Una fiesta que termina con un trío y una infidelidad

Todo en una noche

Buenas a todos/as, antes que nada me presentaré. Me llamo Sandra, tengo 28 años y soy originaria de España. Soy más bien tirando a bajita (1,67), delgada con unos pechos pequeños pero firmes y un culo bien parado. Tengo el pelo castaño y soy más bien blanquita de piel. La historia que les voy a relatar ocurrió allá por el 2017.

Debido a mi trabajo viajo mucho y no puedo quedarme todo lo que me gustaría en España, pues soy pianista profesional y aquí eso tiene poca salida. A principios de dicho año me vi obligada a mudarme un año a Estados Unidos, aunque vuelvo cada vez que el trabajo (y el dinero) me lo permite. Por suerte, tengo un buen amigo que es piloto y me consigue billetes a muy buen precio: Alan. Alan es un chico alto, con barbita de tres días y media melena, muy guapo. Como nunca sé cuánto tiempo voy a permanecer en un sitio prefiero no echarme novio, aunque igualmente no soy una persona que se enamore fácilmente. A lo largo de mi vida he tenido dos novios: John, el mejor amigo de Alan y mi novio desde el instituto, al que dejé por sus constantes celos, y Chris, del que me separé por no estar realmente enamorada de él. Desde hace años arrastro un cuelgue muy fuerte con Alan, relación que consumaría gustosa si no fuera por que es el novio de mi mejor amiga, que también se llama Sandra (Sandy a partir de ahora). Sandy es una chica rubia, mas o menos igual de alta que yo, pero con unas tetas enormes. Ella tiene un poco de complejo con ellas, pues la hacen parecer un poco gordita, pero nada más lejos de la realidad pues tiene una figura envidiable sin nada de barriga y unas curvas de escándalo.

Los hechos de este relato ocurrieron durante uno de mis viajes de vuelta a casa. Normalmente, cuando viajo con Alan voy siempre en la cabina de transportín, charlando amigablemente (además, así conozco a otros pilotos guapos con los que acostarme, pues pese a no tener novio tengo una vida sexual bastante activa), pero en esta ocasión Alan estaba un poco mustio. Me contó que había descubierto que Sandy le era infiel con algunos profesores y alumnos del trabajo (es profesora en la universidad) y que su vida sexual se veía seriamente afectada, pues ya no le prestaba tanta atención como él necesitaba.

– ¿Pero cómo sabes que eso es verdad? ¿No serán imaginaciones tuyas? – le pregunté. Obviamente, me hacía la loca: Sandy y yo mantenemos el contacto siempre pese a la distancia y ya me había contado algunas cosas.

– Verás, Sandra, el otro día se canceló el último vuelo que debía atender debido al mal tiempo, por lo que me dispuse a darle una sorpresa a Sandy a la uni. No la encontraba por ninguna parte, así que la busqué en su aula habitual pese a que sabía que a ésa hora no tenía clase. Para mi sorpresa, la encontré apoyada contra su mesa, con la falda remangada hasta la cintura, las bragas en los tobillos y un chico joven, de unos 23 años, le metía la polla con fuerza desde atrás.

– ¡Que me dices! Que fuerte…

– Me quedé a cuadros. Mi primer impulso fue entrar y mandarla a la mierda, pero me quedé desde detrás del cristal viendo su cara… tenía una mueca de gozo infinito, con la boca muy abierta y pasándose la lengua por los labios frecuentemente. Parecía totalmente ida, ni se preocupaba de que alguien pudiera descubrirla desde la puerta, simplemente abandonada totalmente al goce que sentía con el miembro de aquel chaval.

– Pero… – yo a éstas alturas estaba ya bastante cachonda. Imaginarme a mi amiga Sandy así, abandonada al placer… Sandy y yo habíamos tenido algún incidente entre nosotras, ya os contaré en futuros relatos.

– Al final me quedé viendo hasta el final, en una mezcla entre cachondo y furioso. Después de un rato taladrando a mi novia, el joven sacó la polla de ella bruscamente, la puso entre sus nalgas y se masturbó unos segundos hasta que se corrió entre ellas. Sandy se limitó a limpiarle la polla con su boca mientras se masturbaba con su lefa, se guardó las bragas en el bolso guiñándole un ojo, se besaron y se marcharon cada uno por su lado.

– Joder… ¿Pero os va mal en casa o algo?

– No… la verdad es que en parte tengo yo la culpa. Últimamente he estado haciendo más horas de vuelo de lo habitual, ya sabes la temporada alta… y casi no estoy por casa. Al principio estuvo bastante antipática conmigo, pero de repente un día era todos besos y caricias. Supongo que ahí fue cuando empezó todo.

– ¿Y tú crees que te dejará por ése chico?

– No creo ni que haya vuelto a verle… después de eso me quedé más atento y la he pillado un par de veces más, incluso una de ellas con Unai, el grandote vasco ése que enseña fundamentos de la lengua inglesa en nuestra cama. – Alan me contó los encuentros de Sandy con pelos y señales, algunos me los había contado, otros no y otros que ella me había contado él no los sabía. Los dejo para algún relato futuro.

– ¿Y qué vas a hacer? – le pregunté

– No lo sé tía… por un lado sé que es culpa mía, por no estar con ella lo que debiera, y por otro lado yo aún la quiero, y sé que ella a mí también y que los otros no significan nada.

– ¿Y nunca has pensado en vengarte de ella, en hacer tú lo mismo? – se me escapó el comentario. En seguida me puse roja de la vergüenza y creo que el lo notó.

– La verdad es que voy todo el día más salido que la punta de un lápiz… pero creo que no me sentiría bien. Estamos muy unidos, y ella simplemente lo hace por necesidad… yo lo haría por maldad. No me parece justo.

Por la vergüenza de mi comentario, cambié de tema y ya seguimos charlando de banalidades hasta que el avión llegó a destino. Ésa noche habíamos quedado todos en el bar de siempre, pues Sandy quería darme una fiesta de bienvenida a mi y a unas profesoras francesas que estaban de vacaciones en su casa, amigas de cuando estuvieron de Erasmus. Alan todavía tenía que hacer un vuelo más antes de terminar, así que nos despedimos hasta la noche. Y vaya noche fue…

Nada más llegar a casa de mi hermana saludé a la familia, comimos y charlamos durante unas pocas horas en las que no paraba de mirar el móvil, ansiosa por hablar con Sandy. Finalmente, mi hermana (que por este entonces estaba en su octavo mes de embarazo) se fue a dormir la siesta junto a su novio y yo pude irme a la habitación a hablar con Sandy por el Whatsapp. Nos pusimos al día con nuestras cosas y nos contamos nuestras últimas batallitas sexuales. Acabé tan cachonda que terminé metiéndome los dedos en mi chochito, pero me quedé a medias por que mi hermana me avisó que ésa noche saldrían a cenar fuera, y que si volvía tarde intentara no hacer ruido. Finalmente me duché, me maquillé y me puse un vestido de tubo que me llegaba por encima de las rodillas de color negro, y como presumiblemente haría frío una chaqueta de cuero por encima y unos tacones a juego. Le mandé un mensaje a Sandy para avisarle que ya iba saliendo y ella me dijo que las francesas habían insistido en ir a una chupitería antes de ir a nuestro bar de siempre (el “Mr. Doctor”) y que nos veríamos allí.

Cuando llegué me llevé una desilusión tremenda. El sitio estaba abarrotado, olía mucho a porros (y no de los buenos precisamente) y ponían una horrible mezcla de reguetón y música rancia española. Divisé la barra y vi a Sandy aburrida junto a las francesas, que hablaban animadamente con dos chicos.

Sólo las había visto en fotos, pero la verdad es que en persona eran mucho más atractivas, haciendo justicia a la fama que tienen las mujeres de ése país. Ariel, 29 años, morena de cabello y piel, con unos tremendos ojazos verdes tenía una figura casi tan escultural como la de Sandy, con unos pechos generosos y un culo redondo y bien parado. Por su parte Audrey con sus 31 años era más bien chiquitita, muy delgadita, rubia con flequillo y los pechos pequeñitos, pero con unas medidas totalmente de modelo y unos preciosos ojos azules.

Saludé efusivamente a Sandy, que por la forma de saludar supuse que ya habría bebido bastante, y luego ella me presentó a sus amigas. Ariel hablaba español perfectamente y casi sin acento, pero Audrey sólo entendía palabras sueltas. Sandy me dijo que Alan ya había aterrizado y venía de camino junto a John (aunque no tenía ningunas ganas de ver a mi ex) y luego me presentaron a los chicos con los que hablaban.

– Este es Marcos – un chico alto, moreno, muy guapo. Estaba estudiando su último año de pediatría, y era un gran aficionado a los triatlones, por lo que tenía un cuerpo muy atlético – y este Adri – más bien bajito, rubio, muy musculado. Era monitor de gimnasio.

Charlamos lo que la música nos permitía. Aunque los chicos tenían una pinta un poco de idiotas, eran muy majos y graciosos e hicimos buenas migas entre todos. Al cabo de un rato, Sandy y yo salimos a fumar y los demás nos siguieron, por lo que insistimos ya en ir a nuestro bar de siempre y encontrarnos allí con Alan y John.

Ya en nuestro bar de siempre nos encontramos mucho más relajadas y cómodas. Sonaba una música que era un poco mezcla de los 80 y actual, y aunque solía tener actuaciones en vivo, ésa noche no había ningún grupo en el escenario. Insistí en pagar la primera ronda, seis cubatas bien cargados, y para cuando llegué John y Alan ya estaban en la mesa saludando y presentándose a todos. Me ofrecí a ir a la barra a por algo para ellos y Alan insistió en acompañarme.

– Bueno, ¿y que tal con ésas dos bellezas francesas compartiendo casa con vosotros? – le dije con picardía.

– Es un poco incómodo. A Ariel ya la conocía de hacía tiempo, pero Audrey es una completa desconocida, y encima hablamos poco por que no nos entendemos casi. – bajó un momento la mirada y continuó – encima no se cortan un pelo: van por la casa medio en pelotas, en tres días ya se han traído cada una a un ligue a la cama y… ya te contaré, pero yo creo que alguna vez se lo montan entre ellas. – me quedé a cuadros.

– ¿En serio? – dije medio entre risas – pues si que tienen vicio las chicas estas…

Volvimos a la mesa y charlamos animadamente. Las rondas se iban haciendo cada vez más frecuentes y ya estábamos todos algo achispados. Sandy especialmente estaba muy turbada, y Adri (que casi no bebía, y después del primer cubata se pasó rápidamente a la cerveza) no paraba de mirarme y de tirarme los trastos. Sonó una canción muy pegadiza que nos encanta y nos pusimos todos a bailar. Primero, Alan bailaba con Sandy muy pegados y comiéndose a besos, John con Audrey, Marcos con Ariel y Adri conmigo. Aprovechaba cualquier ocasión para meterme mano, agarrando con fuerza mi cintura y restregándose contra mis pechos. Al ver que yo no le ponía barreras, empezó a amasar mi culo, primero disimuladamente y luego ya con descaro. Poco a poco fue levantando mi falda, jugando con mi tanga e intentando meter su dedo entre mis nalgas. Afortunadamente nadie se daba cuenta de lo que pasaba, pues el bar estaba a tope, pero nos interrumpió John para despedirse, pues aunque no quería, debía irse, así que Audrey se quedó sin pareja.

– Pobre Audrey… – dijo Sandy – encima que no conoce a nadie, con quién más estaba congeniando va y se marcha. ¿Por qué no bailas un rato con ella? – le ofreció a Alan.

Alan se mostró reticente al principio, pero desinhibido por el alcohol comenzó a bailar con ella mientras mi amiga aprovechaba para descansar en la mesa y de paso, pedirse otra ronda. En condiciones normales me habría acercado a ella para que no se excediera demasiado con el alcohol, pero recordar lo que Alan me dijo (que llevaba días muy cachondo) y ver lo cariñoso y juguetón que estaba con Audrey me puso de mal humor. Con el calentón ya totalmente frustrado, le dije a Adri que iba a la barra a por una copa para mí y otra para mi amiga y ya me quedé sentada a su lado. Sandy empezó a hablar conmigo y a contarme, medio borracha, el escarceo que había tenido con el profesor vasco de la universidad. En algún momento debió verme de mal humor, porque le pidió a Alan que me sacara a bailar a ver si me animaba. Aunque estaba algo molesta, finalmente acepté. Cuando nos dirigíamos a la pista, nos fijamos en que en un rincón, Marcos y Ariel se estaban dando un morreo espectacular, ella contra la pared y él encajado entre sus piernas, mientras ella acariciaba con una mano su espalda y con la otra su pecho, y él la agarraba de la cintura y metía una mano por debajo de su falda.

– Vaya fiesta se tienen montada éstos…

– Bueno, pues como tú con Audrey más o menos… – el me miró extrañado, sin entender el por qué de mi mal humor.

– ¿y a ti que bicho te ha picado?

– Sólo digo que para ir “todo el día cachondo” y estar en tu casa tan incómodo con ella se te ve que lo pasas de miedo con la francesita… – me miró unos instantes y luego me sonrió.

– ¿Te piensas que quiero vengarme de lo de Sandy con ella, no? – antes de que pudiera contestar, siguió – tranquila, no es esa mi intención. Además, si quisiera vengarme de ella elegiría a alguien que me gustase más… – y me guiñó un ojo.

Debió notar que me ruboricé hasta la punta de los pies por que no dijo nada más, simplemente siguió bailando conmigo de una forma más cercana y coqueta. Bailábamos muy pegados y yo podía notar una creciente erección en sus pantalones, lo que hizo que se me acelerara el pulso y me pusiera a sudar. Al cabo de un par de bailes, nos percatamos que Sandy estaba ya un poco tocada, y decidimos irnos cada uno a casa. Pero nada más salir del bar, Alan algo turbado por el alcohol, propuso que siguiéramos la fiesta en su casa. Marcos y Ariel ya tenían pensado ir allí a “terminar su fiesta”, Adrián llevaba rato probando con Audrey y vio el cielo abierto, y aunque en condiciones normales me habría controlado, el baile con Alan me había puesto muy cachonda y quería ver hasta dónde pretendía llegar, por lo que acepté.

Nada más llegar a su casa, Marcos sirvió una ronda en el salón mientras ponía algo de música. Ariel y Marcos no salieron en ningún momento de la cocina, donde seguían besándose ahora con soberana lujuria, sólo paraban para tomar tragos de su copa mientras el otro le lamía el cuello. Nos sentamos en el salón, Sandy en una esquina del sofá, luego Alan por un lado, yo en medio y Adri en el otro, y justo frente a él Audrey. Hablamos durante largo rato mientras nos tomábamos la primera, pero Sandy ni se la acabó que se marchó a su cuarto muy borracha a dormir. Audrey tenía los pies sobre Adri y este la acariciaba mientras subía cada vez más las manos hacia su entrepierna.

Alan volvió con otra ronda para todos, y tras servirla se sentó a mi lado, muy pegado. Pasó su brazo por detrás de mi cuello y me besó en la frente. Luego, con una sonrisa, me dijo:

– Bueno Sandrita, cuéntame, ¿te has ligado ya a algún americano guapete?

– Bueno… – le dije, juguetona – alguno he probado sí… una tiene sus necesidades y no siempre puede quitarse las ganas con lo que de verdad quiere – y mientras decía eso, le besé fugazmente en el brazo.

– ¿Ah si? Una pena… ¿Y que es lo que de verdad quieres? – me dijo, acercando su cara aún más a la mía.

– ¿Entonces no quieres vengarte? – le dije sonriendo mientras con un dedo acariciaba sus labios.

Yo aquí ya sólo tenía ojos para él y no me enteraba de lo que pasaba a mí alrededor, pero hemos hablado mucho desde entonces de aquella noche y esto fue lo que pasó. Audrey y Adri no se estaban enterando de lo que pasaba entre nosotros: él había seguido subiendo su mano por sus piernas y ella se acercaba más y más con cara divertida, hasta que llegó a su monte de venus y empezó a jugar con sus escasos pelillos. Ella se pegó totalmente a él acercando la silla, quedando sentada enfrente y abriendo mucho sus piernas mientras guiñaba un ojo. Adri vio el camino abierto y la besó en la boca mientras sus dedos se apoderaban de su pequeño chochito, jugando con su clítoris con el dedo corazón y metiéndole de vez en cuando dos dedos. Con la lengua de él en su boca, Audrey empezó a emitir pequeños gemiditos de placer y le separó un momento la cara, para acto seguido sacarse su vestido blanco por la cabeza y ofrecerle sus pequeños y deliciosos pechos, que el devoró con pasión.

Mientras tanto en la cocina Marcos y Ariel seguían besándose totalmente cachondos, ella le había bajado el cierre del pantalón y masturbaba su polla, fina aunque bastante larga. Él por su parte le agarraba con una mano la cintura y con la otra le amasaba el culo con pasión, separando sus nalgas y jugando con su agujerito. Cuanto más se acercaba a ésa zona, más aceleraba ella el ritmo de su paja, por lo que Marcos no se resistió más y le metió un dedo lentamente. Eso volvió loca de gusto a Ariel, que acercó su cintura a la de él y mientras le masturbaba jugaba con su polla entre los pliegues de su coño, masturbando su clítoris con la punta de su capullo. Ahora en lugar de besarse estaban con la cara muy pegada el uno del otro, con la boca abierta, jadeando de placer aspirando el aliento del otro. Cuando él se atrevió a meter un segundo dedo en su culo, ella soltó un gemido algo más agudo y empapó aún más su polla con sus jugos vaginales, señal inequívoca de que estaba a punto de correrse. Sintiendo eso, Marcos aceleró el ritmo con el que metía y sacaba sus dedos de su culo, jugando con su agujero haciendo círculos. Él también sintió que con el ritmo de la paja y el tacto de su coño en su polla no aguantaría mucho, así que metió su otra mano por debajo del vestido, agarró por debajo del sujetador uno de sus pechos y lo masajeó y le tironeó el pezón. Fue demasiado para Ariel, que entre sollozos ahogados en la boca de su efusivo amante, se corrió como una loca con dos dedos incrustados hasta el fondo de su culo. Sin embargo, no cesó en ningún momento el tratamiento que estaba haciendo a la polla de Marcos, sino que aumentó el ritmo, lo que provocó que el chico comenzara a soltar chorros de espesa leche directos contra su clítoris, que le empaparon aún más el coño y los muslos.

Agotados, se volvieron a besar apasionadamente durante unos minutos. Ella bajó su mano para sentir su leche, ya no tan caliente, y usarla para masturbarse. El se dio cuenta y la polla le fue creciendo hasta volver a su máximo tamaño, se la fue acercando para darse otra sesión pero ella le paró en seco:

– Ven conmigo – le dijo sonriendo pícaramente – quiero que me la metas.

Y salieron a toda prisa de la cocina en dirección a la habitación, ella con el vestido mal subido y las bragas chorreando de leche, él con la polla fuera. De camino a la habitación debían pasar por el salón, donde Audrey se dejaba hacer gustosa sentada en la silla. Adri ya no usaba sus dedos para jugar con su clítoris, sino su lengua. Lamía y penetraba con ella la vagina de la francesa a la vez que chupaba su botoncito como si fuera una pequeña polla, jalándolo hacia fuera con delicadeza y estimulándolo con la lengua. Tenía su polla en la mano y la preparaba para enterrársela en cuanto se corriera, momento que parecía que no iba a tardar mucho en llegar, pues ella cada vez más aceleraba su respiración. En ese momento pasaron Ariel y Marcos por el salón, y la visión del culo desnudo de su amiga, con las bragas rodadas y chorreando semen fue mucho para la pequeña Audrey, que se corrió abundantemente en la lengua de Adri, que bebió todo lo que le dio gustosamente. Aún sin recuperarse de su orgasmo y con las piernas temblando, Audrey se levantó y corrió detrás de Ariel y Marcos, dejando a Adri con su empalme en la mano al grito de:

– – traducido del francés.

Adri se quedó el pobre cachondo y sólo, y cuando volteó en el salón nos vio a mi y a Alan besándonos efusivamente, como dos amantes que llevaran largo tiempo separados, y metiéndonos mano por todas partes. El pobre pensó que tendría alguna oportunidad de unirse a la fiesta y se me acercó por detrás, besando mi cuello e intentando que sintiera su polla dura entre mis nalgas. Sin embargo, al cabo de un rato me subí encima de Alan para sacarme mi vestido y mostrarme ante él totalmente desnuda, por lo que entendió que esto era una fiesta privada.

Dispuesto a marcharse a casa con el calentón, Adri se encaminaba a la calle cuando pasó ante la habitación de Sandy. Mi amiga tiene la costumbre de dormir completamente desnuda haya quien haya en la casa, y se ve que con la borrachera se olvidó de cerrar la puerta. Pensando que, ya que se iba a tener que hacer una paja igualmente en su casa, aquí al menos tendría estímulo visual en vivo se sacó la polla y comenzó a masturbarse en la puerta, admirando las tetas y el coño rasurado de Sandy. Se ve que estaría soñando con alguno de sus amantes por que en algún momento lanzó un beso al aire y comenzó a acariciarse su monte de venus lentamente. Adri abrió los ojos como platos, pero al ver que ella seguía acariciándose lo interpretó como una invitación. Las ganas, el quedarse a medias, el alcohol y el morbo del momento hicieron el resto, y sin perder un momento se quitó los pantalones, la camisa, se metió en la cama sobre Sandy y se la clavó de un solo golpe. Sandy tiene un dormir muy profundo, y más cuando ha bebido, así que lo interpretó como un sueño o un escarceo con uno de sus amantes y comenzó a gemir de gusto. Adri la follaba rápida y rítmicamente por miedo a volver a quedarse a medias, algo que a Sandy le encanta, y comenzó a acariciar la nuca del macho que la embestía al tiempo que le metía una teta en la boca. Adri, fuerte y musculoso como es, agarró sus piernas y las puso encima de sus hombros sin dejar de taladrarla ni de mamarle las tetas, mientras le daba un ritmo más rápido. Aunque estuviera dormida Sandy disfrutaba como una loca, y su coño ya chapoteaba de lo mojada que estaba. Quince minutos después, entre bufidos de placer de él y gemidos locos de ella, Adri se corrió, derramando toda su leche lo más profundo que pudo en el chocho rasurado de mi amiga, que también empezó a correrse sintiendo sus entrañas totalmente llenas. Cuando hubo terminado de gemir, le sacó la polla, se vistió y se fue, aún sin saber si ella dormía o no.

Mientras tanto en el salón, la visión de mi cuerpo desnudo fue un detonante tremendo para Alan. Se quitó (casi se arrancó) la camiseta, me aprisionó fuerte contra su cuerpo para sentir mis pechos en su pecho y me volvió a besar como un loco. Yo simplemente le abrazaba y me dejaba hacer, mientras mis bragas se empapaban cada vez más y más. La hebilla de su cinturón me molestaba, así que me levanté y le quité los pantalones y los calzoncillos, quedando ambos totalmente desnudos. Nos observamos un momento para luego volver a comernos a besos mientras nos tumbábamos en el sofá. Quedó él encima de mí, podía sentir toda su erección en mi vientre, lo rodee con una pierna mientras apartaba la otra y lo entendió enseguida: alejó su cara de la mía unos centímetros, me miró a los ojos y me la fue metiendo poco a poco. Yo disfruté cada centímetro de su largo y grueso pene, y cuando estuvo totalmente dentro nos besamos como locos mientras comenzó a embestirme, primero lentamente y luego cada vez más rápido. No hablábamos, sólo nos mirábamos, besábamos y follábamos como si fuera la última cosa que fuéramos a hacer en la vida. Se agarraba de mi cadera para empujar más adentro mientras con la otra mano amasaba mis pechos, desde los cuales su boca iniciaba un recorrido pasando por mi cuello y terminando en mis labios, para luego volver a empezar. Yo levantaba y meneaba la cadera como una loca, como nunca había hecho, buscando que me la enterrara más profundo, más fuerte, y como no queriendo que saliera de mí nunca, le atenacé el culo con las dos piernas jadeando muy fuerte. No sé cuánto tiempo me tuvo así, debieron ser como 20 o 30 minutos en los que debí correrme tres veces, y a la cuarta acerqué mi boca a su oreja y hablé por primera vez:

– Mi amor me corro… me corro… aaahhh ahhh

Eso pareció volverle loco, pues aceleró muchísimo el ritmo de sus embestidas y justo cuando comencé a correrme, me la metió toda de un golpe con un gruñido y allí la dejó, mientras se corría abundantemente en mi interior lo que intensificó y alargó mi propio orgasmo. Nos quedamos unos minutos así tumbados, aún con su polla en mi interior, y luego nos miramos, nos sonreímos y volvimos a besarnos.

Al mismo tiempo, en la habitación de las francesas Ariel se desnudaba rápidamente y se tumbaba en la cama, solo para ver que por el leve paseo Marcos había perdido un poco la erección. Le hizo acercarse con una sonrisa, le desnudó del todo y comenzó a lamerle y a ponerle duro su miembro ayudándose de sus tetas. Cuando estuvo a punto, siguió mamándoselo un poco más y justo cuando iba a parar, Audrey entró en la habitación con cara de enfado.

Y sin mediar palabra, se lanzó a por su amiga, la empujó para que quedara acostada en la cama y comenzó a lamerle el coño. Ariel se vio sorprendida, pero sólo se dejó hacer por las atenciones que su amiga le estaba dando en su vagina. Marcos por su parte se asustó un poco al ver entrar a la pequeña francesita gritando algo que no entendió, pero en cuanto estuvo comiéndole el chocho a su amiga se le puso más dura de lo que en su vida la ha tenido. Con la lengua enterrada en la intimidad de su amiga, Audrey se quitó las bragas quedando completamente desnuda, y comenzó a masturbar su pequeño clítoris con sus deditos. Se acomodaron juntas en la cama y Ariel sonrió a Marcos, le indicó el coño de su pequeña amiga con la mirada y se pellizcó las tetas con gusto. El chico se colocó detrás de Audrey, que aún seguía lamiendo como loca y acomodó su polla en la entrada de su vagina, metiéndosela poco a poco.

Audrey tenía un coño más bien estrecho, y no esperaba encontrarse una polla tan larga como la de Marcos, que hizo que le temblaran las piernas cuando sólo llevaba algo más de la mitad. El chico tuvo que agarrarla de las caderas y levantarla para que no se cayera cuando se la hubo metido entera, y parece que eso fue lo que necesitó para dejar de mamar del clítoris de Ariel, y se puso a aullar de puro placer. Su amiga se acercó al borde de la cama, y sujetándola (aunque sin sacársela) Marcos la encajó acostada sobre Ariel, quién empezó a besarla con lengua a ver si así dejaba de gritar. Ésa escena fue más de lo que la paciencia de Marcos podía soportar y comenzó un mete saca frenético en el coño de la muchacha, mientras su monte de venus se rozaba con el de la morena y ambas se devoraban la boca. Apenas llevaba unos minutos en esa postura y a Audrey la invadió un sonoro orgasmo, que calentó aún más a Ariel, que comenzó a mamarle las tetas; y a Marcos que arremetió aún más fuerte y rápido que antes. Audrey se corrió como hacía mucho tiempo que no se corría.

Marcos sacó su polla del estrecho coñito de Audrey y entre ambos la acostaron en la cama y la dejaron descansar. El chico aún no había descargado su leche, y miró cómplice mente a Ariel, que le devolvió la mirada y abrió sus piernas para él. Tenía el coño encharcado de una mezcla de la leche que le echó Marcos en la cocina y que Audrey no había quitado por completo, la saliva de su amiga y sus propios jugos vaginales, por lo que la polla le entró de un golpe hasta el fondo. Se la metió una segunda vez casi desde el principio, Ariel no podía apartar la vista de semejante pollón, así que le dio un pico a Marcos y se quedó viendo como semejante monstruo desaparecía de su interior una y otra y otra vez, llenándola por completo de carne y gusto. Marcos por su parte se deleitaba con las tetas de Ariel, y de vez en cuando mirando al cuerpo desnudo de Audrey, que poco a poco se iba recuperando de su largo orgasmo.

Cuando estuvo completamente recuperada, le chupó una teta a Ariel y le dijo:

Ariel la besó en la boca y luego detuvo a Marcos. Colocó a Audrey en la cama tumbada y ella se puso encima pero al revés haciendo un delicioso 69. Su culo quedaba en pompa apuntando directamente a Marcos, quién no perdió oportunidad y se la folló a lo perrito. Audrey veía como el larguísimo pene entraba y salía del coño Ariel, y sus lametones se repartían entre el clítoris de ella y el falo y los huevos de él. Ante semejante espectáculo Marcos supo que no podría aguantar la descarga mucho más, y recordando lo que habían hecho en la cocina introdujo, lentamente, un dedo en el culo de Ariel. Loca de placer con una enorme polla en su interior, su clítoris estimulado justo como a ella le gustaba y con un dedo tocando su punto débil, Ariel movía la cadera y gritaba como loca, mientras su coño chorreaba flujos. Pocos minutos después sintió otro dedo más en el culo y eso fue demasiado para ella, que sin esperarlo se corrió entre aullidos de placer. Ver a la francesa correrse de ése modo fue la guinda del pastel para Marcos, quien no pudo más y estalló nuevamente en el interior de Ariel. Esta vez la corrida no fue tan abundante, pues era su segunda descarga, pero igualmente fue copiosa. Sacó la polla del encharcado coño, dejó que Audrey se la limpiara a lametones y luego observó cómo esta lamía toda la leche que salía de Ariel, para finalmente meterle la lengua para limpiarla bien a fondo, lo que hizo que se volviera a correr, aunque esta vez no tan intensamente. Marcos se vistió, le dio un beso en el culo a Ariel que dormía plácidamente con la cara en el coño de Audrey y se marchó.

En el salón, Alan y yo conversábamos:

– ¿Te sientes ahora mejor con respecto a que Sandy te sea infiel?

– La verdad es que si. O sea, no es que me acueste contigo por que quiera que se sienta mal, sino que ahora la balanza está equilibrada ¿sabes? Ella lo va a seguir haciendo y así por lo menos no pienso que ella me está haciendo daño.

– ¿Y tú y yo…? Quiero decir, ¿crees que vamos a volver a…? – pregunté nerviosa

– Siempre que tú quieras amor, siempre que tú quieras…

En ese momento volvimos a besarnos. Él metió su mano en mi entrepierna y jugó con los restos de su propia corrida y mi clítoris, y con su otra mano me abrazaba mientras me chupaba el cuello y la oreja. Yo busqué con mi mano su polla, que estaba dura de nuevo y la pajee durante unos minutos. Justo cuando estaba a punto de conseguir que me corriera, le paré la mano y le dije:

– Espera… quiero montarte

Me subí encima de él y apunté su polla a la entrada de mi cuevita. Su polla era un poco más corta que la de Marcos, pero mucho más gruesa y venosa, y yo también soy algo estrechita… por lo que me costó llegar hasta el final, pero lo hice inmensamente feliz: llevaba años colgada de Alan y por fin podía follar con él. Al principio le cabalgué suavemente, disfrutándole, haciendo que mi gruta se acostumbrara a tremendo miembro. Cuando ya estuve lo suficientemente mojada y dilatada, me di gusto a base de bien: saltaba sobre ella, me contoneaba, agitaba mi cadera… me volví completamente loca. Al contrario que la vez anterior, esta vez no paré ni un momento callada, le dije que era suya, que podía follarme cómo y cuándo quisiera, que quería que me hiciera el culo y chuparle toda la polla… esto cuando no estaba gritando de placer (creo que por eso no oímos lo que pasó en la otra habitación). Él me respondía diciendo que me iba a hacer suya, que me follaría hasta el final del universo, que su polla era toda para mí… Finalmente me corrí, me quedé rígida con su polla dentro, que no tardó también en llenarme otra vez todo el interior de leche caliente.

Nos estuvimos besando en ésa postura, sin sacar la polla hasta que nos quedamos dormidos. Por la mañana nos despertó el sonido de la cisterna: Sandy se había despertado y no recordaba nada del día anterior. Nos vestimos rápidamente, le dimos los buenos días y fuimos a preparar el desayuno, entre miraditas cómplices entre Alan y yo.

Ya casi ha pasado un año desde este encuentro. Tres días después tuve que volver a Estados Unidos a trabajar, no sin antes darme una buena despedida con Alan en su casa (y en los baños de la terminal). No hemos perdido el contacto, sino más bien al contrario: Sandy y yo somos más íntimas que nunca, y siempre me cuenta los encuentros sexuales que tiene, creyendo que Alan no sabe nada. Alan por su parte finalmente se animó a hacer lo mismo, después de que yo le insistiera para que se follara a Audrey antes de que se fueran de vuelta a Francia. Adri se hizo muy amigo del grupo, e incluso se volvió a follar a Sandy (esta vez conscientes ambos), Marcos intentó tener una relación amorosa con Ariel, que acabó cuando ella volvió a Francia, por lo que se ha alejado mucho de nosotros. Por mi parte, hoy es el día que más he estado esperando desde aquella noche mágica: escribo esto desde el avión, hoy vuelvo a España definitivamente. En unos días es mi cumple y Alan me tiene una sorpresa preparada… me pregunto que será.

Si les ha gustado este relato háganmelo saber en los comentarios y seguiré relatando las vivencias sexuales que hemos tenido tanto yo, como estos y otros personajes que irán apareciendo más adelante.