Recibiendo verga en el puerto de Montevideo

Hacía 2 horas que habíamos llegado al puerto de Montevideo, teniendo que quedarnos fondeados en la bahía ya que no teníamos muelle hasta que nos dieran permiso. Para ir a tierra, nos venía a buscar una lancha del puerto, nos dejaba en el muelle, y de esa manera podíamos ir a pasear por Montevideo. Para volver al barco, era igual, teníamos que esperar a que dicha barca nos llevase al buque. Lo que yo no supe, es que, para volver al barco, teníamos unas horas contratadas, por lo que fuera de esas horas, no teníamos ninguna opción, salvo esperar a que fuese la hora en la que sí teníamos dicho transporte disponible, o esperar en Montevideo a que el barco amarrase al muelle cuando le dieran permiso.

Yo como la mayoría de los compañeros que no teníamos guardia y hasta que nos fuésemos de dicho puerto, teníamos libre, el primer día ya desembarqué para ir a Montevideo.

Llevábamos 6 meses embarcados, sin apenas tocar tierra, solamente habíamos estado 2 días en punta Arenas (Chile), y de eso ya hacía 4 meses, por lo que tan pronto nos dieron permiso, desembarcamos para ir a Montevideo.

Yo iba con otro compañero, solíamos salir siempre juntos a todas partes, y aquí fue igual que en otras ocasiones. Al llegar al muelle, fuimos a la puerta de salida donde nos teníamos que identificar. Allí en una pequeña caseta había unos milicos, así se decían entre ellos, a los que les teníamos que enseñar el pase que nos daban las autoridades del puerto, para identificarnos, de esa manera controlar nuestras salidas y entradas en el recinto portuario. Allí fue donde mi compañero se pasó de listo, quiso tomarles el pelo, y después de tratar de engañarlos prácticamente les llamó putos. Ellos primero lo tomaron de broma, pero luego le pararon los pies, y si la cosa no fue a mayores, fue por la intervención del capitán de nuestro buque, que en ese momento se encontraba allí.

Pero lo que sí pasó, es que aquellos milicos, se habían quedado con nuestras caras y como pude saber más adelante, estaban esperando su oportunidad. Y claro que tuvieron su oportunidad, pero el que pagó los platos rotos, fui yo, que no me había metido con ellos, pero por estar con el cafre de mi compañero el día que se metió con ellos, pues también me metieron en el lote, y me tocó a mí, pagar la ofensa de mi compañero.

Ya habían pasado 3 días que habíamos desembarcado, y habíamos tenido, mejor dicho, había tenido mi compañero el incidente con los milicos del puerto, cuando yo al quedarme sin dinero y estar los bancos cerrados por huelga, tuve que ir al barco a buscar dinero, ya que siempre solía dejar una pequeña reserva en la taquilla de mi camarote.

Sabía que esa noche el barco tenía muelle, por lo que debería estar ya amarrado al puerto, dejando de estar fondeado. No tuve mejor ocurrencia que ir solo y a las 5 de la madrugada. La verdad es que fui a esa hora porque como ya no me quedaba ni un chelín en el bolsillo y estando solo, encontrándome en la zona vieja, estando muy cerca del puerto, pues decidí ir a esa hora.

Al llegar al puerto, siguiendo la valla que separa el recinto portuario de la ciudad, me encaminé hacia la puerta que daba acceso y donde nos teníamos que identificar ante los milicos. Allí preguntaría en que muelle estaba amarrado mi buque, me identificaría y listo, me daría una ducha al llegar, dormiría unas horas, y luego vuelta para Montevideo, a seguir la fiesta.

Pero uno propone y Dios dispone. Nada más llegar al puesto donde me tenía que identificar y poder acceder al recinto portuario, me encontré con varios milicos, de los cuales 2 eran con los que mi compañero había tenido el incidente el primer día, por lo que aquello no me gustó nada. Además de los milicos, había varios trabajadores del puerto, en España les llamamos estibadores, son los que se dedican a descargar o cargar bien la mercancía que transportan los buques, o trabajadores de los consignatarios que suelen cargar víveres, etc.

Nada más presentarme ante los milicos, uno de ellos me reconoció, por lo que nada más verle la cara de satisfación y la sonrisa que esbozaba, me di cuenta de que iba a tener problemas. Y claro que ahí empezaban mis problemas.

Vaya vaya, pero mira a quien tenemos, si es uno de los españolitos que nos llamó putos, decía el que esbozaba una sonrisa, acercándose hacia mí para atenderme.

Yo, yo, tartamudeaba tratando de decirle que yo no me había burlado de ellos, que había sido mi compañero.

Ya, tú no dijiste nada, pero seguro que pensabas igual que tu compañero, decía el milico.

Temblando de miedo le di el pase, preguntándole en que muelle había amarrado mi buque, echándose este a reír, al ver mi semblante y la situación en que yo me encontraba.

Pero españolito, yo que pensaba que venías a disfrutar con estos putos, y resulta que quieres irte para el buque. Pues eso no va a poder ser lindura, me decía echando mano a mi entrepierna agarrándome el paquete. Tu buque todavía está fondeado, no tiene amarre hasta las 9 de la mañana, y a estas horas no tienes trasporte. No será que a lo que venías era a otra cosa, decía apretándome los genitales.

Yo sin poder dar crédito a aquella situación en la que me encontraba, empecé a ponerme colorado viendo como todas aquellas personas no me quitaban la vista de encima, y como veían como aquel milico me agarraba por mis partes, hablándome de aquella manera. Todos estaban pendientes de mi reacción, viendo que yo callaba y no decía nada, solo veían mi enrojecimiento, y como mi paquete empezaba a reaccionar a la mano del milico, empezando a abultarse cada vez más.

No tardó nada en arrimarse uno de aquellos estibadores, era el más grande y fuerte, además de ser por lo menos 20 centímetros más alto que yo, su complexión era prácticamente el doble de la mía, vamos que, si me coge en sus brazos, me movería como si fuera un peluche.

Nada más acercarse a nosotros, mientras el milico me agarraba por mis partes frotándome los genitales, el estibador llevó su mano a mi trasero, empezando a magrear mi culito.

Tiene una linda colita, decía magreando mis cachetes. Podríamos pasarlo muy bien, españolito, se nota que tienes ganas de una buena ración de pija.

Podemos llevarlo para el muelle donde tiene el atraque su buque, y allí enseñarle como son el calibre de nuestras estachas, de paso aprovechar para darle una buena garchada, ¿eh españolito, que te parece?

Yo no me movía, ni siquiera era capaz de abrir la boca para decir nada, pero los muy cabrones no paraban de manosearme, por lo que se me escapó un ligero gemido, cosa que les dio pie para seguir y empezar a animarse.

¡Uy! Pero si parece que le está gustando, decía el estibador, seguro que está deseando que le demos una buena cogida.

Vamos allá, dijo el milico sujetándome por el brazo, a la vez que salíamos de la caseta donde nos identificábamos. De allí salimos los 3, viniendo detrás nuestros 3 estibadores más junto a otro de los milicos.

Fuimos andando hasta llegar a un viejo edificio, parecía medio destartalado, pero no, aquello era o al menos parecía un viejo edificio de principios del siglo 20, donde en los costados de este, había una especie de andén, pero más que un andén, era como un soportal, ya que cada pocos metros había una columna soportando la estructura del edificio. Aquel andén quedaba aproximadamente a un metro de altura del muelle, y rodeaba el viejo edificio como si de una acera se tratase. Había muy poca luz, ya que el edificio estaba o al menos yo lo veía cerrado, y a aquellas horas, todavía la noche reinaba, por lo que poco se podía ver, solo lo que la luna a aquellas horas reflejaba.

Sabía lo que me iba a pasar, por lo que iba con algo de miedo, eran 6 personas, y si todos me daban por el culo, aunque ya no fuera virgen, pues mi culito ya había sido sodomizado y profanado en múltiples ocasiones, nunca había estado con tantos hombres a la vez.

Me gustaba que me dieran por el culo, sí, pero aquella situación me propasaba, mi culito nunca había estado con tantas pollas a la vez. Además, es que aquellas personas me atemorizaban algo, los milicos me imponían algo de respecto y miedo, y aquellos estibadores, salvo uno de ellos que se veía más jovencito que yo, se veían fuertes y musculosos, sobre todo el que venía junto a mí, el cual parecía ser el mayor de ellos, tocándome sin parar el culito, acompañando al milico que me llevaba sujetándome por el brazo. Aquel estibador podía cogerme en sus brazos, y apenas me vería entre ellos.

No sabía a donde me llevaban, por lo que supuse al ver aquel edificio al cual nos encaminábamos, que allí sería donde me meterían y allí sería donde me darían por el culo aquellos hombres.

El que parecía llevar la voz cantante, además del milico que me llevaba sujetándome por el brazo, era aquel estibador que me iba manoseando el culo, que como digo además de ser más alto y tener una complexión que doblaba la mía, y que por la edad bien podría ser mi padre, ya que ya estaría bien entrado en la cuarentena, fue el que dijo a donde debíamos ir. Vamos para el otro andén, allí está más oscuro, y aunque queda mirando al mar, como todavía no ha atracado el barco, estaremos más ocultos.

Joder, yo creyendo que íbamos a entrar en el edificio de la vieja nave aquella, y allí ser follado, al parecer me había equivocado, iban a follarme en aquel andén, fuera de la nave. Allí era donde tenían pensado cogerme.

Nos subimos al andén, yendo para una de las partes más oscuras, quedando medio tapados por una de aquellas columnas que soportaban la estructura de aquel viejo edificio. Allí nos paramos y empezó a decirme el milico que me sujetaba por el brazo. Bueno españolito, ahora vamos a ver lo buen puto que eres, me decía volviéndome a agarrar por los genitales, llevando su mano a mi entrepierna.

¡Uy, pero si el muy puto se nos ha puesto arrecho, decía sobándome la entrepierna, seguro que estás deseando que te garchemos, ¿eh españolito? Ahora va a resultar que nos has salido puto de verdad. Decía el milico sin dejar de manosearme el paquete mientras el mayor de los estibadores no paraba de sobarme el culo.

Pues no veas que colita más linda tiene, estoy deseando verle el orto y cogerlo bien cogido, si al final nos ha salido todo un puto, el españolito este.

Y como coño no iba a estar empalmado, si los muy cabrones no paraban de manosearme magreándome mis genitales y culito. Claro que estaba excitado y caliente, cada vez más, viendo aquella situación. Por supuesto que tenía algo de temor, era la segunda vez en mi vida que estaba en Montevideo, y nunca había mantenido relaciones sexuales en aquel país. No sabía como trataban a los maricones como sabía que era yo desde aquel día que me desvirgaron en Zaragoza.

El milico empezó a aflojarme el cinturón del pantalón, mientras el estibador seguía manoseándome el culo a la vez que decía la linda colita que tenía. Yo que estaba super nervioso, empezando a estar excitado, miraba para todas partes sin terminar de creerme que era allí donde me iban a follar.

Dios, pero si como quien dice allí estábamos en pleno puerto de Montevideo y al aire libre. Cualquiera que pasara por allí, nos vería perfectamente. Además, si solo fuéramos 2, aún podíamos estar algo ocultos, sobre todo gracias a aquella oscuridad reinante. Pero siendo tantas personas, aquello parecía imposible que no llamáramos la atención de cualquiera que pasara por allí.

Mientras el milico aflojaba mi cinturón, vi como el otro milico se abrazaba al estibador más jovencito, empezando a bajarle el pantalón. De todos los estibadores, era el más delgado y joven, incluso yo diría que unos años más joven que yo. Mientras le bajaba el pantalón, el jovencito le estaba sacando la verga al milico, a la vez que se la acariciaba e iba descapullando.

Dios, no podía creerlo, de pronto mi cuerpo se estremeció al ver aquello, empezando a recorrerme una excitación que hizo que mi polla se pusiera bien tiesa y dura, a la vez que me empezaba a palpitar el culito, al ver aquella verga del milico que le estaba bajando los pantalones al jovencito.

El milico que ya me había aflojado el cinturón, estaba ahora ya desabrochándome el pantalón, bajándome la cremallera una vez me hubo desabotonado el mismo. Mientras el estibador que me manoseaba el culito veía como yo miraba embobado como el jovencito le sacaba la polla al otro milico, mientras este ya le tenía el pantalón en los tobillos, y empezaba a bajarle el slip.

¿Que españolito, te gusta lo que estás viendo? Decía el estibador que me acariciaba el culo.

No te preocupes, que para ti también hay pija. Ya verás como vamos a disfrutar, hoy voy a probar una colita española, y seguro que vas a disfrutar con mi chota dentro tuya. Voy a dejar mi semilla dentro de esta linda colita.

Cuando me di cuenta, ya tenía el pantalón sobre los tobillos, y el milico que me los había bajado, tenía su polla de fuera, esperando a que yo se la agarrara con mi mano y empezase a acariciársela al igual que el jovencito le estaba haciendo al otro milico.

Anda españolito, no pierdas tiempo y acaricia la pija que te vas a comer, que luego te quiero llenar la colita de espesa y rica lechita, me decía llevando mis manos a su verga mientras miraba para mí, viendo como me brillaban los ojos a causa de la excitación que estaba sintiendo, al ver como el jovencito se agachaba disponiéndose a chupar la verga que estaba seguro luego lo iba sodomizar, como seguro me iban hacer a mí.

Con algo de temor en el cuerpo, sujeté la verga de aquel milico, empezando a acariciarla, viendo como el milico me miraba sonriéndose, al ver la cara de asustado que tenía, y como me brillaban los ojos a causa de la excitación y lujuria que estaba sintiendo y que era incapaz de ocultar.

Así mi lindo puto, así, acaríciala, me decía empezando a desabotonarme la camisa, mientras yo le acariciaba la polla viendo como me sonreía y seguía desnudándome, a la vez que notaba como me empezaban a bajar el slip por detrás, dejando mi culito al aire y en manos del estibador que no dejaba de manosear mis glúteos, esperando que el milico me desnudara.

Dios, notaba la polla del milico caliente y suave, y sus manos terminando de desabotonarme la camisa, empezando luego de haberme dejado con el pecho descubierto, pasar sus manos por mi pecho y abdomen, mientras me decía lo lindo y bueno que estaba.

Que lindo puto que sos, decía pasando sus manos por mi pecho y abdomen, ¡ufff que bueno que estás! Decía pellizcándome los pezones a la vez que llevaba su boca a la mía, empezando a mordisquearme el labio inferior.

¡Ufff! Yo ya estaba que ardía, a pesar del fresco que hacía aquella madrugada, mi cuerpo estaba que echaba humo a causa de lo caliente que estaba. Tenía la polla que me reventaba, el culo al rojo vivo a causa del manoseo a que era sometido por el estibador, y ahora la boca del milico, comiéndome la mía, mientras me iba desnudando sobre aquel andén, desde el que se podía contemplar las aguas del puerto junto a los buques que estaban fondeados y amarrados a los muelles. Allí sobre aquel andén del puerto de Montevideo, me estaban desnudando, dejándome en pelota picada, como Dios me trajo al mundo, para luego darme por el culo, y darme una de las mejores y sabrosas folladas de mi vida y que hoy recuerdo con agrado y cariño.

El estibador al ver como el milico me iba quitando la camisa y cazadora, llevó sus manos al cuello de ambas prendas, y mientras yo llevaba mis brazos hacia atrás, él terminaba de quitarme ambas prendas, quedándome tan solo con el slip a medio bajar y el pantalón sobre los tobillos.

Al verme así expuesto el milico, empezó a abrazarme mientras metía su lengua en mi boca, saboreando toda ella a la vez que el estibador tiraba las prendas al suelo y empezaba a sacar su verga de fuera.

Después de saborear mi boca con su lengua y haber juntado nuestras salivas, haber mordido y chupado mis labios, dejándolos hinchados y enrojecidos, el milico fue bajando con su boca por mi cuello haciéndome estremecer abrazándome a él, mientras iba recorriendo con su boca mi cuello, donde dándome un mordisco me dejó marcado un chupón, a la vez que yo soltaba un gemido empezando a temblar a causa del placer que estaba sintiendo.

El milico al verme temblar y gemir, mientras yo lo abrazaba sujetando la cabeza con mis manos, siguió bajando con su boca recorriendo mi cuerpo, a la vez que llevaba sus manos al elástico de mi slip, tirando de ellos hacia abajo, hasta dejarlos junto al pantalón.

Acarició mi polla que estaba que reventaba de tiesa y dura que la tenía, y viendo como me temblaban las piernas, pasó uno de sus brazos rodeándome ambas, mientras se agachaba y con la otra mano terminaba de sacarme el pantalón y slip, por completo. Levantó una de mis piernas, tiró del pantalón y slip, sacando junto al zapato, parte del pantalón junto al slip, para seguido hacer lo mismo con la otra pierna, quedándome ahora sí, desnudo por completo ya que incluso los calcetines me había sacado.

Se puso de pie, y ahora que ya me tenía desnudo por completo como deseaba tenerme, metiéndome de nuevo la lengua en la boca, mientras apretaba con sus manos los cachetes de mi culito, suspiraba entre jadeos, diciéndome lo bueno que estaba.

¡Ohhh que bueno que estás! Sos un puto muy lindo, al que me voy a coger

Hasta llenarte con mi esperma, voy a dejar mi lechita en tu tripita, quiero que lleves mi semilla contigo, españolito, decía entre jadeos.

Puso sus manos sobre mis hombros haciendo que me agachara, mientras me ordenaba que abriera la boca y le chupara la verga.

Anda españolito, abre esa boquita y métetela toda y mámala bien que te voy a romper el orto, me decía mientras yo agachado abría la boca tragándome aquella pija del milico.

El cabrón tenía una buena polla, era negra y suave, y fácilmente rondaría los 16 o 17 centímetros, no era gruesa ni estaba circuncidado, por lo que, con lujuria y desesperación, me aferré a aquel cipote, empezando a chuparlo como si de un manjar se tratara.

Mientras yo estaba aferrado al cipote del milico chupándoselo, el estibador que no había parado de manosearme el culito, abriéndome las piernas, separó los cachetes de mi culo, pasó sus dedos desde mis bolas, pasó por el perineo parándose en la entrada de mi agujerito, presionó con uno de sus dedos haciendo que mi esfínter cediera, metiendo todo el dedo en mi culo. ¡Ohhh! Exclamé a la vez que daba un respingo y mi cuerpo se estremecía al notar como aquel dedo profanaba mi culito. Tranquilo españolito, dijo el estibador mientras movía su dedo haciendo que mi esfínter se fuese dilatando. Después de hurgar con sus dedos en mis entrañas y hacer que mi esfínter se dilatase, quitó sus dedos, enterrándome su lengua en él.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí estremeciéndome al notar aquella lengua hurgando y lamiendo mi rosadito agujero.

Que hijo de puta, que lengua tenía, como lamía y chupaba el cabrón. Me abría de piernas todo lo que podía, notando como aquella lengua saboreaba y lubricaba mi hoyito, mientras yo tragaba y acariciaba la polla que por primera vez me iba a sodomizar en Montevideo. Aquella noche me iban a garchar estando completamente desnudo sobre el andén del puerto, prácticamente estando al aire libre y siendo exhibido a cualquiera que pasara por allí. A poco que fuera avanzando el día, y la claridad fuese reinando, cualquiera que pasara por allí, incluso desde los mismísimos barcos que había fondeados o amarrados, podrían ver como me tenían desnudo tanto a mí como al otro jovencito al que ya estaban sodomizando.

Y así era como tenían al delgado y jovencito estibador, el otro milico y uno de sus compañeros. Le estaban dando por el culo mientras él, le chupaba la polla a otro de sus compañeros.

Estaba viendo la follada al jovencito, cuando sacándome la polla de la boca el milico, me hizo incorporar dándome la vuelta, quedando ahora mirando para aquel cachas de estibador que me había comido y lubricado el ojete, me quedé apoyado sobre él, mientras el milico me abría de piernas, colocaba su polla en la entrada a mi ano, y sujetándome por las caderas, me daba una envestida, enterrándome prácticamente toda su virilidad dentro mía.

¡Ohhh! ¡ooohhh! Gemí apoyándome en el pecho del estibador, al sentir como aquella polla del milico, entraba en mí, haciéndome suyo.

¡Ohhh que culito! ¡ooohhh! Que calentito y suave, ¡ummm! Que rico se siente, gritaba el milico enterrándome todo su nabo en lo más profundo de mis entrañas, dejándome ensartado en su cipote hasta los mismísimos cojones.

Dios, que hijo de puta, me había abierto el culo metiendo toda su verga en mí, de una sola estocada. Notaba sus pelotas pegadas a la entrada de mi ano, y sus bellos púbicos y pelvis pegadas a mi culo, mientras el milico movía sus piernas a la vez que tiraba de mis caderas hacia él, enterrándome aún más su polla en mí. Impulsaba su pelvis queriendo ensartarme aún más, pero aquello era imposible, sus pelotas ya las tenía pegadas a la entrada de mi culito, y ya no quedaba más que meter.

Yo aferrado al pecho del estibador y siendo sujetado por sus brazos, me erguía poniéndome de puntillas, con cada arremetida que me daba el milico.

Poco a poco fue sacando y metiendo toda su verga, empezando a sodomizarme, mientras no paraba de jadear y gemir, ¡ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto!

Yo ya algo más relajado, empezaba a disfrutar de aquella cogida, abrazado a la cintura del estibador, sentía la polla del milico deslizarse por mis entrañas, viendo la verga de aquel cachalote que me sujetaba con sus manos, y a nuestra derecha, viendo y escuchando como sodomizaban al jovencito de los estibadores.

Dios, aquello me calentaba y excitaba cada vez más, la polla estaba que me reventaba y la boca me babeaba viendo la verga que se erguía delante de mi cara, y que pronto sabía que la tendría dentro de mi culo, sodomizándome al igual que lo estaba haciendo en esos momentos el milico. No pudiendo resistirme, acerqué mi boca a aquel manjar que se mostraba delante de mi cara, y abriendo la boca, Empecé a chupar aquel nabo como si la vida se me fuera en ello.

¡Ohhh putito! Exclamaba el estibador pasando sus manos por mi pelo a la vez que me acariciaba la cabeza y empujaba para que tragara más su cipote. Sabía que te gustaba, pero no sabía que eras tan puto, ¿estabas necesitado de pija, eh mi lindo putito? Decía el estibador mientras me acariciaba el pelo y empujaba mi cabeza para que tragara más, mientras el milico me daba por el culo.

Yo ya estaba en las nubes, en esos momentos nada me importaba, ni estar prácticamente a la intemperie desnudo por completo siendo sodomizado y siendo exhibido a los demás o a los que pudieran pasar por allí, solo sabía que estaba gozando como hacía tiempo que no gozaba. Tenía una polla taladrándome el culo, y otra en mi boca esperando a sodomizarme.

Noté como el milico arremetía con más fuerza, clavaba sus dedos en mis caderas, y empezaba a jadear a la vez que gritaba, ya, ya me vengo, ya me vengo, empezando a derramar su leche dentro de mi culo.

¡Ohhh que gusto! ¡ohhh que gusto! ¡ooohhh que gusto! Gritaba preñándome con su leche.

Después de soltar todo su esperma dejando su semilla dentro mía, y una vez recuperó el aliento, sacando su verga de mi culo, me dejó en manos de aquel cachalote de estibador, para que fuera ahora cogido por él.

Y eso fue lo que hizo, sin darme tiempo ni a reponerme de aquella cogida que me había dado el milico. Me dio la vuelta poniéndome de espaldas a él, y llevándome sujetado por la cintura, se arrimó a la pared de aquella nave donde apoyó su espalda, me hizo inclinar a la vez que me abría de piernas, y levantándome un poco por la cintura, me ensartó en su cipote.

¡Ohhh ooohhh ohhh! Gemí al sentir como me ensartaba en su pija, manteniéndome casi en sus brazos.

Dios, aquello me había hecho estremecer de gusto, hasta mi polla había soltado varias gotas de semen, al notar como me ensartaba en aquella verga quedando empalado, mientras me sujetaba con sus brazos quedando prácticamente en el aire.

La pija que ahora me tenía ensartado, era algo más gruesa que la del milico, de largo por ahí andaría, 16 o 17 centímetros, pero sí era algo más gorda. Además, aquel estibador, al ser más alto y de una complexión de al menos el doble que la mía, la follada que me estaba empezando a dar, era descomunal, prácticamente me mantenía en sus brazos. Apenas la puntilla de mis pies rozaban el suelo, por lo que estaba totalmente empalado en la verga de aquel estibador, gimoteando sin poder parar, viendo como ahora todos miraban como me estaba dando por el culo su compañero.

Al jovencito ahora lo estaba empezando a follar su compañero, y otro de los que hasta ahora había estado de espectador, lo pajeaba teniendo su polla de fuera mientras el otro le daba por el culo. Pero todos incluso los 2 milicos y el otro estibador se pusieron a ver como yo gimoteaba mientras su compañero me cogía manteniéndome prácticamente en sus brazos.

Dios que cara de lujuria y sonrisa esbozaban viendo como su compañero me sodomizaba. Vi como sus ojos brillaban y no quitaban la vista de mí, viendo como aquel españolito gimoteaba sin parar mientras lo follaban.

No tardó ni 10 segundos en acercarse el estibador que faltaba, y sin dejar de mirar como me daban por el culo, sacaba su polla y empezaba a pellizcar y retorcerme con su mano mis pobres pezones que estaban que explotaban de duros eh hinchados que los tenía, a causa de la tremenda excitación que tenía. Con una mano pellizcaba y retorcía mis pezones, mientras con la otra se acariciaba su larga polla.

Te gusta ¿eh putito? Te gusta que te garchemos ¿eh? Decía el estibador que me daba por el culo. Tienes una colita muy linda, el orto te arde de caliente que lo tienes, es muy pero que muy suavecito, y que bien traga la pija, decía el estibador que me estaba dando por el culo manteniéndome prácticamente entre sus brazos y a la vez mordisqueándome las orejas y cuello.

Yo ya no podía más, prácticamente estaba al borde del clímax, mi polla no paraba de gotear semen, los ojos abiertos como platos, y la boca abierta soltando gimoteos sin parar.

Aquella era una de las folladas más ricas y espectaculares que hasta esa fecha me habían dado. Aún ahora recordándolo, mi polla se pone dura y no deja de babear soltando gotas de semen, pringándome toda la verga.

De repente el estibador que me estaba sodomizando, empezó a gruñir subiendo y bajándome mucho más rápido y violento, empezando yo a notar como su verga se hinchaba y empezaba a palpitar soltando varios trallazos de leche dentro de mi culito, dejándome preñado por segunda vez en la noche.

¡Ohhh! ¡ohhh! ¡ooohhh! Gruñía el estibador corriéndose dentro de mi culito.

Cuando por fin pude poner los pies en el suelo, las piernas me temblaban de tal manera, que gracias al estibador que me terminaba de sodomizar, que me mantuvo abrazado a él, que si no me hubiera desparramado sobre el suelo de aquel andén.

¡Ohhh que gusto españolito! ¡ohhh que garchada más rica! ¡ufff como me ha gustado tu colita! Me decía sin dejar de morderme las orejas y cuello, manteniéndome abrazado a él.

Yo que estaba sudando por todos mis poros, me encontraba agotadísimo, las piernas no paraban de temblarme, y el culo me ardía, notándolo abierto y dolorido. Notaba como iba escurriendo el semen resbalando por mis piernas. Todavía no me había corrido, tenía mi polla tan pero que tan pringosa, que brillaba y todavía se mantenía tiesa y bien dura la muy cabrona, se veía como rezumaba gotas de semen, goteando de vez en cuando.

El estibador que acariciaba su verga a la vez que pellizcaba mis pezones, viendo lo enrojecida, pringosa y dura que tenía mi polla, llevó su mano a ella, haciéndome soltar un fuerte gemido al notar su mano agarrar en esos momentos mi sensible, enrojecida e hinchada polla.

Mira como tiene la pija, decía el estibador, agarrando mi hinchada y enrojecida polla. Si que es bien puto, a este le gusta que le den pija por el orto.

Sin esperar a que me recuperara de la tremenda follada que acababa de recibir, agarrándome por mi polla y genitales, me separó del estibador que terminaba de darme por el culo, me hizo girar quedando mi caliente y dolorido culo a su disposición.

Pues si te gusta la pija, pija te daremos, pedazo de trolo, decía el estibador disponiéndose a darme por el culo por tercera vez esa madrugada.

Me hizo inclinar apoyándome sobre el estibador que terminaba de sodomizarme, y mientras este me sujetaba por los hombros, el estibador que me iba a dar por el culo, me hizo abrir de piernas, dejándole mi caliente y dolorido agujerito, listo y totalmente expuesto para volver a ser sodomizado.

Este cabrón sin tener ninguna delicadeza por su parte, pegó su cipote en la entrada a mi agujerito, y sin contemplación alguna, dio una envestida, ensartándome de una vez todo su mástil.

¡Ohhh ooohhh! Gemí a la vez que daba un respingo al sentir como volvía a ser empalado por una verga.

Me había ensartado la polla hasta la mismísima base. Notaba unas enormes pelotas pegadas a mi culo, y como este se había abierto dejando pasar aquel mástil que me habían ensartado.

¡Uhhh que rico! Gritaba el estibador que me estaba sodomizando, ¡uuuhhh que colita más caliente!

¡Oh, Dios! La verga aquella parecía llegarme al estómago, tenía el culo tan abierto y resbaladizo, que la verga había entrado hasta lo más profundo de mis entrañas, y lo había hecho con suma facilidad.

Me tenía bien abierto de piernas, medio agachado sujetado por el cachalote de estibador que había terminado de cogerme, yo prácticamente de puntillas, abrazándome a la cintura del estibador que me sujetaba como si fuera una yegua dispuesta para la monta del macho.

Así era como me tenían, como si fuera una yegua, preparada y dispuesta para la copula y ser cubierto por el macho.

Notaba como entraba y salía la polla del estibador, golpeando sus enormes y gordas pelotas mi abierto agujerito, y su pelvis chocar una y otra vez contra mi culo, escuchándose el plof plof plof plof, junto a mis cada vez más fuertes gimoteos, ¡ohhh! ¡ooohhh! ¡ooohhh!

Yo estaba que deliraba, era como si estuviera en trance, cada vez que la polla del estibador golpeaba mi próstata, una corriente de placer recorría todo mi cuerpo. La polla no paraba de gotear y sabía que estaba a punto de desmallarme de tanto placer que estaba sintiendo.

Pero lo que pasó, fue que mi polla explotó como si fuera un geiser en erupción. Empecé a correrme, gritando que me corría, mientras mi polla no paraba de escupir semen.

¡Ohhh me corro! ¡ohhh me corro! ¡ooohhh me corro! Gritaba derramando toda mi leche, mientras el estibador seguía montando a su caliente yegua.

Las piernas si antes me temblaban, ahora eran como si tuvieran vida propia, no podían parar. Menos mal que el estibador que me estaba dando por el culo, estaba llegando al clímax, y no tardó nada en empezar a jadear y gritar que se corría.

¡Ohhh ooohhh! Me corro, me corro me corro, gritaba dándome las últimas estocadas bien fuertes y profundas.

Noté como su picha palpitaba empezando a eyacular, e iba soltando todo su cargamento de leche dentro de mi caliente y dolorido culito.

Cuando terminó de eyacular y pudo recuperar el resuello, dándome unas palmaditas en el culo, sacó su polla de mi abierto y dolorido culito, pudiendo yo ayudado por el estibador que me sujetaba como si fuera una yegua, preparada para la cópula, erguirme.

Dios, si seguían cogiéndome aquellos hombres, iban a acabar conmigo. Pero no, al parecer los otros estibadores ya habían cogido al más jovencito de los estibadores, y todos estábamos agotados y rendidos.

Justo en ese momento que habíamos terminado, antes de que pudiéramos vestirnos, pasaba justo por delante del andén, un grupo de 3 coreanos que iban para su buque mercante, y que, por supuesto que pudieron vernos a la perfección, viendo como yo estaba completamente desnudo, y los estibadores con sus vergas de fuera. Claramente se dieron de cuenta de lo que allí estábamos haciendo, y que no era otra cosa que estar cogiendo. Además de que pudieron ver como todavía estaban terminando de dar por el culo, el último de los estibadores al jovencito, al que tenía ensartado en su polla.

Se pararon unos segundos, viendo como follaban al jovencito y como habían terminado de follarme a mí, siguiendo luego la marcha que llevaban, eso sí, sonriéndose y sin dejar de mirar para nosotros.

Menos mal que no llegaron antes, si no, menudo espectáculo que les habríamos brindado. Y aún así, no las tenía todas conmigo, de que desde alguno de los buques que había amarrado o fondeado, pudieran habernos visto, ya que la claridad ya hacía un buen rato que empezaba a reinar.

Ayudado por uno de los estibadores, empecé a vestirme, para luego irme con ellos a tomar un café, al que me invitaron, mientras esperaba que amarrase mi buque, y pudiera ir a cambiarme de ropa, darme una buena ducha, ya que olía a semen y sexo que tiraba para tras, dormir un poco, y luego seguir la fiesta. Además, que ahora ya sabía donde buscar para ser cogido, y poder recibir una buena garchada.