunté, con tono de extrañeza, creyendo que Víctor la habría avergonzado al mirarla tan descaradamente y que se lo iba a colocar ya.

─Es para luego… Si vamos a pasear por la rocas, me lo voy a poner. No es plan de ir por afuera de la playa así… ademas, luego igual me apetece ir hasta el chiringuito, que tengo ganas de tomarnos algo.

Fuimos caminando hacia la orilla, y yo no podía dejar de mirar a los lados durante el trayecto. No paraba de ver tíos fijándose a mi chica, e incluso vi a alguno darse la vuelta para observar mejor sus pechos. Hasta ese momento, no había sido de verdad consciente del monumento de tetas que poseía mi novia. Eran perfectas… Y ese sensual bamboleo que su forma de caminar generaba en ellas, era increíble: “¡Joder… qué suerte tengo de que esté conmigo!“, pensaba para mí, orgulloso, mientras nos acercábamos cada vez más a la orilla.

Natalia, yo no entendía, si era sin darse cuenta o era para probar si era verdad que me gustaba que hiciese aquello, parecía que incluso provocaba que la mirasen. Pues, al momento de llegar a la orilla, se agachó descaradamente a propósito con los brazos hacia el agua, seguro para que un tío que nos llevaba siguiendo disimuladamente hacía ya un rato, le viese bien sus pechos colgando. La situación me estaba excitando como nunca… Nos metimos en el agua, y nos bañamos un largo tiempo; sus tetas, iluminadas por el sol, las hacía botar más que el otro día. Hoy parecía con más gracia y no tan forzada y tímida como el día anterior. Parecía que la tía se estaba soltando… Era mi sueño: ya lucía esos melones totalmente consciente del poder que suscitaban y el morbo que en mí despertaba.

─Cariño, se te ve genial… ¿Ya estas a gusto, eh? ¡¡Cómo te gusta ya lucir esos pechos que tienes!! ¿eh…? ─le dije provocándola y demostrándole lo excitado que me tenía.

─Bueno… Es que tú me produces que esté así mí amor. Todo lo que me dices… me pone como loca. Me haces muy feliz al ser así: tan bueno y cariñoso conmigo. ─me susurró al oído, mientras se abalanzaba sobre mí y me daba un morreo, restregándose sus tetazas contra mi pecho.

4

Yo ya tenía un gran empalme, pero… como no quería dar mucho más el cante en aquel momento, rodeados de gente, decidimos que mejor debíamos salir ya y dar una vuelta hasta la otra playa. Dejamos el baño, y Natalia se desató la parte de arriba del bikini que llevaba anudada en su braguita y, aunque toda mojada, se la colocó. Le lucían genial las tetas con aquello así, todo mojado, y con el agua chorreando sobre su vientre y espalda.

Cuando llevábamos un ratito caminando y nos acercábamos ya a las rocas, ella me comentó de forma algo nerviosa:

─¡¡Luis, con todo ésto… no nos dimos cuenta!! Pero es mejor que volvamos a recoger nuestras cosas… Se van a quedar solas mucho rato si vamos hasta la otra playa… Nos las podrían robar. ¿No crees…?

─¡¡Sííí… ostras… es verdad!! Por si acaso, voy yo por ellas si quieres… No vaya a haber algún listillo que nos coja las mochilas. ─contesté yo, mirando a lo lejos hacia donde habíamos dejado las toallas y las mochilas─. Espérame ahí, donde esas rocas… que vuelvo corriendo.─le pedí indicándole con la mano donde las rocas.

Salí en dirección a las toallas, y al cabo de unos metros, miré de nuevo atrás hacia Natalia: la vi que se había sentado en unas de las rocas, más o menos al lado de donde lo había hecho yo antes. Aunque ya no estaba en topless, morbo de dejarla sola allí, a la vista de todos, me volvió a excitar; aquel bikini mojado que llevaba le quedaba de vicio.

Fui corriendo a las toallas, y cuando llegué, las recogí y las metí apresurado en las mochilas. Antes de salir de regreso, me dio por mirar un segundo mi móvil por si pudiese tener alguna llamada o mensaje: al desbloquearlo vi que tenía varios Whatsapps. Los abrí, y descubrí que eran de Víctor. La sorpresa y el morbo me inundó al leerlos: eran cinco, alguno incluso un poco largo, y todos enviados casi de forma bastante seguida…

Hola amigo enhorabuena.

Unos pechos preciosos los de tu chica.

12:55 PM

Espero que no te moleste

que sea tan directo, eh.

Pero es que tu chica es un monumento…

12:55 PM

Yo estoy en la otra playa, con dos amigos y una amiga.

Si quieres, vente con tu chica y así os veo otra vez.

12:56 PM

Ah, y por cierto, Riqui está también por esa playa,

le he dicho que andabais por ahí.

Espero no te importe tampoco…

podíamos hacer buenas migas los cuatro.

Un saludo.

12:56 PM

Bueno amigo, oye, de verdad.

Estoy pensando que igual me he pasado.

Si te molesta lo que te puse,me lo dices.

Es que te creí entenderte ayer

que te gusta exhibir a tu chica,

que la miren y tal.. y a mi eso me encanta.

Pero si te molesta, yo dejo todo esto

y te pido perdón, de verdad…

Solo quiero que seamos amigos.

Me caéis muy bien.

13:05 PM

Yo, después de leerlos, me quede flipando… Una gran sensación de morbo me recorrió todo el cuerpo pero, también a la vez, una extraña sensación de miedo por si todo esto se me podía ir de las manos si no lo cortaba un poco; si Natalia pudiese haber llegado a leernos, ni me atrevía a imaginar qué podría haber pasado. Borré todos los mensajes de inmediato, y salí de vuelta para con ella.

Por trayecto, no paraba de darle vueltas a lo de esos mensajes: me estaba excitando mucho y dando un morbo enorme la idea de tener a ese tío de mirón de mi chica. Así qué, se me ocurrió: que como estábamos de vacaciones y en un sitio donde nadie nos conocía, y a donde posiblemente no volviésemos jamás ni volveríamos a ver a esta gente en la vida, decidí seguirle el rollo a este tal Víctor. Pero eso sí, todo debería ser sin que mi chica se enterase de nada. Esa idea, a parte de más discreta, me parecía mas morbosa: aquel sería mi secreto de verano.

Viendo que aun me quedaban bastantes metros para llegar donde se había quedado Natalia, me detuve un momento, y saqué nuevamente mi móvil para mandarle un whatsapp de respuesta a Víctor por aquellos mensajes que él me acababa de enviar:

Ok. He leído tus mensajes,

y me da morbo la idea que proponeS

de que mires y me hables de mi chica.

Pero eso sí, todo con discreción total.

Ella no se puede enterar de nada.

13:12 PM

Guardé el móvil, y seguí caminando con un gran morbo dentro de mí, pero aún así, aun con algo de miedo por cómo podía llegar a salir todo aquello. No sabía si este tío, Víctor, que todavía no conocía prácticamente de nada, sería totalmente de fiar y me seguiría este juego mio de morbo solo como eso: como un juego.

Aun faltándome varios metros para llegar de vuelta, pude divisar ya donde estaba Natalia: ahora se había cambiado de sitio, y estaba apoyada en unas rocas, unos metros más hacia adentro. Pero además, pude comprobar al dar un par de pasos más, que eso no era todo: pues nuevamente… para mi sorpresa y morbo, vi que en frente la acompañaba un chico hablando con ella. Lo miré bien, y me parecía que era Riqui, el chico ese del pub…

Me volví a detener, y decidí sentarme un momento en la arena para observarlos un rato desde la distancia sin ser visto… Parecía que tenían una conversación fluida; no entendía de qué podrían estar hablando, pues a mi chica, siempre la había tenido por tímida y le costaba bastante entablar conversación cuando la otra persona no era alguien con quien ya tuviese bastante confianza de antes.

Al cabo de unos segundos, aparecieron junto a ellos dos chicos más que saludaron a Riqui, y éste se puso a presentarles a mi chica, como si ella fuese una gran conocida suya. Los chicos se colocaron uno a cada lado de Natalia, y ella les dio dos besos de presentación.

Mi novia, supuse que ya consciente de que yo debería estar apunto de aparecer, comenzó a mover la cabeza, visiblemente nerviosa, como buscándome con la mirada alrededor… Pero no consiguió verme, tapado cómo estaba yo por varias sombrillas que me ocultaban de su vista.

Al momento, vi como los dos chicos que acababan de llegar se despedían de Riqui, y dándole una palmada en el hombro, se fueron. No sin antes, saludar a mi chica con una sonrisa socarrona, y darle de nuevo claramente un buen último vistazo a sus tetas. Yo continué un pequeño rato más divisando la escena…

Vi que aquellos dos chicos se dirigían hacia donde yo estaba, por lo que decidí seguir allí, disimulando, y esperar a que pasasen por mi lado. Riqui seguía hablando con mi chica, a la que ya se le notaba algo inquieta por su forma de moverse: mirando sin parar a los lados. Yo seguí allí sentado y quieto, disimulando mientras observaba hacia el horizonte, y esperando sentado en la arena un poco más… Ya los amigos de Riqui estaban a punto de llegar a mi lado.

En unos breves segundos más tarde, pasaron por mi espalda, y les pude escuchar la conversación que traían:

Chico 1: «Ves… ya te dije, que el Riqui este, anda siempre detrás de las turistas con tetazas. ¡No sé como hace!, pero siempre se liga unas tías con unos melones que…. buffff….»

Chico 2: «Bueno, a ésta, no sé si se la habrá ligado. No parecía que la tía tuviese nada con él aun. Más bien nos estaba vacilando un poco, je je je…»

Chico 1: «Seguramente, pero siempre, por unas cosas o por otras, anda conociendo o hablando con tías así… ¿No me dirás que ésta no estaba bien buena? ¡¡Menudas tetonas tenía la jamona!!

Chico 2: «¡¡Sí… Bufff, qué melones!!! ¡Quien pudiese meter la cabeza ahí… entre ellos! Ademas… tenía algo de pinta de guarrilla, aunque se hiciese la modosita! ¿Te fijaste bien, cómo le gustaba que le mirásemos las tetas…? Yo se las miré a lo descaradísimo y no parecía inmutarse. ¡¡Y… esperando al novio decía que estaba, ja ja ja ja ja…!!!»

Chico 1: «Sí… ja ja ja ja… Menudos cuernazos tendrá el tío con esa tetona por ahí suelta y con éste tras ella. Seguro que Riqui estaba intentando quedar con ella en el pub para poder follársela… No sería la primera… ¡Menudo es!»

Ambos chicos a la vez: “Ja ja ja ja ja……..”.

Entre visibles carcajadas, se fueron metiendo entre la gente de la playa y los perdí de vista. Al escuchar su conversación y sus risas, sentí de nuevo un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Era un morbazo ya exagerado el que me entró. Aunque aquellas risas de ellos podrían ser un poco humillantes para cualquier novio que las escuchase, a mí me provocaron un enorme calentón. Sólo eran unos simples desconocidos, y lo que más me excitó, fue descubrir como se habían fijado en sus tetas. Incluso, que les había parecido un poco guarrilla.

Volví a mirar hacia mi novia, y esta vez ya sí, me la encontré sola y buscándome sin cesar con la mirada. Ya parecía estar bastante nerviosa. Por un momento, temí que se hubiese enojado conmigo por tardar tanto. Me levanté y fui acelerando el paso para llegar rápido con ella… Durante ese corto trayecto, no pude olvidar la conversación de los dos chicos ni a mi chica hablando a solas con Riqui. Aun así, decidí que no le iba a preguntar nada por lo sucedido. Iba a hacerme como el no enterado, para ver si ella, sin yo pedírselo, me contaba algo. Llegué con Natalia y nos reencontramos con un beso…

─Amor, ya estoy aquí. ¿He tardado bastante, no…? Lo siento, me retorcí un poco el tobillo al venir hacia aquí corriendo por la arena y he parado un momento. Pero ya estoy bien, no fue nada… ─le dije mientras me agachaba para acariciarme el pie derecho y fingía cojear un poquito.

─Vale cariño… Sí… la verdad, estaba algo preocupada por que tardabas, pero no te preocupes qué estuve bien… ─contestó ella con tono raro, pues lo normal hubiese sido, conociéndola, que se sintiese molesta por haberse quedado sola un rato más largo de lo normal.

─¡Venga, vamos hasta la otra playa… a ver que tal es…! ─le dije yo, mientras le entregaba su pequeña mochila para que la llevase.

En el trayecto entre las rocas, estuve esperando a ver si ella me comentaba algo sobre ese encuentro con Riqui y sus dos amigos… Pero nada, no soltó prenda. No sé si queriendo ocultármelo a propósito o por miedo a que me enfadase.

El paseo entré aquellas rocas era precioso, aunque algo complicado de recorrer en su parte final. Era más largo de lo que parecía en un comienzo: como de unos 200 metros o así; todo rodeado de rocas: unas altas, otras mas bajas y algunas charcas donde chapotear los niños, sobre todo, al principio. En la primera parte sí que nos encontramos algo de gente, pero a medida que avanzábamos, ya no nos cruzamos con casi nadie. Parecía que nos adentrábamos en una parte muy distinta de la playa: una parte más solitaria y discreta, de no muy fácil acceso. Al pasar totalmente las rocas, llegamos por fin a esa otra cala, la cual, como yo ya intuía, estaba mucho más solitaria. Sólo se veía alguna gente en el agua y tres o cuatro grupitos pequeños por la arena, metidos más hacia el interior o junto a las rocas. Empecé a sospechar qué debía tratarse de una playa nudista. Decidimos salir entonces hacia el paseo exterior e ir observándola desde allí mientras caminábamos en dirección al final de la misma. Al acercarnos a unos de aquellos grupos, nuestras sospechas se confirmaron; mi chica exclamó con voz sorprendida:

─¡¡Luis, es una playa nudista!! ¡Mira esos tíos ahí…!

Efectivamente, ahí había un grupo de dos tíos completamente desnudos que esperaban a otras dos mujeres que salían del agua. Seguimos caminando un poco más, y al llegar cerca de otro grupo, nos encontramos a tres hombres y una mujer que parecían recoger sus cosas para irse. Uno de ellos se nos quedó mirando fijamente… Estaba a una cierta distancia, aunque nosotros, desde donde estábamos, lo podíamos ver perfectamente. Mi chica se quedó asombrada observándole; no sé, si sorprendida por que nos mirase así, de forma tan fijamente, o por lo que estaba viendo… Descubrí que era Víctor ése que nos miraba. Estaba completamente desnudo y lucía sin pudor una polla de escándalo. Así, según la tenía, sin empalmar, ya la calcularía al menos de unos 18 cm y muy gorda. A Natalia, creo que sin darse cuenta, se le fue la vista descaradamente hacia esa polla, y la mantuvo fija ahí un rato.

5

─Luis… Ese tío… es él que pasó antes junto a mí en la toalla y me estuvo hablando… ─comentó ella con voz sorprendida.

─¿Sí…? ¡Ostras… para… pero… coño, si me suena! Ese tío… ¿no estaba la otra noche en el restaurante? ¡¡Joder, cómo calza!!, ¿no…? ─añadí yo poniendo una media sonrisa pícara.

─¡¡Ostras, sí…!! Tienes razón. Pues ahora que lo dices… es verdad… Y luego en el pub. Ahora me acuerdo… Estaba con dos tíos más en la barra cuando fui a pedir sola. No le recordaba bien porque ayer iba algo chispada… ─respondió ella sin poder dejar de mirar a ratos hacía ese pollón.

─¡Natalia, tía…! Pues ahora, me ha entrado curiosidad: ¿Qué te dijo este tío cuando se te quedó hablando antes? ─le pregunté, mientras le pasaba un brazo por sus hombros para hacer que dejase de mirar hacia Víctor y continuase conmigo el paseo.

─Nada del otro mundo, la verdad, sólo me saludó como fingiendo que me conocía de algo y hablándome del buen día que hacia y del ambiente de la playa… No sé, te lo digo con confianza, ¿eh, amor? Parecía el típico tío que sabe cómo entrar a las mujeres… No sé como explicarte; qué te entra sin conocerte de nada, pero sabe como hablarte para no parecer pesado, ni que te molesta así… en plan moscón. No sé… Parecía un tío muy sociable y tal… No parecía mal tipo. Eso sí… me miraba las tetas descaradamente. ─ contestó ella, explicándomelo de una manera que me parecía rara en ella, como que no le había molestado la presencia de ese hombre observándola, cosa que antes, pienso no le hubiese hecho ninguna gracia.

Volví a girar mi cabeza para observarle otra vez, y vi como nos seguía con la mirada… Nosotros continuamos sin más nuestro paseo y llegamos hasta el final de la playa. Allí donde terminaba esa parte nudista de la playa, había también un montón de rocas que creaban pequeñas zonas de arena entre ellas, haciendo aquel sitio muy tranquilo y discreto; ideal para tomar el sol en pareja y dar rienda suelta a una repentina pasión veraniega. No había nadie a nuestro alrededor, y nos colocamos en una de aquellas pequeñas zonas, posando nuestras cosas en unas piedras y quedándonos un ratito allí solos para descansar y relajarnos un poco.

Indudablemente, al cabo de unos minutos allí, y después de todo lo vivido hace un instante, me empecé a poner muy cachondo… Mi chica estaba allí tumbada, con ese bikini morado que llevaba, y yo, ya caliente perdido, me puse a sobarle las tetas y todo su cuerpo mientras le comía el cuello y buscaba su boca para besarla… Estaba totalmente excitado por todo lo que estábamos viviendo desde ante ayer.

Mi chica, al principio se hizo la remolona, pero pronto se comenzó también a dejar llevar, comenzándonos a besar los dos como locos…

─¡Para Luis! ¡Estate quieto… por favor! ¡No me pongas tan caliente… que aquí nos pueden pillar! No… ¡Para por favor! Je je je… No sigas… ¡qué me pones a mil en seguida.! je je je… ─me iba diciendo ella con voz de cachonda, a punto de ponerse ya también como una moto…

─Tranquila, amor, ¡y disfruta…! Qué estamos de vacaciones y no nos van a pillar… ¡No ves que no hay nadie por aquí! Ademas… ya viste que es una playa nudista… ¡Seguro que se hacen cositas de estas por aquí! Disfruta y despreocúpate… que a eso hemos venido. ─le decía mientras le iba sacando una teta fuera del bikini.

─¡Ufff… qué tontito eres…! ─replicó ella, mientras quería hacerse la inocente fingiendo vergüenza.

Pero, al sentir mis manos acariciar y sacar fuera sus pechos, Natalia fue cambiando rápido de semblante, y ya totalmente entregada al morbo, se agachó hacia la mochila y sacó de allí un bote de aceite solar.

─¿Qué vas a hacer, cariño…? ─le pregunté intrigado, acariciándola con las dos manos desde el principio de su espalda hasta el culo mientras estaba agachada.

─Ya veras amor… ¿No quieres excitarte? ─dijo mientras se levantaba─. ¡Pues quédate un momentito ahí sentado…! Que te voy a hacer una cosa que te va a poner a cien… Ya lo verás. ─comentó, empujándome hacia abajo con una de sus manos, y obligándome a quedarme sentado…

Entonces, se sentó en otra roca en frente mio, y comenzó a quitarse el bikini de forma sensual: primero, y mirándome con una mirada lasciva que sólo en nuestros mejores polvos le había visto, se desató a su espalda lentamente la parte de arriba y fue descubriendo solamente un poquito de sus pezones… Se la dejó así, a medio quitar, y se agachó hacia mí dejándome a la vista todo el esplendor de sus tetas colgando, pero sin dejarme ver aun sus grandes pezones. ¡Sabía perfectamente que eso me volvía loco!

Sin dejar de mirarme, seguidamente, estiró con fuerza hacia abajo el sujetador, y sin soltarlo de la parte del cuello, descubrió por completo sus tetazas…. que quedaron levantadas por la presión que la cuerda del bikini hacía sobre ellas. Luego, las levantó apoyándoselas sobre un brazo, y con la otra mano, cogió el bote de aceite para empezar a derramar despacio una gran cantidad de líquido sobre sus tetas… Con ellas ya llenas de aceite solar, se las miró, mordiéndose los labios, e hinchó el pecho hacia mí aumentando así aun más el bulto de sus melones.

─¡¡QUÉ TETAZAS TIENES… MI AMOR!! ─le dije al verlas de esa forma en que se las sujetaba y apretaba.

Luego, eché un rápido vistazo alrededor, confirmando que nadie nos veía, mientras Natalia comenzaba a frotarse las tetas restregándose bien todo el aceite que había vertido sobre ellas. Yo ya estaba que se me rompían las bermudas del empalme que llevaba. No pude aguantar más la excitación, y me bajé un poco las bermudas: lo justo para sacarme la polla que ya me iba a reventar…

Ella, al verme con el rabo en la mano, siguió frotándoselas de manera sensual, y al comprobar ella también cómo no parecía haber nadie cerca, me dijo mientras me miraba con morbo:

─¡Sí… eso… hazte una paja! ¡Menéatela para mí mientras me froto las tetas! Eso me pone a mil: verte masturbarte mientras me ves desnuda…

Yo, haciéndole caso, me comencé a pajear cada vez con más fuerza…

Tener a mi chica allí, frotándose las tetas llenas de aceite, y con el morbo y la incertidumbre de que en cualquier instante nos pudiese descubrir alguien, yo me estaba poniendo a tope; nunca había sentido hasta ese momento ese morbo tan intenso y excitante… ¡Jamás! Durante estos dos días, cada cosa morbosa que nos iba sucediendo superaba para mí a la anterior…

─¡Ven, amor, por favor… Ven y chúpamela! Estoy a tope… ¡¡Hazme una buena mamada, como tú sabes, cariño!! ─le pedí ya totalmente fuera de mí, meneándomela como un loco mientras la miraba.

Ella volvió a mirar a los lados, y caminando un poco a gatas, se acercó hasta mí para comenzar al instante y sin recato alguno una espectacular mamada… Yo me puse de pie, con mi espalda apoyada sobre la roca, y ella continuó de cuclillas…

Me la iba comiendo toda y de forma lasciva; la forma en que lo hacía, parecía increíble para cómo solía ser ella; no me podía creer que no le importase estar haciendo aquello al aire libre; parecía embrujada por el encanto de aquel recóndito paraje que habíamos encontrado.

Así, primero, se centró en salivarme bien el capullo, haciendo esos ruiditos con la boca que siempre me vuelven loco. Luego, con fuertes chupetones, fue comiéndomela de arriba a abajo mientras me acariciaba los huevos: ¡Estaba totalmente centrada en la mamada! Me miraba con morbo a los ojos, y yo no podía dejar de observar esas tetazas suyas colgando, mientras me lamia la polla y bajaba hacia mis huevos…

Cuando llevaba un ratito ya de intensa mamada, miré hacia el frente, y me pareció observar algo entre las rocas… Creí poder descubrir a una persona que nos espiaba.

Sujeté a mi chica del pelo para seguir acompañándole la mamada, pero también para evitar que girase su cabeza y pudiese descubrir que alguien nos observaba. No me quería arriesgar, a que la posible vergüenza de mi novia arruinase esa genial mamada que me estaba haciendo.

─UUUFFF…. ¡Oh, dios…! ¡Sigue, cariño… sigue…! ¡¡Qué bien me la chupas!! ¡UUUUMMMMM….! ─la animaba con esas palabras y gemidos, para distraerla mientras fijaba mi vista entre aquellas piedras…

Seguí observando entre las rocas, y pude entrever la silueta de la sombra de un hombre… Al cabo de unos segundos, por fin se asomó, aunque tímidamente, y pude distinguirle perfectamente: ¡¡era Víctor!!.

Al principio, parecía asomarse con recelo, pero después de mirarme a la cara y yo hacerle un gesto con la cabeza, mostrándole que no me importaba que nos viese, ya se colocó sin pudor alguno a mirar la escena apoyado sobre las rocas.

Estaría a unos 6 o 7 metros de nosotros. Yo le iba observando mientras mi chica aun seguía centrada en la mamada, sin darse cuenta de nada.

Me fijé en él, el tío estaba como nos lo habíamos encontrado antes: totalmente desnudo. Eso sí, ahora traía la polla ya bastante morcillona, pero aun no la tenía empalmada completamente. ¡Aquello que tenía parecía un pollón tremendo…!

Sin que mi chica pudiese darse cuenta, le hice un gesto con el pulgar hacia arriba, como dándole permiso para que nos espiase. Él, al ver ese gesto, se agarró la polla y comenzó a menearsela lentamente, mientras iba observando sin reparo ninguno cómo mi chica me continuaba la mamada de espaldas a él, de cuclillas, y teniendo una visión privilegiada de su culo. Este tío parecía ser un súpervicioso, y se le veía tener experiencia en esto de espiar a parejas en la playa. Casi al instante, ya se le puso la polla totalmente durísima….

¡Aquella polla era ENORME! ¡¡Tremenda…!! Yo no había visto en mi vida nada parecido: tranquilamente le debía medir 22 o 23 centímetros, y con unos huevos grandes y gordos que le colgaban con una vigorosidad enorme. Natalia seguía centrada en la mamada, de momento ajena a todo eso.

Al momento, ella sacó mi polla de su boca, y comenzó a pajearla con fuerza mientras me miraba con mirada de viciosa…

─¿Te está gustando lo que te hago, amor…? ─me dijo mientras no cesaba de menearme la polla, mirándome fijamente a los ojos.

─Sí, cariño… no pares… qué me estas poniendo a tope… ¡Me quiero correr!

─¡Noooo, no te corras aun…! ¡¡Fóllame, Luis!!, quiero que me folles… ¡¡Estoy cachonda perdida!! ─exclamó ella, mientras se metía una mano dentro de la braguita del bikini, comenzando a acariciarse con ella el coño.

Me sorprendió gratamente lo cachonda y desinhibida que estaba: volvió a introducirse mi polla en la boca, y yo le volví a agarrar la cabeza para que no se diese la vuelta. Comprobé cómo Víctor seguía divisando la escena sin perder detalle, y al mirar de nuevo hacia él, le vi hacerme un gesto con las manos como animándome a follarla.

No sabía qué hacer… Yo tenía unas ganas enormes de follar a mi chica allí, en frente de aquel tío, pero no sabía cómo hacerlo sin que Natalia le descubriese. Me daba mucho miedo la reacción que pudiese tener ella al descubrir que alguien nos espiaba. Quizás aquello estropease las morbosas vacaciones de las que estábamos disfrutando hasta ahora.

Entonces, le hice un gesto a Víctor con la mano, y él se ocultó entre las rocas… Al instante, decidí retirarle de mi polla la cabeza a mi novia, y la llevé ahora hacia mis labios, para darle un lascivo y morboso morreo… Natalia, se tiró a comerme la boca, metiéndome como una bestia su lengua; se notaba que quería guerra… Y se la iba a dar, mejor momento y más morboso que aquel, quizás no iba a tener nunca jamás en la vida. Al menos, eso pensé en ese instante…

La levanté, me puse tras ella, y de un pequeño empujón la apoyé de pie contra una de aquellas rocas. De un solo tirón, le bajé hasta las rodillas la braguita del bikini, y dejé al descubierto su culo. Sin perder ni un segundo, me pegué a su espalda y comencé a lamerle el cuello y a sobarle las tetazas desde atrás, aprisionándola contra la roca y no dejándola darle la vuelta.

En aquel momento, no sabia donde podría estar Víctor: si seguiría escondido o si no. Pero me daba igual… Estaba tan excitado, que decidí arriesgarme a que mi novia le pudiera llegar a descubrir. Sólo quería follarme a mi chica y ella lo estaba pidiendo a gritos:

─¡Dios, Luis… cariño! ¡¡Fóllame… fóllame….!! ¡¡Métemela ya… por dios!! UUUUUMMMMM… No sé que me pasa… pero me acaba de entrar un calentón terrible. ¡¡Fóllameeee….!!

Ella, con sus piernas, fue ayudando a que se le fuesen bajando solas las bragas; que cayeron al momento ya libres en el suelo sobre la arena. Entonces, le agarré con las dos manos su culo, y tiré un poco de ella hacia atrás, hasta dejarla un poco en posición de cuatro patas, apoyando ella sus manos sobre las rocas. Le dí un fuerte azote en una nalga, que resonó en las rocas, y comencé a penetrarla… Mi novia, apoyada contra las rocas, en esa postura, sólo gemía de placer mientras intentaba aguantar con los brazos la fuerza de mis embestidas…

En ese momento, no podía ver a Víctor, pero podía intuir su presencia tras nuestro, y podía sentir en mi espalda su mirada mientras me la follaba: seguro que no se estaría perdiendo detalle de cómo le botaban las tetas a Natalia mientras se la metía…

Ella gemía de placer y sin voltear su cabeza, mirando solamente hacia abajo, mientras sentía mi polla cada vez coger más ritmo…

─¡¡Aaaahhhh…!! ¡uuuummmm! ¡¡Aaaahhhh…!! ¡¡Fóllame, fóllame… así… aaaahhhh, Aaaahhhh…!! ¡Sigueee, siguee…! ¡Que me corroo! ¡¡Que me voy a correrrr…!! ¡No pares!

Yo no iba a poder aguantar mucho más. Tenia unas ganas inmensas de correrme, pero sentía un morbo irrefrenable de ver si Víctor seguía mirando o qué hacía… Mi chica seguía totalmente absorta, poseída por la follada, y no se percataba de nada más. La agarré del pelo, obligándola así a mirar hacia adelante contra la roca, y giré un poco mi cabeza hacia atrás para observar…

Vi que Víctor seguía ahí… pero, esta vez, estaba de pie, subido entre unas rocas semi escondido. Decidí arriesgarme, y saqué mi polla del coño de mi chica para cambiar de postura: quería follarla y ver a la vez como se pajeaba Víctor mirándonos.

Levanté a Natalia, agarrándola por la cintura, y me senté en la misma roca que estaba antes. Ella, de forma totalmente milagrosa, llevada seguro por la excitación propia del momento, no llegó a mirar hacia donde Víctor se encontraba y no le vio. Se sentó sobre mis rodillas y, poco a poco, se fue introduciendo de nuevo mi verga para cabalgarme… Esta vez, sí que tenía yo una visión directa de Víctor.

Mi chica comenzó a cabalgarme con fuerza, saltando incesantemente sobre mi polla, con un morbo y una excitación tales, que la verdad, casi no me podía ni creer. Yo le agarraba, le sobaba y le chupaba sus tetazas, al son de la cabalgada que me estaba pegando… Mientras todo ésto, Víctor se seguía pajeando, meneando tranquilo ese pedazo de pollón que tenía, como si de viendo una película porno se tratase. De repente, caminó unos pocos pasos más, y se colocó en una posición ya peligrosamente cerca de nosotros.

Mi novia seguía cabalgando mi polla como una enloquecida: parecía en otro mundo, dejando perderse su mirada fija sobre la roca frente a ella o sólo bajándola de vez en cuando para mirar como mi polla entraba y salía de su coño. Entonces, la volví a agarrar del culo, y comencé a acompañar sus movimientos, follándomela ahora con más fuerza. Los dos estábamos a punto de corrernos ya…

Víctor también parecía excitadísimo en incluso con ganas de entrar en la fiesta. Sin duda alguna, seguro estaba deseando follarse conmigo a mi novia, pero parecía dudar de si era lo conveniente. En ese preciso segundo, parecería estar como esperando algún tipo de señal mía para abalanzarse sobre ella y unirse a nosotros.

Yo, en aquel momento y con una excitación tal, que me recorría todo el cuerpo, la verdad, podría ser que no me importase lo más mínimo que Víctor se acercase a Natalia y ésta comenzase a mamarle allí mismo su pedazo de pollón, o incluso, que se la llegase a follar: penetrándola también sin piedad a cuatro patas contra las rocas. Pero, en aquel momento, todo eso no dependía sólo de lo que yo desease; no sabía cómo se lo podía tomar mi chica y qué podría pasar… Posiblemente todo fuese un completo desastre si a él se le ocurriese acercarse más.

Entonces, en un momento de lucidez por mi parte, cuando Natalia comenzó a gemir más fuerte y parecía estar a punto de correrse, le hice a Víctor un gesto para que se alejase…

─¡¡Aaahhhh… ahhhhhhh…. mmmmmm…!! ¡Dios…. qué delicia! ¡¡Me corroooo… dios, me corrroooo…. amorrrr!! ¡aaaaahhhhhhhhh….! ─Los gritos de ella resonaron entre las rocas mientras llegaba al orgasmo. Víctor, al oírlos, dio unos pasos hacia atrás y se volvió a esconder entre ellas. Yo seguí moviendo su culo contra mi polla, y en unas pocos mete-sacas más, noté que ya me corría también…

─Uffff… amor… ¡¡Me corro, dios… me corrooooo….!! ¡Me voy a correr, cariño…! ¡¡Déjame correrme en tus tetas!!

Ella se levantó, y rápido se agachó frente a mí, apretando y juntando sus tetas, ofreciéndomelas para correrme en ellas. Yo, aunque sorprendido al ella aceptar tan fácilmente y de buen grado mi propuesta, descargué toda mi lechada sobre ella…

¡Qué corrida le eché! Varias gotas, llegaron a saltar incluso hasta sus ojos y su pelo… Levanté la vista, y vi que Víctor se había vuelto a asomar un poco y que estaba a punto de correrse también, vi cómo empezaba a menear más fuerte su polla, y al instante, vi cómo comenzaba a derramar también un gran torrente de semen; incluso, llegó a escapársele un pequeño grito grave de placer.

Rápidamente, al temer que se le pudiese haber escuchado, se metió entre las rocas, con la rapidez justa para ocultarse de la mirada de Natalia, que se había dado la vuelta al instante, al creer oír algo…

─¡Luis… yo creo que había alguien ahí! ¿No oíste ese ruido…? ─preguntó ella, nerviosa, mientras miraba a su alrededor, tapándose los pechos.

─No, amor… Yo he estado de frente a las rocas todo el rato y no vi a nadie. Estoy seguro, si hubiese alguien, le habría visto.─le contesté también algo nervioso, por si ella podía llegar a descubrir lo que acababa de pasar.

─No sé… Yo estoy casi segura que oí algo… ─volvió a comentar ella, mientras comenzaba rauda a recoger del suelo su braguita y a ponérsela apurada.

Metimos todo en las mochilas, y sin decirnos nada, nos fuimos de allí. No sabía donde andaría Víctor, pues no le veía, pero tampoco le había visto marchar. Recorrí el trayecto para salir de entre aquellas rocas algo nervioso… Me había encantado la experiencia, pero no sabía como podría actuar Víctor si nos lo cruzásemos, y sobre todo, cómo lo haría mi novia si nos lo topásemos por allí cerca y descubriese que nos había espiado y yo no le dije nada.

Al final, llegamos ya a la playa y ni rastro de Víctor; parecía que el tío de verdad se había marchado. Continuamos caminando por el paseo paralelo a la playa, y cuando iríamos hacia la mitad, pude distinguir a lo lejos la figura de Víctor. Mi chica también lo vio, y me comentó al instante:

─¡Mira… todavía está ahí el tío de antes! Aunque ahora está solo… se han ido sus amigos… Parece venir de donde estábamos nosotros. ¿Estás seguro que no nos habrá visto…?

─¡No, cariño, olvídalo…! ¡Qué nos va a haber visto! Ademas… y si nos hubiese visto… ¡qué coño importará! No le conocemos de nada.

Ella se quedó callada, como haciéndome caso, pero siguió observando a Víctor durante todo el trayecto hasta que le perdimos de vista. Después, nos salimos de la playa y nos acercamos a tomarnos algo al chiringuito; era ya hora de comer, y aquel polvo playero y furtivo nos había metido el hambre.