Un poco de sexo en la piscina no hace mal

La noche caía, mientras Sergi preparaba los canapés para los invitados. En total, hoy eramos 4; una pareja amiga nuestra, y nosotros dos. Tampoco queríamos meter a mucha gente en casa.

-Cariño, ¿tardaran mucho en llegar? – Preguntó Sergi, excitado.

-No creo… Quizás unos minutos. Hace ya rato que les avisé.

Pude ver como su polla empezaba a crecer en los pantalones. Estaba hiper excitado.

-Parece que vas a por todas, campeón – Le dije, con una sonrisa.

-Ya sabes, que, cuando me pongo…

En ese momento, el timbre sonó, dejando a medias a mi marido. Esperaba que fuese lo único que dejaba a medias.

-Hola, chicos. Pasad.

Lara y Juan, eran tan o más liberales que nosotros. Nos conocimos en un club de intercambio, hacía ya un par de años. Nuestra amistad, estaba completamente afianzada.

-Hola, pareja – Sergi les saludó afectuosamente, mientras yo iba a colocar los cubiertos en la mesa, que era lo único que faltaba.

Al sentarnos, la camaradería entre los cuatro, comenzaba a ser palpable. Y, con el vino, comenzamos a soltarnos un poco más.

-Pues no veáis como es Aurora en la cama – dijo Sergi, ya un poco perjudicado – Un auténtico portento.

-Vaya, que interesante… – Lara me miró de reojo – ¿Y tú, Sergi? ¿Eres igual?

-Bueno… Me defiendo.

-Lo es – Dije- Es un auténtico animal.

Me miró divertido, mientras esbozaba una sonrisa.

-¿Hace una noche estupenda hoy… ¿Qué os parece si vamos a la piscina? – Propuse.

-No trajimos ropa de baño – Se excusó Lara.

-No os preocupéis por eso.

Al decir esa frase, me levanté, y me dirijí a la piscina, esperando que el resto de la comitiva me siguiese. No me equivoqué.

Cuando hubimos salido, me giré, y, mirandoles de reojo, comencé a desvestirme, lentamente. Hasta que dejé mi cuerpo a merced de los seis ojos que me observaban. La luz de la luna, nos arrullaba con su luz.

-Guau, nena. Tienes un cuerpo espectacular – Dijo Lara.

-¿Tú crees? – Pregunté con un mohín.

-Ya te digo.

Se acercó, y, sin cortarse un pelo, comenzó a tocarme los pechos turgentes. Los pezones se endurecieron con el tacto de sus dedos. Miré de reojo a los dos hombres, que no nos quitaban la vista de encima. Finalmente, cerré los ojos, y me dejé hacer.

-¿Puedo? – Escuché que preguntaba Juan. Supuse que a mi marido.

Cuándo sentí la respiración de él sobre la nuca, su mujer me recorría los muslos con los dedos. Sentí que las piernas me flojeaban. Abrí los ojos, y, pude ver que Juán y Lara, se apartaban de mí, y, besándose, comenzaron a desnudarse.

Me uní a Sergi, y les observamos en silencio; Lara agarró la dura polla de Juan, y se la llevó a la boca sin más preámbulos. Mi coño, comenzó a palpitar. Miré de reojo a mi marido. Se había bajado el bañador, y se frotaba la polla con una mano.

-Déjame a mí – Le dije.

Me agaché, y comencé a masturbarlo lentamente, mientras no quitábamos ojo a nuestros amigos. Lara continuaba chupándole la boca a Juán, mientras mis manos recorrían la gruesa polla de mi marido.

-No puedo más- Escuché – Fóllame.

Lara nos miró, como pidiendo permiso. Al ver nuestros asentimientos, colocó a su marido en el suelo, agarró su polla, y comenzó a cabalgarlo lentamente.

-Joder. Me encanta.

No pude evitar llevar mi boca a la polla de Sergi a la boca. El no quitaba ojo a lo que hacía nuestros amigos. Y eso, me excitó en exceso.

-Dios, cariño. Que pedazo de polla tienes – Gimió Lara.

-Para, cariño – Suplicó Sergi – No quiero correrme aún.

Me detuve. Pero lo que ví, no me lo esperaba en absoluto. Mi marido, se dirigió a Lara, y, le introdujo la polla en la boca. Mis ojos se abrieron como platos.

-Sé que te gusta, cariño.

Y tenía razón. Me coloqué a su lado, y comencé a masturbarme como una perra en celo, al ver como mi amiga, se follaba a su marido, y comía la polla al mío.

-Seguid. No paréis.

Los gemidos de Lara, continuaban inundando el jardín, mientras, mi mano, no dejaba de acariciar mi mojado clítoris. Iba a correrme.

-Dadme vuestra leche. Que parece que a Aurora no le disgusta.

Y no, en absoluto. Mi mano comenzó a moverse más rapido en mi coño depilado, mientras veía como follaban delante de mí, sin ningún pudor.

-Bañadme con vuestra leche – Dijo Lara.

Los hombres la colocaron de rodillas, y, cada uno a un lado, bañaron la cara de mi amiga, llenándola de semen; mis dedos, viajaron más hondo de mi coño, y, con un espasmo, me corrí, llenando la noche con mis jadeos.

Minutos más tarde, nos vestimos, y, ya en la puerta, nos despedimos hasta la próxima vez… Que seguro que habría.