Recibiendo el castigo por infidelidad

Al salir de una reunión con un cliente, mire la hora. Eran las 17:00 y con el transito que había, si volvía a la empresa llegaría a las 18:00, que era la hora de plegar. Así que como que estaba cerca de casa, llame a la empresa para saber si había algo urgente que requiriera mi presencia, y como que no lo había les dije que no volvería a la empresa sino que iría directamente a mi casa, que estaba a menos de 15 minutos de donde estaba. Esto no era la primera vez que lo hacia, y tenia el beneplácito de mi jefe para hacerlo. Tampoco era algo habitual, soy el director de postventa de una empresa importante y, normalmente, es el personal a mi cargo los que van a ver a los clientes; excepto en el caso de unos pocos clientes, que dada su importancia me ocupo yo directamente de ellos. Y el cliente de esta tarde era uno de los mas importantes.

Así que me dirigí directamente hacia mi domicilio. Seguramente mi mujer Sara estaría en casa, sino había salido a comprar. Ella trabaja media jornada, solo por las mañanas, así que normalmente llegaba a nuestra casa a las 14:30. Cuando deje el coche en el parking de nuestro bloque, vi que su coche estaba en el, señal inequívoca que seguro que estaba en nuestro piso.

La puerta de entrada de mi piso, da a un pasillo corto con tres puertas, la puerta del fondo da a un salón comedor. Cuando abrí la puerta del piso, oí risas que provenían del salón comedor, cuya puerta no estaba totalmente cerrada.

De forma involuntaria, cerré la puerta despacio, para no molestar, ya que no sabia de quien se trataba.

Cuando se pusieron a hablar identifique la voz de Silvia una de amigas de mi mujer: Y vosotras que vais de recatadas, bien que disfrutasteis de mis negritos.

Sin entender a que se referían, pero sabiendo que era una reunión de mi mujer con sus amigas empece a dirigirme hacia el salón comedor para saludarlas. Cuando escuche la voz de mi mujer: Es que una no es de piedra, y nos pusiste esos pollones de chocolate en la boca.

Siguieron risas. Yo me quede parado en la mitad del pasillo. Entonces oí la voz de Laura, otra de las amigas de mi mujer: Silvia eres una zorra, esto no se hace a dos mujeres casadas.

Raquel, otra de las amigas de mi mujer: no culpes a Silvia, no se os obligo a nada, y la chica quería que celebráramos su cumpleaños por todo lo alto.

Laura: aun no me creo que dos mujeres maduras y felizmente casadas pudiéramos follarnos a ese par de jovencitos.

Mi mujer: yo tampoco. Aun no me creo que nos atreviéramos a ponerles los cuernos a nuestros maridos.

Raquel, riendo: seguro que tuvieron un buen dolor de cabeza.

Mi mujer: calla, calla que lo tengo a dos velas al pobre, me da cosa hacerlo con el, no sea que se de cuenta.

Silvia, riendo: después de cuatro días no creo que salga ya semen de tu coño o que te lo vea irritado.

Raquel, riendo: Lo que tu tienes miedo es que te encuentre muy abierta, o que ni se la notes.

Laura: no te rías, yo aun no me atrevo a mirar a mi marido a la cara.

Raquel: ahora estas se hacen las arrepentidas, pero seguro que si les dices de repetir seguro que se apuntan.

Silvia: vale dentro de un mes cuando tu vuelvas a venir lo hacemos.

Laura: no yo no lo repito, mi Alberto no se lo merece.

Raquel: los maridos que se hacen los santos, como tu Alberto son los mas puteros.

Mi mujer: y yo tampoco repito, si mi Paco se entera me mata.

Silvia: vosotras venid a la fiesta y si solo queréis mirar, allá vosotras.

Raquel: Silvia mejor que busques dos negritos mas, que seguro que estas dos nos los volverán a acaparar y nos quedamos nosotras a dos velas.

Silvia: por cierto, supongo que os habéis tomado las pastillas que os di.

Laura y mi mujer: Si, si, nos tomas por tontas.

Raquel, riendo: haber si vuestros hijos van a tener un hermanito, algo oscuro.

Si mi mujer hubiera estado sola hablando por teléfono, seguro que entro y no se lo que habría pasado. Pero estando las cuatro no me atreví a entrar. Aun se habrían reído en mi cara. Tampoco me podía quedar allí, así que opte por marcharme sigilosamente, necesitaba tiempo para encajar el golpe.

Para que entendáis mejor lo que os he contado, os diré que yo soy Paco y tengo 45 años. Estoy casado con Sara de 43 años desde hace 21 años y vivimos en la zona de Lerida. Tenemos dos hijos de 18 y 20 años que van a la universidad y viven en Barcelona, en la casa de mi hermana.

Mi mujer Sara tiene 4 amigas intimas que se conocen desde el instituto.

Laura, que esta casada con Alberto.

Silvia que esta recién divorciada. Silvia se caso con un ricachón y vive en un chalet en una urbanización de altos vuelos.

Raquel es separada y vive lejos, pero últimamente a empezado a pasar temporadas en la casa de sus padres ya que estos tienen una salud delicada.

Por esto Silvia decidió dar su fiesta de cumpleaños aprovechando que Raquel estaba en la ciudad. Este año al estar Silvia divorciada y nuestros respectivos niños ya ser mayores quiso hacer una merienda de solo chicas, otros años habían sido meriendas de familias, las parejas con los niños. Raquel, normalmente, no asistía por vivir demasiado lejos.

Salí, sigilosamente de mi piso, sin hacer ruido para que no notaran mi presencia. Cuando entre en el ascensor, pulse el botón del 2º sótano, donde esta mi plaza de parking. Mientras bajaba el ascensor me quede mirándome en el espejo del ascensor. Mi cara reflejaba lo que sentía en este momento: perplejidad, estupor, incredulidad.

Mi mujer siempre a sido tímida y recatada en el vestir. La falda mas corta que tiene termina cuatro centímetros por encima de su rodilla. Y tampoco le gustan los escotes pronunciados. Y no es por falta de pecho, ya que tiene unas preciosas tetas de tamaño mediano. Tampoco le gustan los bikinis, los pocos que tiene son de los mas completos. Solo le gusta exhibirse en la intimidad, en mi presencia. Cosa que a mi me encanta, digamos que Sara es mi tesoro y que es solo para mi.

En el terreno sexual, somos bastante tradicionales. A ella no le gusta hacer felaciones, y solo me ha hecho alguna, o por ir un poco colocada o como regalo, ya que sabe que a mi me gusta. Y como es lógico lo correrme en su boca, ni pensarlo.

Actualmente, nuestras relaciones sexuales se concentran en los fines de semana, ya que ambos nos levantamos temprano y necesitamos empezar la jornada laboral descansados. Lo hacemos con preservativo, cuando eramos mas jóvenes, Sara intento usar la píldora, pero lo dejo ya que le daba molestias.

Cuando salí del parking, no tenia claro a donde ir, pero recordé que mis padres no estaban en casa, estaban en un apartamento que tienen en la costa. Ellos acostumbran a ir allí cuando no es temporada turística, la aglomeración de gente de la temporada turística los agobia. Así que decidí ir hacia allí. Se trata de una casa unifamiliar con garaje, es la casa donde viví hasta casarme. Como que tengo mando del garaje podría entrar sin que los vecinos notaran nada. Lo que menos quería en este momento es toparme con alguien.

Después de entrar en el garaje, me desabroche el cinturón de seguridad y me quede sentado dentro del vehículo. Durante el todo el camino hasta casa de mis padres la conversación que había oído entre mi mujer y sus amigas se iba repitiendo en mi cabeza. Estaba claro que mi mujer me había puesto los cuernos con un par de jóvenes de color bien dotados. Yo no podía entender que mi mujer me pudiera haber hecho esto. Lo primero que pensé es que se paso con la bebida, pero cuando volvió de la fiesta, debían ser las 22:30, me dijo que estaba muy cansada, que no tenia hambre y que se iba a dormir. Yo no le note nada raro que me hiciera sospechar que estaba colocada.

A la mañana siguiente, tampoco vi que tuviera resaca. Estuvo concentrada en unos papeles del trabajo. Ahora me doy cuenta que no recuerdo que me mirara directamente a los ojos, pero no me extraño dado que estaba centrada en estos papeles.

Otra posibilidad era que hubiera tomado algún tipo de droga, que no produjera resaca. Silvia la veía muy capaz de convencer a sus amigas para que probaran alguna pastilla o un porrete. Cosas que mi mujer no haría por propia iniciativa, pero si Silvia insistía y mi mujer estuviera algo desinhibida no lo descartaba del todo.

Lo que tenia claro es que tal como estaba lo mejor era no ir a casa, tenia que pensar bien lo que tenia que hacer. Así que le mande un mensaje a mi mujer con el móvil diciéndole que estaba con un cliente en la zona de Girona, que terminaría tarde y me quedaría a dormir allí. Esto ya había pasado alguna vez, ya que tenemos un cliente muy importante en la zona. Ademas, sabia que mi mujer no me llamaría si veía el mensaje, ya que a mi no me gusta que me llamen cuando estoy trabajando.

Me quedaba claro, por lo que había oído, que mi mujer hasta entonces me había sido fiel. Y debo decir que yo también le había sido fiel. Dada la relación que yo creía que había entre nosotros, lo que no entendía es que hubiera dicho que si yo me enterara la mataría. Supongo que era una forma de hablar. Yo no me considero una persona violenta y creo que soy también bastante comprensivo.

Entonces me asalto la pregunta ¿porque no me lo había confesado?. Vale que me habría cabreado, pero lo que tenia claro es que al final la habría perdonado. Yo lo habría entendido, recordaba que una vez estuve a punto de serle infiel, y me quedo claro que si esto hubiera sucedido no se lo podía ocultar. Somos humanos y todos podemos cometer errores. Y cunado se quiere a una persona se tiene que aceptar sus errores, siempre que no sean repetitivos.

Ademas, la fiesta había sido el viernes, había tenido todo el fin de semana para decírmelo.

Ahora entendía lo de que tenia problemas intestinales, esta fue la escusa para no tener relaciones durante este fin de semana. También la encontré rara pero lo achaque a estos problemas.

Lo que me preocupaba sobremanera era la posibilidad de que esto se repitiera, como había propuesto Silvia. El no haberme lo confesado hacia mas posible esta situación. No me lo podía confesar y al cabo de un mes repetir, yo no lo aceptaría. Yo no soy un cornudo consentidor.

Cada vez tenia mas claro que tenia que hacer algo. No quería hablar directamente con ella diciéndole lo que había oído, lo veía muy humillante y traumático para ella, ademas de negarle la posibilidad de que fuera ella la que lo confesara.

Quería que fuera ella la que me lo confesara, así todo seria mas fácil. Pensaba primero montarle un pollo y luego perdonarla.

Quería de alguna manera forzarla a confesar pero como hacerlo. O de alguna manera asustarla para que si Silvia intentaba que lo repitieran, ella tuviera claro que tenia que negarse en redondo.

No se cuanto tiempo estuve dándole vueltas al asunto sentado dentro del coche. Pero al final me decidí por salir del coche y entrar dentro de la casa. Me dirigí a la cocina. Tenia la boca seca y necesitaba beber algo. Tenia claro que no comería nada, así que ni busque algo de comer. Luego subí a la planta superior, hacia el dormitorio que habíamos ocupado yo y mi hermano.

Mi imaginación empezó a desbocarse, me imaginaba a un par de negros con un buen par de pollones follándose ha mi mujer, esto por un lado me la ponía dura y por otro me ponía enfermo. Necesitaba desconectar. Al ver una foto antigua de yo con mi hermano, mire de recordar cosas de mi infancia y mi adolescencia con mi hermano para desconectar.

Mi hermano era 3 años mayor que yo. Cuando estudiábamos, yo era un buen estudiante y sacaba muy buenas notas, mientras que mi hermano era todo lo contrario un mal estudiante de notas pésimas. Así que mis padres me ponían como ejemplo, para que mi hermano cambiara.

Con esto solo lograron que me odiara e hiciera todo lo posible para putearme. Esto duro hasta que el se puso a trabajar, ya que mientras yo al estar estudiando no tenia un duro, el tenia un sueldo que le permitía disponer de dinero, lo que lo hacia que se sintiera superior a mi.

Empece a recordar las putadas que me hizo y entonces me acorde de una de las mas sonadas. Yo debía tener unos 16 años, por las mañanas me costaba madrugar, así que me levantaba, me vestía rápido y salia pitando para el instituto. Un día mientras iba corriendo al instituto, me empece as sentir raro. Y al llegar a clase me empezaron a picar los huevos y el culo. Imaginad una clase de chicos y chicas, y yo con un deseo irrefrenable de rascarme los huevos y el culo. Y sin atreverme. Había chicas que me gustaban y ¿que pensarían si me pasaba la clase rascándome los huevos y el culo?. Tuve que simular que me encontraba mal para ir a casa. Después me entere que el cabrón de mi hermano me había puesto polvos pica-pica en los calzoncillos.

Entonces se me encendió la bombilla, ¿que pasaría si a mi mujer le empezara a picar el coño?

Lo tuve claro, seguro que pensaría que uno de los negritos le había contagiado una enfermedad venérea. Entonces no tendría mas remedio que contarme toda la verdad, ademas seguro que quedaría escarmentada y no se atrevería a volver a ponerme los cuernos. Cuando mas lo pensaba mas me gustaba el plan, ya que ella lo pasaría mal. Este sería un justo castigo.

Subí al desván donde habían guardadas cosas mías y de mi hermano. Seguro que el cabrón se guardo la caja de polvos pica-pica para poder volverme a putear. Después de mucho buscar la encontré. Ahora solo faltaba poner en marcha mi plan.

A la mañana siguiente, le conté a Sara que había ido a Girona por un problema con nuestro cliente. Le dije que era grave y que creía haberlo solucionado, pero no estaba seguro al 100%. Esto lo dije porque si me notaba que hacia mala cara pensara que era por el trabajo. Espere hasta el viernes. Si ella hubiera confesado yo habría abortado mi plan. Pero no lo hizo. Lo que si hizo es estar mas cariñosa que de costumbre y cocino platos que sabia que a mi me gustaban. Supongo que quería compensarme de alguna manera.

Los viernes por la tarde, al llegar a casa, ella no suele estar, ya que el viernes por la tarde va al súper a comprar para el fin de semana. Así que era el momento adecuado para poner en marcha mi plan.

Abrí el cajón donde guarda sus bragas, la mayoría son o blancas o negras. Como que temía que se notaran los polvos pica-pica en las bragas negras decidí solo ponerlos en algunas de las blancas. Las cogí y las abrí y puse, un suspiro, de polvos en la zona del coño, y las volví a dejar tal como estaban, para que ella no pudiera notar nada.

Cuando llego, después de colocar los productos que había comprado, me dijo que se iba a duchar mientras yo preparaba la cena. Es normal que los fines de semana cocine yo.

Cuando ella se fue hacia nuestra habitación yo la seguí con la escusa de que mi móvil estaba quedándose sin batería. Quería saber que bragas cogía. Y bingo!, cogió unas bragas blancas.

Cuando volvió de ducharse yo ya tenia la cena preparada. Empezamos a cenar. Enseguida vi que se movía intranquila en su silla. Al poco rato fue al lavabo. Cuando volvió ya estuvo unos minutos tranquila, pero vi que volvía a moverse intranquila y volvió a ir al lavabo. Cuando volvió ya hacia mala cara. Yo muy atento le pregunte que le pasaba y ella me dijo que algo que había comido debía haberle sentado mal, ya que durante toda la tarde había tenido retortijones. Yo pensé retortijones de coño.

Cuando nos acostamos, yo, como marido comprensivo, no intente ponerme cariñoso como normalmente hacia los viernes por la noche para calentarla para hacer el amor.

Estuvo moviéndose inquieta en la cama. Yo simule estar dormido. Ella se levanto, cogió unas bragas negras y se fue al baño. Seguro que se lavaría el coño, se pondría las bragas negras que no tenían polvos pica-pica y dejaría de picarle el coño. Supongo que esto debió pasar, ya que yo me dormí antes de que saliera del baño.

A la mañana siguiente, al levantarnos me dijo que se iba a duchar. Cuando salia de la ducha, en ropa interior, vi que llevaba unas bragas blancas. Como era de esperar al cabo de unos minutos se empezó a mover intranquila. Yo le pregunte que le pasaba. Ella me volvió a decir que tenia diarrea y tenia su ano irritado.

Como es lógico al poner los polvos y plegar las bragas, aunque mire que fuera en la zona del coño, también podía haber en la zona del ano. Yo le dije que debía ir al medico, que no se hubiera comido un producto en mal estado o cogido algún virus.

Ella volvió a ir al baño, pero esta vez fue con el móvil. No escuche con quien hablaba ni de que hablaba, pero lo mas probable es que hablara con Silvia preguntándole si alguno de sus negritos tenia una venérea.

A media mañana me dijo que iba a la farmacia. Yo me ofrecí a ir o a acompañarla, cosa que ella rechazo. Cuando volvió me dijo que el farmacéutico le había dicho que había una pasa de un virus intestinal y por los síntomas seguro que lo había cogido, y le había suministrado una crema desinflamatoria para desirritar su ano. Yo me aguante la risa. Me venían ganas de ir a ver al farmacéutico y preguntarle que otras clientas les picaba el coño.

Vi que ella se dirigía al baño, y yo, como buen marido, le pregunte si quería que yo le pusiera la crema desinflamatoria. Y ella rechazo mi oferta y se fue hacia el baño. Cuando volvió estaba mas tranquila. Me fije bien y me di cuenta que se transparentaban algo sus bragas y estas eran negras.

Durante el resto del día supongo que la irritación fue desapareciendo y se fue animando. Pero al final de la tarde, decidió darse una ducha. Al poco de volver vi que volvía a estar intranquila. Pensé seguro que se había puesto unas bragas blancas. La cena fue un drama, casi no comió y fue varias veces al lavabo. Cuando volvía estaba tranquila durante cierto tiempo pero luego volvía a hacer mala cara. Yo le pregunte como se encontraba y ella siguió con el cuento del virus. Yo le aconseje que fuera al medico y ella me dijo que el lunes a primera hora pediría cita.

El lunes por la tarde su cara era un poema, seguro que le había picado el coño todo el día. Yo le pregunte si tenia cita para el medico. Y ella que estaba muy inquieta al contestarme me dijo que tenia hora mañana a las 17:00 con la doctora M… Esta doctora era su ginecóloga.

Yo poniendo cara de extrañeza le pregunte porque iba a la ginecóloga para un problema intestinal.

La había pillado. Yo esperaba que se derrumbara y me lo confesara todo.Pero no.

Ella después de dudar unos segundos me dijo que había hablado con su madre y esta le dijo que a ella le paso lo mismo cuando le llego la menopausia. Y como a su madre le había empezado la menopausia a su edad, seguro que era esto, y por esto había pedido cita con la ginecóloga.

Yo me ofrecí a salir antes del trabajo para acompañarla. Ella se negó ya que había hablado con Laura y esta la acompañaría. Yo pensé que seguramente Laura también debía estar acojonada, aunque no le picara el coño, si pensaban que uno de los negros había contagiado a Sara una venérea, ella también podía estar contagiada.

Cuando llegue a casa ella no estaba, ya que debía estar en la consulta. Así que aproveche para poner polvos en mas bragas, ya que tanto cambiarse había agotando las que había preparado. Cuando volvió de la consulta me confirmo que seguro que debía ser lo de la menopausia. Pero para estar segura le habían mandado hacerse unos análisis. Estaba seria, pero tranquila. Lo que era lógico ya que había agotado las bragas con pica-pica.

Como que no se cambio de bragas esta noche descanso bien. Pero a la mañana siguiente cogió unas bragas blancas, así que no me extraño la cara que tenia cuando por la tarde llegue a casa. Durante el resto de la semana dependiendo de las bragas que llevaba le picaba el coño o no. Y su cara cambiaba de preocupada a desolada según el caso. Yo en todo momento me mostré como un marido preocupado por la salud de su esposa.

El viernes aproveche para reponer polvos en las bragas blancas. Pero no en todas. No quería que ella llegara asociar el color de las bragas con sus molestias.

Durante el fin de semana se repitieron de forma intermitente sus problemas, dependiendo de las bragas que llevaba. Lo que continuo hasta mediados de la semana siguiente. Al final de la semana dejo de tener molestias, ya que había usado todas las bragas con pica-pica.

El viernes volví a poner polvos y se volvieron a repetir sus molestias durante todo el fin de semana. El martes tenia hora con la doctora para comprobar el resultado de los análisis. Cuando llegue a casa lo primero que le pregunte es por lo que había dicho la doctora. Y ella me contesto que era la menopausia y que estaría con molestias durante un tiempo hasta que se normalizara su organismo. También me dijo que durante este periodo no podíamos tener relaciones sexuales. Yo ya me esperaba algo así y como marido comprensivo no le puse inconvenientes, le dije que primero era su salud. Ella al oírlo se puso a llorar. Yo pensé que me iba a decir toda la verdad. Pero no lo hizo y me dijo que la doctora le dijo que podía tener cambios en su estado de animo, así que si se ponía a llorar que no le diera importancia que era por los cambios que estaba experimentando.

Vi que la doctora le había receptado un fuerte antibiótico, seguro que no tenia idea de lo que le pasaba y se lo había dado como precaución.

Yo decidí no poner polvos el siguiente viernes. Así ella empezó a esperanzarse pensando que el antibiótico había matado el bicho. Pero al otro viernes volví a poner polvos, así el fin de semana volvió a picarle el coño. Y ella se derrumbo, al darse cuenta que el antibiótico no lo había solucionado. Pero a pesar de esto no me confeso su infidelidad, como yo pretendía, y continuo con el cuento de que era la menopausia.

Durante las siguientes semanas, continué con dejarla un tiempo sin poner polvos a sus bragas y luego ponerlos. Para que ella se esperanzara y luego se derrumbara con la esperanza de que confesara su infidelidad. Durante este tiempo no mantenimos relaciones. Sin embargo lo que si tuvimos es una relación cariñosa entre nosotros, pero sin buscar la excitación sexual. Yo actuaba como el marido comprensivo con los problemas físicos de mi mujer. Y ella como la esposa apenada por no poder satisfacerme en la cama. Aunque en su caso yo también veía la culpabilidad de su infidelidad.

Al principio me alegraba por sus molestias considerándolas como un castigo y estaba esperanzado en que ella confesara. Pero al pasar de las semanas deje de alegrarme y consideraba que ya había tenido suficiente castigo, sobre todo cuando la veía undida con la reaparición de las molestias.

Y al final lo único que perseguía era su confesión.

Pero un viernes después de tenerla un par de semanas sin molestias, le puse polvos pica-pica en una de sus bragas. Cogió estas bragas cuando se baño y durante la cena volvió a picarle el coño. Ella se fue al lavabo. Como vi que tardaba me fui hacia el lavabo para interesarme. Cuando me acerque a la puerta, pude oír que lloraba desconsoladamente. Y tome una decisión. Decidí terminar con este juego. Como que tenia que sacar la basura. Puse la cajita de polvos pica-pica en la bolsa de la basura y la lleve al contenedor.

Paso un mes sin molestias, pero aun la veía afectada. Seguro que temía que volvieran las molestias.

Paso otro mes. Un par de días antes de las vacaciones de semana santa tubo cita con la ginecóloga. Cuando llego a casa estaba muy contenta. Y me dijo que la doctora le había dicho que su cuerpo ya se había estabilizado y que seguramente que ya no tendría mas molestias. Yo me alegre con ella. Pero cuando al ir a dormir ella se puso cariñosa yo la rechace cariñosamente. Le dije que estaba muy cansado y que ya lo celebraríamos durante la semana santa que empezaba en un par de días.

No es que no tuviera ganas, llevábamos casi medio año sin mantener relaciones. Pero me sentía mal. Notaba que algo entre los dos se había roto. O que quizás nunca había existido. Y me refiero a la suficiente confianza entre los dos. El saber que si cometes un error se lo podrás decir. Y que lo superareis juntos. Lo que dijo a sus amigas de que si yo me enteraba la mataría, paso de ser una frase hecha, a ser lo que ella pensaba de mi, que yo era una persona no comprensiva.

Cuando llegue a casa el ultimo día antes de las vacaciones. Al entrar ya me di cuenta que algo pasaba. La mesa estaba preparada para una cena romántica. Cuando la vi a ella salir de la cocina vi que estaba preciosa. Bien peinada y maquillada.

Me dijo: ve a ducharte y ponte guapo, te he preparado una cena especial.

Yo me fui a duchar y arreglarme. Sabia muy bien lo que mi mujer quería.

Cuando entre en el comedor la vi, al lado de la mesa, esperándome. Estaba preciosa. Llevaba un vestido con un escote tremendo que dejaba ver sus bonitos pechos y que permitía apreciar, levemente, sus pezones bajo la tela. Yo intuí que no llevaba sujetador. Cosa que corrobore al ver que el vestido dejaba la mayor parte de la espalda al descubierto. El vestido le llegaba algo por encima del medio muslo, dejando ver sus piernas enfundadas en unas medias de color irisado. El vestido debía ser nuevo, ya que yo no la había visto nunca. Ella tenia un par de vestidos de características parecidas, pero este los superaba. Eran vestidos que ella se ponía en eventos especiales. Que no se atrevería a llevar en publico y solo los guardaba para lucirlos cuando estábamos solos.

Yo avance hacia ella, mientras notaba que se me ponía mas que dura. Yo pose mis manos en su cintura, mientras que ella se colgaba de mi cuello. Unimos nuestros labios. Unimos nuestras lenguas. Unimos nuestros cuerpo separados unicamente por nuestras ropas. Notaba perfectamente las formas del cuerpo de mi esposa contra mi cuerpo, mientras nos besábamos y mis manos recorrían su espalda desnuda y su culo cubierto por la suave tela del vestido. Nuestros labios solo se separaban para poder decirnos que nos queríamos. No se el tiempo que permanecimos de pie uno en brazos del otro. Lo que si se es que la deseaba. Mis manos se volvieron mas audaces, mientras una buscaba acariciar su culo por debajo de la falda, la otra buscaba jugar con sus pechos.

Ella se separo: Vamos a cenar que si continuamos se enfriara la cena.

Yo me resigne. Me senté y abrí una botella de Albariño que estaba encima de la mesa. Estuvimos comiendo y bebiendo una cena exquisita. Cada vez que ella me traía un plato aprovechaba para besarme, y yo dejaba que una de mis manos se perdiera bajo su falda acariciándola, y que mi vista se perdiera en la visión que el escote me daba de sus pechos.

Durante toda la cena estuve empalmado disfrutando de la visión erótica de mi esposa. Ni recuerdo de lo que hablamos, yo solo esperaba que terminara la cena. Cuando terminamos de comernos el postre, ella se levanto para recoger los cubiertos del postre, yo también me levante impaciente.

Ella sonrió y me pregunto: Quieres un café, una infusión.

Yo, que no estaba dispuesto a esperar: no, solo te quiero a ti. Te deseo. Lo que quiero es hacerte el amor.

Ella sonriendo: lo mismo deseo yo.

Ella se fue a la cocina llevando los cubiertos y yo la seguí, con lo que quedaba en la mesa. Mientras ella colocaba las cosas en el lavavajillas, yo tomándola de la cintura pegue mi entrepierna a su culo para que notara mi erección. Ella riendo empezó a mover su culo lateralmente mientras terminaba con el lavavajillas. Cuando termino y se incorporo, yo me pegue a su espalda mientras deslizaba mis manos desde su cintura. Una hacia su pecho y la otra hacia su entrepierna por encima del vestido, mientras que le besaba el cuello.

Mientras una de mis manos se introdujo en su escote para acariciar uno de sus pezones, la otra se colo por debajo de su falda para poder acariciar su coño por encima de sus bragas, sin dejar de besarle el cuello.

Ella se dejo hacer mientras que empezó a suspirar: Cariño, si continuamos así no llegaremos al dormitorio.

Yo, mientras la soltaba: Tienes razón, o nos vamos ya o no llegaremos.

Digan lo que digan, y aunque follar en la cocina tiene su morbo, para hacer el amor lo mejor es una buena cama. Así que sin esperar mas, cogidos de la mano nos apresuramos a llegar a nuestro dormitorio.

Cuando entramos ni siquiera cerramos la puerta. Mientras nos devorabamos nuestras bocas, ella se lanzo desesperada a desabrochar los botones de mi camisa, mientras que yo deslizaba los tirantes de su vestido para que se deslizara por su cuerpo hasta el suelo.

Ella me quito la camisa. Y besandome me acaricio mi pecho, mientras que yo me deshacía de mis pantalones y de mis calzoncillos. Mientras yo me quitaba los zapatos y terminaba de quitarme los pantalones y los calzoncillos. Ella se quito las bragas y se tendió en la cama. Yo desde el pie de cama, deslice mis manos por sus piernas y muslos, mientras mi boca se dirigía hacia su sexo. Pase mi lengua por encima de sus labios y se su clítoris, estaba empapada. Ella gimió. Yo besandola, deslice mi cuerpo por encima del suyo deseando penetrarla, diciéndola: no sabes cuanto te deseo.

Ella: y yo a ti mi amor.

Entonces en mi mente me traiciono. Los últimos que la habían penetrado, hacia unos seis meses eran unos jóvenes negros. Un gusto amargo subió de mi estomago.

Ella mostrándome un preservativo: cariño, el preservativo.

Entonces, la amargura se transformo en rabia. Los negros se la follaron a pelo. Y una idea malévola se encendió en mi mente.

Yo cogí el preservativo y lo tire: Ya no lo necesitamos.

Sin darle tiempo a responder la penetre con mi pene y uniendo nuestros labios le impedí hablar. Pude ver la perplejidad en su mirada. Note que se puso tensa. Esto ella no lo había previsto.

Yo empece a bombear mientras mi lengua jugaba con la suya, note como se relajaba y se me entregaba totalmente.

No aguante mucho, y me corrí en su interior. Ella no había llegado a su orgasmos y yo necesitaba unos minutos para recuperarme. Me deslice otra vez hacia abajo. Y me puse a lamer su clítoris, mientras que mis manos magreaban sus tetas. A los pocos minutos ella tubo su orgasmo. Ella aparto mi cabeza de su sexo. Yo me di cuenta que mi pene volvía estar recuperado, se había recuperado antes de lo habitual. Así, que me volví a colocar en posición y la volví a penetrar. Ella que tenia los ojos cerrados terminando de disfrutar de su orgasmo, al notar que la volvía a penetrar los abrió. Por un momento creí que intentaría detenerme. Pero no lo hizo. Y yo empece a bombear suavemente en su interior.

Me di cuenta que ella volvía a gemir excitada. Su orgasmo debía estar volviendo. Yo empece a bombear con mas ritmo y ella volvió a tener un nuevo orgasmo, mientras yo bombeaba con todo.

Ella entre gemidos: Por favor, para un momento.

Yo sin desacoplarme me detuve y la deje recuperarse.

Ella, después de unos minutos, ya mas recuperada: es la primera vez que he tenido un orgasmo doble. Cuando uno se terminaba ha empezado el otro. Eres el mejor de los amantes.

Yo que continuaba con mi erección estimulado con las contracciones que el orgasmo había provocado en su vagina. Suavemente volví a bombear. Ella me besaba y acariciaba mi espalda. Fui incrementando el ritmo. Note que ella estaba próxima a tener un nuevo orgasmo. Aguante como pude para que nos corriéramos los dos a la vez.

No se el tiempo que estuve bombeando pero estaba hecho polvo. Me tumbe a su lado para recuperarme. Nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente, cuando despertamos, volvimos a hacer el amor y volví a descargar en su interior. Después de descansar un rato, nos fuimos a duchar. Nos volvimos a calentar y volví a correrme dentro de ella. Esta vez fue muy poco ya que hacia poco que me había corrido.

Nos vestimos y almorzamos. Ella me dijo que saldría para hacer algunas compras. Yo no la deje salir sola. Y como un buen marido enamorado la acompañe. Note que ella disimulo su disgusto. Supongo que había pensado ir a la farmacia para que le dieran la pastilla del día después, pero yo tenia claro que no se lo permitiría.

Durante todas las vacaciones, follamos como conejos y todas las veces descargue en su interior. Ella al principio, aunque miraba de disimularlo, estaba intranquila, supongo porque tenia miedo de quedar embarazada. Pero creo que al final se resigno.

Pasada la semana santa continuamos haciendo el amor cada noche, en parte porque íbamos lanzados de la semana santa y en parte porque no iba muy agobiado por el trabajo. No se si ella tomo algo para no quedar embarazada. Pero pasadas tres semanas, note que hacia mala cara. Me dijo que estaba mareada. Un par de días después al llegar a casa vi que estaba preocupada y me lo dijo: Cariño estoy embarazada.

Yo mostré asombro y controle algo mi alegría: pero no estas menopausica.

Ella: si, pero debía quedar algún ovulo rezagado.

Yo, contento: Voy a volver a ser padre.

Ella, desanimada: estoy asustada, soy muy mayor para esto. Y a esta edad los embarazos son complicados.

Yo animándola: que va, estas muy bien y muy guapa cariño. Y últimamente hay muchas embarazadas cuarentonas.

Lo dijimos a nuestros hijos y estuvieron encantados, sobretodo mi hija. Y entre todos logramos animarla.

Como es lógico, me dijo que había pedido hora para la ginecóloga. Yo le dije que la acompañaría. Ella intento disuadirme, pero yo no me deje. Si tenia que salir del trabajo lo haría. Yo aun tenia la esperanza que me dijera toda la verdad, pero no fue así.

Cuando fuimos a la ginecóloga, note que esta estaba tensa. Supongo que mi mujer debió hablar con ella para que no dijera nada de los problemas que había tenido y que apoyara su relato de la menopausia. La doctora lo hizo, aunque se notaba que lo hacia a disgusto. Sobretodo en la primera visita. Estuve tentado en ponerme preguntón, pero no lo hice.

El embarazo fue bien, y tuvimos un hermoso niño.

Esta tarde, mientras que mi mujer le daba el pecho al pequeño, lo estuve pensando.

Dicen que “no hay mal que por bien no venga”. No se si esto es verdad siempre, pero si en este caso.

No diré que me guste que mi mujer me haya puesto los cuernos. Y lo que mas me sabe mal es que no haya confiado en mi lo suficiente para decirme la verdad, pero yo ahora viendo mi hijo chupando con ganas el pecho de mi mujer, soy feliz. Estoy deseando volver a vivir con mi mujer el jugar con nuestro hijo, el ir al parque con el, el ver su cara cuando lleguen los reyes magos,…etc.

En cuanto a mi mujer una cosa tengo muy clara, no volverá a serme infiel, la posibilidad de volver a pasar por lo que paso la mantendrá fiel. Vaya, que tubo un buen escarmiento.